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Manuel Gómez Acosta opina sobre las dificultades del Gobierno en 2026

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Pensamiento

La España del 2026, el año Heisenberg

"En 2026 se acentuará la inestabilidad de la política española. Como en la física cuántica, pequeños cambios —una sentencia, una negociación presupuestaria fallida, una decisión europea— pueden producir efectos difícilmente controlables"

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En alguno de mis artículos de opinión he hecho referencia al principio de incertidumbre de Heisenberg, una idea que parecía reservada a la física cuántica, que se ha convertido en una metáfora poderosa para describir nuestra realidad. La incertidumbre es la variable que mejor define la España del año recién nacido

El principio de incertidumbre de Heisenberg establece que no es posible conocer simultáneamente y con precisión absoluta, ciertas variables de un sistema, como serían la posición, el momento y la velocidad de una partícula; cuanto más intentemos controlar o anticipar uno de los datos, más incontrolable se vuelve el otro. En la vida política e institucional, cuanto más se intenta “medir” y controlar una variable —la estabilidad parlamentaria, la intención de voto o la duración de una legislatura—, mayor es la alteración de otras: la cohesión interna de los partidos, la credibilidad institucional o la confianza ciudadana. La observación intensiva (encuestas continuas, comunicación política, judicialización del debate) no reduce la incertidumbre, en muchos casos, la incrementa.

Durante el 2026 se acentuará la inestabilidad de la política española. Como en la física cuántica, pequeños cambios —una sentencia, una negociación presupuestaria fallida, una decisión europea— pueden producir efectos difícilmente controlables. El sistema no es caótico, pero sí sensible a perturbaciones. La incertidumbre termina siendo una propiedad inherente del sistema político.

La sociedad, la economía, la política e incluso nuestras vidas personales están sujetas a cambios imprevisibles. La tecnología avanza a una velocidad vertiginosa, las relaciones humanas se transforman constantemente y el futuro ya no parece predecible. Cuanto más intentamos controlar o anticipar lo que vendrá, más evidente se hace la complejidad del presente: la incertidumbre.

¿Cuáles son las principales causas de incertidumbre que pueden terminar afectando a la España del año 2026?

Un escenario caracterizado por un significativo avance de la extrema derecha, que crece no solo por los errores del propio Gobierno o la desorientada y confusa política del PP, sino por la ausencia de liderazgo en las ideas y en la acción política. Vox recoge no sólo el voto de la derecha ultra más conservadora, sino también parte del voto contestatario de la desafección con el sistema, la rebeldía contra el statu quo bipartidista. Al partido ultra no le interesa formar parte minoritaria de gobiernos autonómicos con el PP, prefiere quedarse fuera, obligando al PP a asumir buena parte de su discurso. Su principal objetivo sigue siendo debilitar y sustituir al PP. Un dato por considerar es que el avance de Vox y la amenaza que representa cada vez moviliza menos al electorado progresista. Eso no significa que no debamos seguir denunciando el peligro que Vox supone para la democracia.

¿Son lo mismo el PP y Vox? Nos equivocamos si pensamos que son lo mismo. Un buen ejemplo es el Parlamento Europeo, donde el PP español apoya las propuestas y medidas institucionales favorables a la integración europea, respalda las resoluciones de la UE de apoyo a Ucrania frente a la invasión del totalitario Putin, se posiciona críticamente con relación a la administración Trump… Por el contrario, el grupo de los Patriotas, donde está inscrito Vox y toda la extrema derecha europea, niega todo lo anterior. Vox y los Patriotas actúan como instrumentos de Trump para debilitar a Europa, a la que trata como competidora no como socio.

Un PSOE tocado y cada vez más afectado por los casos de corrupción y la brutal guerra político-judicial-mediática contra el partido, y especialmente contra el presidente Sánchez, que ha conseguido desmovilizar a una buena parte del electorado socialista. Aunque sea con matices, el balance del Gobierno en general es positivo, funciona la macroeconomía, pero a nivel micro (vivienda, salarios, coste de vida…) es preocupante. Entramos en un año cargado de incertidumbre que puede desgastar aún más al partido socialista.

La bronca política produce hastío y debilita la democracia, pero no afecta a todos por igual y no son todos igualmente responsables. La estrategia de la bronca, la confrontación, el enfrentamiento, consigue enviar a la abstención a muchos votantes socialistas. Analicemos el escenario:

Los nacionalistas se suman a la fiesta del año Heisenberg, aportando su “grano de arena “al contexto político español preñado de incertidumbre. En el PNV “nadarán menos y guardarán más la ropa”, como ya han venido haciendo últimamente. ERC seguirá viviendo entre la necesidad de criticar al PSOE al tiempo que lo masajea, mientras Junts se tambalea, cada vez más preocupado con la competencia de la alcaldesa de Ripoll.

El sectarismo de Podemos que contribuye a la incertidumbre, al impedir cualquier alianza a la izquierda del PSOE. El objetivo de Iglesias es facilitar un Gobierno de la derecha, donde Podemos lidere la oposición.

La pregunta del millón: ¿resistirá el Gobierno de coalición hasta el 2027? La paradoja es que la continuidad del Ejecutivo está siendo facilitada por las prisas de un Feijóo acelerado, que se repite día tras día sin apuntar nada novedoso que pueda ayudar a mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. A lo anterior se suman las dificultades del PP en comprender que el verdadero beneficiario de tanta agresividad contra el sanchismo es Vox.

Epílogo: La intervención militar de los EEUU en Venezuela indica que la nueva doctrina de “Seguridad Nacional“ de la Administración Trump se ha impuesto. Europa queda advertida. La incertidumbre “trumpista” extiende su manto “protector” por el planeta.