Es una evidencia que las obsesiones lingüísticas del nacionalismo catalán han invadido la política española. Basta recordar la reforma del Reglamento del Congreso; las instrucciones al cuerpo diplomático para que se centren en lograr apoyos a la oficialidad del catalán en la UE; o la proposición de ley conjunta de los grupos parlamentarios socialista y de Junts sobre delegación de competencias en inmigración, que podría dar paso a que se impongan requisitos lingüísticos para obtener permisos de residencia en Cataluña.
En este contexto no resulta extraño el gran aplauso con que el nacionalismo catalán ha recibido el reciente monólogo de Marc Giró en su Late Xou de TVE al hilo de la consulta a las familias valencianas sobre la lengua base en la escuela. “Monólogo para intolerantes con las lenguas” lo denominaba nada más y nada menos que el Presidente de RTVE en un tuit. Ya se sabe que quienes cuestionamos la inmersión (el monolingüismo) somos los intolerantes.
“El catalán sirve para pedir la independencia y también para no pedirla...”
— José Pablo López (@Josepablo_ls) March 12, 2025
Monólogo para intolerantes con las lenguas.pic.twitter.com/0oQhzU3kez
Una auténtica pica en Flandes para los “plurinacionales”: el victimismo lingüístico colocado en el primer canal de TVE, en clave de (supuesto) humor, y en prime time. Un éxito que se suma a otro acuerdo entre el PSOE y Junts, en este caso para que en un plazo de dos años La 2 emita las 24 horas en catalán en Cataluña.
Los castellanohablantes estamos encantados de que siempre se piense en nosotros. Todo ello sin olvidar otros logros previos como la dotación de fondos para producción y doblaje al catalán en el marco de la negociación de ERC con el Gobierno de España para aprobar la Ley de la comunicación audiovisual.
Los medios han sido siempre nucleares en la estrategia nacionalista, no solo por su centralidad en el proceso de configuración de la opinión pública, sino también porque han actuado como una herramienta clave para dibujar una Cataluña en catalán. De hecho, se ha producido una clara instrumentalización de las políticas de medios al servicio del nacionalismo lingüístico, que es lo que pretendo subrayar en este artículo. Algunos ejemplos.
1.- Es nítida la remisión que hace la normativa audiovisual catalana a la legislación lingüística. Por ejemplo, dice el artículo 86.2 de la Ley 22/2005 de la ley de la comunicación audiovisual que “los prestadores de servicios de comunicación audiovisual sometidos a régimen de licencia se rigen por las obligaciones establecidas por la legislación de política lingüística respecto a los concesionarios de radiodifusión y televisión de gestión privada”.
2.- Son abundantísimas las referencias que se recogen en las leyes lingüísticas a los medios de comunicación. Si nos detenemos en la Ley 1/1998 de política lingüística, con respecto a los medios públicos (autonómicos y locales), se apunta que “la lengua normalmente utilizada debe ser la catalana” (art. 25.1) y también se dice que “el Gobierno de la Generalitat ha de facilitar la recepción correcta en Cataluña de las televisiones de otros territorios que emiten en lengua catalana” (art. 25.4). Que los catalanes vean la televisión balear, ok, pero la aragonesa, en modo alguno.
Sobre los medios privados, en la misma norma se apunta que las emisoras de radiodifusión “deben garantizar que, como mínimo, el 50% del tiempo de emisión sea en lengua catalana…” (art. 26.3). Y se llega a establecer que “el Gobierno de la Generalitat ha de incluir el uso de la lengua catalana en porcentajes superiores a los mínimos establecidos como uno de los criterios en la adjudicación de concesiones de TDT, de canales de televisión distribuida por cable y de las emisoras de radiodifusión” (art. 26.4). Léanlo despacio.
3.- Con la aprobación del Estatuto de Autonomía de 2006 se intentó plasmar en la principal norma catalana el uso “preferente” del catalán en las administraciones y en los medios públicos. Fue, lógicamente, una de las previsiones declaradas inconstitucionales. De poco sirvió.
4.- Con este marco, en los medios públicos raras veces se habla en español y, de esas, en no pocas se hace en tono despectivo. Me viene a la memoria el estupor de los tertulianos de Tot es mou al comprobar que un profesor de instituto respondía en español a las preguntas de TV3. Pinchen para verlo.
5.- Mientras, en el sector audiovisual privado, los requisitos lingüísticos han sido clave, sin duda, para la articulación de RAC1, la cadena radiofónica generalista con más audiencia, que desempeñó, junto a Catalunya Ràdio, un papel clave en la movilización nacionalista en los años del procés.
No parece casual, teniendo en cuenta que el líder en el mercado de la radio musical son Los 40 Principales, que el CAC, cuyo Pleno cuenta con una evidente mayoría de miembros propuestos por fuerzas nacionalistas, haya acordado recientemente poner fin a las adaptaciones específicas de las que vienen disfrutando estas radios, de modo que a partir de 2026 deberán programar en catalán el 25% de las canciones, en la línea de las previsiones de la Ley de Política Lingüística.
6.- A la vez, si se analizan las abundantes convocatorias de subvenciones a medios de la Generalitat, se observa que la lengua es el criterio clave de adjudicación. El objetivo, muy lejos del fomento del pluralismo en el mercado mediático, no es otro que la articulación del denominado espai català de comunicació, orientado, a su vez, a la construcción nacional de Cataluña.
Así las cosas, concluyo que, con estas políticas de medios subordinadas a las lingüísticas, por un lado, en los medios públicos catalanes se ofrece una imagen (monolingüe) que falsea la realidad social de referencia (claramente bilingüe). Como consecuencia, se desconecta a buena parte de la ciudadanía de sus medios públicos, privándola de una oferta audiovisual de proximidad (otra cosa es el contenido de esa oferta) que, obviamente, se financia con sus impuestos.
Por otro lado, se condicionan las estrategias de las empresas privadas (también en el sector de la producción), en un contexto de importantes transferencias de fondos públicos a medios privados. Las políticas de subvenciones no son tales. Las políticas de medios, en definitiva, no son tales.
Blanquear estas actuaciones, asumiendo un relato claramente tramposo en torno a la diversidad cultural (no hay nada más uniformizador que las políticas lingüísticas de los nacionalistas), y realizar concesiones a sus artífices llevando este dislate a las políticas de Estado, como apuntaba al principio, implica no tener una mínima consciencia del rol nuclear de la lengua común como clave de convivencia.