Josep Maria Cortés opina sobre la "financiación singular"
La Hacienda de los Pujol
"En el tema de la Hacienda Pública, Junts ha calcado el modelo de los 'padres de la patria'. Exige una financiación singular para la Generalitat con los impuestos directos a cargo de la administración autonómica"
Gracias al buen hacer del letrado Sánchez Carreté, los Pujol regularizaron con Hacienda la deixa de Florenci, que tenían en Andorra. Para entonces ya se conocía el pufo fiscal alentado por el modelo “pruebe y compare”. Si le parece bien pague, y si no, lléveselo crudo a otro paraíso fiscal. En el tema de la Hacienda Pública, Junts ha calcado el modelo de los padres de la patria. Exige una financiación singular para la Generalitat con los impuestos directos a cargo de la administración autonómica.
Solo hay un pequeño inconveniente: la Agencia Tributaria Catalana no tiene capacidad para gestionar el IRPF, aquel tributo que empezó a aplicarse con rigor después de la Reforma de 1978, de Fernández Ordóñez, y que se concretó en los años 80, cuando Josep Borrell era Secretario de Estado. El president Salvador Illa vuelve a poner en primer plano la arquitectura fiscal y no va de farol. Illa trabaja, por extravagante que pueda parecerles esta costumbre a los exconvergentes. El president está desplegando la nueva Agencia Tributaria de Cataluña después de que, en 2017, el Tribunal Constitucional (TC) declaró inconstitucional a la anterior. Los de Junts recelan y se bajan del carro porque les parece insuficiente. Se arropan a sí mismos como aquel Christian Wolffe de la película El Contable quien, a la hora de cumplir con el fisco, justifica el boicot al Estado. Los indepes, corto, raso y sin adornos, solo quieren la Jerusalén liberada de la Primera Cruzada, una nación soberana con una fiscalidad a su medida y un banco emisor obediente.
Les ha salido una discrepancia significativa por parte de Jaume Giró, el exconseller de Economía, que ha despertado un debate entre los cuadros de Puigdemont sobre la posibilidad de aceptar los términos del acuerdo entre PSC y ERC, antes de que el clima electoral de España anuncie el cambio de régimen.
En el conjunto del país, Vox se come al PP quedándose con el 13% del voto socialista descontento, mientras que el PP solo absorbe un 5% del mismo espacio (según datos de 40dB). Abascal, el ultra silente en materia de contenidos y trumpista en cuestión de palabras, arrasa. La soberanía del bloque de la derecha no da tregua y el asalto previsible a la nueva financiación singular exige un cierre de filas unitario entre PSC, ERC y Junts. Pero Puigdemont no lo ve porque Feijóo le asegura la amnistía directa con la ayuda de las togas amigas. Sueña con volver a casa sobre las ruinas de la Agencia Tributaria de Illa, pese a la inextricable incoherencia de su pasado reciente.
La pedagogía lacónica de la política se hace difícil de entender en un país en el que el presidente Sánchez le da clases de geopolítica al omiso Núñez Feijóo y, sin embargo, no hablan de la financiación del modelo federal español. Prefieren pelearse en el proceso que arrojar luz sobre las conclusiones. Ponen en entredicho lo que el otro da por cierto sin comprometerse. Practican la persuasión socrática de la antigua CiU: pagar impuestos no es lo mío, pero la financiación que me ofrece el Estado es insuficiente. En fin, la Hacienda de los Pujol.