Toni Bolaño opina sobre la reacción de las derechas al acuerdo de financiación de PSC y ERC
El ‘seny’ y la ‘rauxa’ de la derecha española y catalana
"Con cada negociación llegaron los augures de que España se rompe. Se ha roto tantas veces que el país debería ser un conjunto de trocitos"
El domingo es el día del aquelarre. Feijóo reúne a los suyos en Zaragoza para demonizar el acuerdo entre socialistas y republicanos sobre el nuevo sistema de financiación autonómica.
El lugar elegido no es baladí, porque las próximas elecciones autonómicas se celebrarán en Aragón. El objetivo de los populares es que el PSOE muerda el polvo.
El candidato popular, Jorge Azcón, lo deja claro en sus entrevistas: "Pilar Alegría va a tener muy difícil explicar en Aragón los privilegios a Cataluña".
PP y Vox se han lanzado a denunciar estos supuestos privilegios. Levantando la bandera de “a Sánchez ni agua”, con el apoyo inestimable de la derecha mediática y el entusiasmo de García Page, el PP va con todo contra un proyecto de reforma que tiene como pecado original que se ha pactado “con los catalanes”.
Más que apoyo mediático, el PP tiene a su lado a la Brunete mediática que no sale de lugares comunes: que si han creado españoles de primera y de segunda; que si se entregan a los independentistas, que si solo lo hace para mantenerse en el gobierno y se arrodillan ante el chantaje... Argumentos serios no hay ninguno.
Solo aspiran a que caiga Sánchez, aunque sea retrayendo fondos para sus ciudadanos.
El pecado por pactar con los catalanes es poco original, porque el cambio de modelo de financiación autonómico siempre se inició con un pacto con los catalanes. En 1993, con un gobierno de Felipe González y Jordi Pujol; en 1996 con un Aznar que hablaba catalán en la intimidad y Jordi Pujol de nuevo; en 2001 con un Aznar y un Pujol, ambos de salida; y en 2009 con José Luis Rodríguez Zapatero y José Montilla en la Generalitat. Es decir, siempre el pecado original ha sido un cambio por “culpa” de Cataluña.
Y si es pecado, reconozcamos que siempre, siempre, todos se sumaron a la orgía.
Con cada negociación llegaron los augures de que España se rompe. Se ha roto tantas veces que el país debería ser un conjunto de trocitos. Desde la cesión del 15% del IRPF en 1993 hasta el actual 55%.
Recuerden que hace un tiempo los videntes del futuro nos explicaban que el pacto con Cataluña era, de facto, un concierto. Ahora, con los papeles en la mano vemos que es, simplemente, la evolución del modelo. No solo pensado para Cataluña, sino para el conjunto de las Comunidades Autónomas.
La prueba del algodón sobre la posibilidad de que el acuerdo sea un concierto la pone Junts con su enmienda a la totalidad. Una enmienda que defiende el cupo, similar al vasco, y que no será votada ni por Vox ni por PP. En cambio, si Junts quiere tumbar el nuevo acuerdo deberá votarlo junto con la derecha y extrema derecha. Y entonces deberá explicar el sentido de este voto negativo que solo se entiende si tiene un pacto secreto con el PP.
Quizás Junts debería escuchar a la voz de un independentista pragmático que dijo esta semana que “una cosa es la aspiración y otra, lo que realmente puedes hacer por ahora. Si ahora pasa esta oportunidad, nos costará mucho tener un buen acuerdo de financiación”. Así se pronunció el exconseller Jaume Giró, que acabó pidiendo el voto afirmativo de la que todavía es su formación.
El acuerdo, que Junqueras quiere explicar en vivo y en directo al mismísimo mesías, Carles Puigdemont, dista mucho de ser una panacea, pero cuenta con más recursos --21.000 millones--, contiene la ordinalidad que lo hace más equitativo y que solo molesta a las CCAA que viven de la sopa boba, como Castilla-La Mancha, por ejemplo, y dota de más competencias y de mayor gestión a las autonomías.
Tan equitativo como la quita de deuda, que favorece a todo el mundo. El señor Azcón nos dice que, como Cataluña tiene privilegios, él renuncia a los 700 millones más que le tocarían en el nuevo reparto y que le permitirían gestionar la sanidad, la educación, los servicios sociales o las ayudas a las familias.
Como el modelo es voluntario, no lo coja, señor Azcón, deje a los aragoneses con menos recursos. ¿Lo podrá explicar? Mejor que caiga Sánchez antes que reconocer que Aragón también tiene urgencias.
El PP, con este soniquete, renuncia al debate y a recursos con la sola idea de que el Gobierno caiga vencido y desarmado. Lo hace con la ayuda de Junts, que se ancla a las posiciones maximalistas que recuerdan al procés.
Toquen de pies en el suelo porque, como ha dicho Giró, "no sé si el 1 de octubre estábamos preparados para la independencia, o no, pero la que no estaba preparada, seguro, es la Agencia Tributaria".
Es la hora del seny, la rauxa ya la pone el PP. Junts no debería sumarse a la fiesta y abrir un debate que se sustente en el conocido refrán: "más vale pájaro en mano que ciento volando".