Juzgado de Purchena Wikimedia Commons
La justicia ‘abandona’ a Raúl: sin respuestas tras quedar parapléjico en un accidente laboral
Cayó por un precipicio de 25 metros mientras realizaba trabajos de desbrozo para el Ayuntamiento de Bacares, en Almería, y estuvo a punto de perder la vida
Su defensa considera "inaceptable" que el proceso penal haya quedado paralizado por la falta de un funcionario en el Juzgado de Purchena
Más: El juego de niños que terminó en tragedia dentro del Hyatt de Bellvitge
Raúl fue a trabajar como cualquier otro día, pero su vida cambió para siempre cuando cayó desde una altura de más de 25 metros y estuvo a punto de morir.
Seis meses y medio después, mientras permanece ingresado en un centro hospitalario a más de 500 kilómetros de casa, el proceso judicial iniciado a raíz de este accidente está completamente paralizado, pues la sección que tramita las diligencias en el juzgado asignado carece de su correspondiente funcionario.
La letrada Ambar Zambrano de Vosseler Abogados, el despacho catalán que defiende a la víctima, señala la gravedad del asunto, pues se trata de "un fallo sistémico de la administración de Justicia que deja a una familia desamparada por la burocracia", mientras soportan el peso del día a día sin un pronóstico claro para Raúl.
Caída
Los hechos ocurrieron el pasado 2 de septiembre, en el pequeño pueblo almeriense de Bacares. El municipio gozó de cierta relevancia siglos atrás y su fortaleza medieval es el orgullo de los pocos más de 200 habitantes que tiene en la actualidad; también es el escenario de este accidente laboral.
El cometido de Raúl Miralles, de 47 años, como trabajador del ayuntamiento, ese martes postvacacional era el de subir a la pequeña colina a desbrozar los muros exteriores del castillo. Cayó desde allí a las 8.20 de la mañana, poco menos de una hora después de iniciar su jornada laboral, y quedó inconsciente.
Desprotección
"No le habían proporcionado ningún tipo de protección", asegura la familia del herido en una conversación con Crónica Global.
Castillo de Bacares Wikimedia Commons
Miralles iba únicamente equipado con la máquina desbrozadora y un casco de protección para desbrozar, previsto para evitar que alguna pequeña rama o piedra que pueda salir despedida impacte directamente en la cara, pero no para evitar daños en caso de un accidente de estas características.
Puesto que los trabajos debían realizarse en un terreno estrecho al borde de un precipicio, la familia lamenta que no se le dotara de un equipo de protección con elementos como un arnés y un casco adecuado al riesgo que podía correr.
Negligencia
El proceso penal contra el Ayuntamiento de Bacares por una presunta negligencia grave lo inició la Guardia Civil en septiembre, en el Juzgado de Instrucción nº 1 de Purchena.
La Benemérita, ha explicado Zambrano, responsable del área laboral de Vosseler Abogados, "investiga las posibles responsabilidades criminales por una negligencia que ha destrozado una vida".
De hecho, califica de "demoledor" el resultado del informe emitido por la Inspección de Trabajo y Seguridad Social, que señala como responsable al consistorio. El documento apunta que las condiciones en las que Miralles habría estado realizando las tareas de desbroce manual implicaban un "riesgo grave y evidente".
Deficiencias
La autoridad laboral concluye que se dieron tres deficiencias de seguridad graves: ausencia de protecciones, equipamiento inadecuado y falta de supervisión.
En concreto, señalan la inexistencia de líneas de vida y puntos de anclaje y ponen de manifiesto que el trabajador portaba un casco sin sujeción, "lo que lo dejó desprotegido en la caída". También lamentan que este tipo de labores se realizaran en solitario y sin un plan de seguridad.
Con estas evidencias, la inspección ha promovido el máximo legal --el 50%-- en un recargo de prestaciones (aumento del subsidio para trabajadores que han sufrido un accidente laboral por negligencia), al considerar que la falta de medidas de seguridad por parte del ayuntamiento fue la causa directa del siniestro.
Ingreso
Tras la caída, Miralles fue trasladado en helicóptero a un hospital de Granada en estado muy grave. De hecho, el equipo de emergencias tuvo que reanimarlo en pleno vuelo.
Estuvo en coma durante el mes que permaneció en la UCI a raíz de la severa inflamación cerebral que sufría. No empezó a despertar hasta una semana después de que los médicos le retiraran la sedación.
Rehabilitación
Ahora está ingresado en una clínica en Madrid, en la que ha empezado a hacer algo de rehabilitación. "El cuerpo lo podrá ir recuperando, pero la cabeza no", asume la familia.
El traumatismo craneoencefálico "lo ha dejado muy afectado", expresan, pues Miralles ha visto dañadas varias regiones del sistema nervioso con multiplicidad de complicaciones, desde la motricidad hasta el habla, y se enfrenta a una nueva vida de gran invalidez.
Juicio
Mientras el hombre permanece hospitalizado, el proceso penal está paralizado en el Juzgado de Instrucción nº 1 de Purchena, en Almería, desde el pasado octubre por la falta de un funcionario en la sección que tramita las diligencias.
Desde Vosseler Abogados denuncian que esta parálisis vulnera el derecho a la tutela judicial efectiva de la víctima y exigen la tramitación inmediata de la denuncia.
"Que el proceso no avance porque no hay un funcionario es inaceptable, el tiempo de la administración no es el tiempo de una familia que ha perdido su sustento y su salud", señala la abogada Ambar Zambrano. "Raúl no puede esperar a que una baja laboral se cubra para que se reconozca que su accidente era evitable".
Futuro
El futuro es una idea que queda lejos de la realidad de la familia Miralles: "Vivimos el día a día sin planear nada, porque no sabemos todavía realmente a qué cambios nos enfrentamos".
La mujer, los hermanos y los hijos mayores del herido se turnan para viajar constantemente a Madrid y evitar que pase demasiados días en soledad. Con dos hijos menores que ahora dependen completamente de ella, la pareja de Raúl se ha visto obligada a dejar su trabajo para poder hacerse cargo de la situación.
Aunque han asumido que todavía quedan meses para ello, la familia empieza a plantear cómo se organizarán cuando el hombre reciba el alta. Plantean la opción de tener que dejar atrás su pueblo y mudarse a una ciudad con los servicios que puedan necesitar y esperan que las indemnizaciones les lleguen a tiempo para realizar todas las adaptaciones que la vivienda necesitará.