Gonzalo Bernardos opina sobre el conflicto entre EEUU y Venezuela
El petróleo de Venezuela: ¿Un chollo para EEUU o solo calderilla?
"Este último relato de Trump ha convencido a numerosos periodistas y políticos, pero no a mí"
El 3 de enero, el ejército estadounidense capturó al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.
La operación tenía como objetivo trasladarlo ante la justicia norteamericana, pues estaba acusado de una triple conspiración: narcoterrorismo, exportación de cocaína a Estados Unidos y utilización de armamento contra los intereses de la primera potencia mundial.
Unos días después, Donald Trump cambió su versión e indicó que el principal motivo de la detención era otro: la obtención de importantes beneficios económicos derivados de la apropiación de una parte sustancial del petróleo extraído en Venezuela.
Para conseguir dicho propósito, nombró como presidenta de la nación caribeña a Delcy Rodríguez, una dirigente chavista que aceptó convertirse en un títere del país norteamericano.
Este último relato de Trump ha convencido a numerosos periodistas y políticos, pero no a mí.
Puede que haya exagerado los ingresos derivados de la venta de petróleo y subestimado los costes de extracción, transporte y refino, o bien que haya tratado de ocultar el verdadero objetivo de la intervención en Venezuela. De ambas hipótesis, la segunda me parece la más plausible.
Las principales causas de mi desconfianza son las siguientes:
1) El petróleo fue la materia prima esencial del siglo XX, pero no lo será en el XXI. En la última centuria, el petróleo fue conocido internacionalmente como el oro negro debido a su gran influencia sobre la coyuntura de la economía mundial y a su capacidad para transformar países pobres en naciones ricas. Una repercusión que no tuvo ninguna otra materia prima y que incluso superó a la lograda por el carbón durante el siglo XIX.
En el pasado, un aumento sustancial del precio del crudo reducía en una elevada medida el crecimiento del PIB mundial, ya que perjudicaba en mayor medida a los países importadores de lo que beneficiaba a los exportadores. Entre los primeros estaban las naciones europeas, EEUU y Japón; entre los segundos principalmente los estados de Oriente Medio. En cambio, una caída considerable conseguía el efecto contrario.
Entre 1973 y 74, el precio del barril de crudo aumentó desde 3,5 a 11 $ y generó una crisis por el lado de la oferta que afectó negativamente a la economía global, pues los países desarrollados padecieron una profunda recesión.
Entre 1978 y 81 se produjo una situación similar, al aumentar su importe desde 14 a 34 $. Por el contrario, entre 1985 y 86, una caída de su cotización desde los 27 a 13,8 $ benefició a la mayor parte de la población mundial.
En el siglo XXI, la dependencia de la economía global del crudo ha disminuido debido al desarrollo de las energías renovables y a la progresiva electrificación de los automóviles. Una tendencia que continuará en los próximos años, impulsada por la mayor productividad de los aerogeneradores y las plantas fotovoltaicas, así como por el menor precio de los vehículos eléctricos. Por tanto, el pico de demanda de petróleo está muy próximo en el tiempo.
La vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez
2) Exceso de oferta del petróleo. En 2026, existirá un exceso de oferta de crudo porque el aumento de la producción será superior al de la demanda.
Los principales motivos serán tres: el escaso crecimiento de las compras de petróleo de China, el elevado incremento de las ventas de Estados Unidos y Guayana y la reversión parcial o total de los recortes de suministro aplicados por la OPEP durante 2022 y 2023.
Una coyuntura que previsiblemente se mantendrá en las próximas décadas por la progresiva sustitución del crudo como combustible, fuente de energía y materia prima de numerosos bienes, el descubrimiento de nuevos yacimientos en países no pertenecientes a la OPEP y la aparición de nuevas técnicas que abaratarán la extracción del producto básico.
3) Las características del petróleo de Venezuela. Su crudo es de baja calidad, pues posee una gran densidad, elevada viscosidad y mucho azufre.
Debido a ello, los costes de extracción, refinado y transporte son superiores a los del petróleo de Oriente Medio. Así, por ejemplo, su obtención en la Faja del Orinoco cuesta alrededor de los 30 $ por barril, mientras en Arabia Saudita no llega a los 3 $.
Dicha inferior calidad tiene su reflejo en el precio de mercado, pues el crudo venezolano cotiza con descuento respecto al Brent o el West Texas Intermediate.
Además, la infraestructura petrolera de Venezuela está muy deteriorada. Desde hace 25 años, la inversión en nuevas instalaciones ha sido prácticamente nula y escasa la destinada a la conservación de las existentes.
Por dicho motivo, entre 1999 y 2024, siendo el primero el año en que Chávez accedió a la presidencia del país, la caída de la producción ha sido del 69,4%, al pasar de extraer una media diaria de 2.826.000 barriles a solo obtener 864.000.
Por tanto, las empresas petroleras que regresen a Venezuela, u operen allí por primera vez, deberán acometer elevadas inversiones y conformarse con obtener a medio plazo una rentabilidad moderada, pues en las dos próximas décadas difícilmente el precio del petróleo superará de forma asidua los 60 $ por barril. Un nivel actualmente poco atractivo para la mayor parte de las compañías del sector.
4) Un protectorado de duración limitada. El actual protectorado de Estados Unidos sobre Venezuela tiene un horizonte temporal limitado. La influencia de Trump sobre el país caribeño no se prolongará más allá de tres años, pues en enero de 2029 abandonará la presidencia. Desde 1951, la Constitución limita la permanencia en la Casa Blanca a un máximo de ocho años.
Constituiría una gran sorpresa que el sucesor de Trump no fuera un político profesional. Si se impone la lógica, el nuevo presidente, ya sea republicano o demócrata, optará por derogar el protectorado actual.
Por tanto, la gestión del crudo venezolano dependerá de las características de los líderes elegidos por los ciudadanos. En las próximas décadas, los escogidos podrán optar por facilitar las operaciones de las petroleras, establecer nuevos impuestos o requisitos regulatorios que reduzcan su rentabilidad o expropiar sus propiedades.
Esta última opción no es inédita. Hugo Chávez recurrió a ella en el pasado y no puede descartarse que en el futuro alguno de sus sucesores le imite. Entre las empresas expropiadas por el dirigente bolivariano estaban ExxonMobil y ConocoPhillips, las dos principales petroleras de EE.UU. Ambas ganaron sus litigios contra Venezuela en los tribunales internacionales y deben ser compensadas por el Estado con miles de millones de dólares por la pérdida de sus activos en el país. Hasta el momento, no han recibido nada.
En definitiva, las apariencias engañan. El petróleo de Venezuela, a pesar de ser el país con mayores reservas probadas del mundo (un 19%), no constituye ningún chollo para EEUU.
En primer lugar, porque su extracción, refinado y transporte requieren de inversiones multimillonarias para rehabilitar las infraestructuras gravemente deterioradas.
En segundo, debido a que en los próximos años el precio del crudo será más probable que se sitúe por debajo de los 60 $ que por encima de ese umbral.
Por último, porque su producción tiene peor calidad que la realizada en Oriente Medio, el Mar del Norte o Texas. Por eso, cotiza con penalización. En cuarto, debido a que ni mucho menos está garantizada la estabilidad política en el país caribeño, una vez acabe el protectorado del norteamericano.
En la actualidad, el petróleo de Venezuela para EEUU tiene la misma importancia que la calderilla para el ciudadano medio, incluso en el mejor de los casos.
En 2026, el aumento del PIB logrado por el país norteamericano será solo de alrededor del 0,02%, si la producción de la nación caribeña aumenta hasta 1.250.000 barriles diarios, el precio percibido por cada uno de ellos es de 55 $, el margen de beneficio obtenido es del 25% y EE.UU. se apropia de la totalidad de las ganancias generadas.
Por tanto, el verdadero motivo de la intervención del ejército norteamericano en Venezuela es otro. No descarten que sea un experimento para ver cómo reacciona el resto de países del mundo ante la detención de Maduro. Dada la escasa reprobación recibida por Trump por parte de la mayoría de líderes mundiales, no les extrañe que la próxima víctima sea Cuba.
Por motivos sentimentales, a Marco Rubio le resultaría especialmente atractivo derrocar al régimen castrista. Por razones profesionales, le pasa lo mismo a Trump. El presidente de EEUU es un empresario inmobiliario al que le encanta edificar resorts turísticos y las posibilidades ofrecidas por la isla son inmensas. En Cuba, casi todo está por hacer.