Los pasados 7 y 8 de febrero, se reunieron en Madrid los autodenominados “patriotas”, una verdadera internacional ultra europea. Cuidadosa puesta en escena, presidida por el “patriota” Abascal, intervenciones preñadas de descalificaciones a la democracia, ataques xenófobos, exaltación al nuevo fascismo con ropaje libertario.
Algunos de los oradores se refirieron al nuevo inquilino de la Casa Blanca como “compañero de armas”. Resulta llamativo y paradójico que en nombre de la soberanía nacional se rinda pleitesía al emperador de Occidente, aceptando tan dócilmente sus humillaciones y desprecios.
Se suponía que en la extrema derecha militaban los del orgullo patrio, los guardianes de las esencias nacionales, los que nos han repetido hasta la saciedad que la patria está por encima de todo.
Las contradicciones de la extrema derecha en la defensa de la soberanía nacional son llamativas. Se erigen como los máximos defensores de la frontera europea ante cualquier peligrosa patera, pero el que los Estados Unidos amenacen con invadir el territorio europeo de Groenlandia no parece causarles ningún tipo de preocupación.
Claman contra la “falta de democracia” de Bruselas, pero les resulta normal que una potencia extranjera como EEUU intervenga en nuestras instituciones e intente imponer sus reglas. Se quejan de que Bruselas nos ha convertido en vasallos sin soberanía, pero aceptan el vasallaje de Musk y sus aportaciones económicas.
En el caso español, causa perplejidad que los que se autotitulan defensores de los valores patrios y de la lengua común de los pueblos de España acepten con sumisión que el español desaparezca de la web de la Casa Blanca.
Los seguidores del macho alfa de VOX se jactan de ser los defensores de la soberanía nacional, pero actúan como sumisos colaboradores del poder extranjero. No son patriotas, son los tontos útiles del Imperio.
Al grito de “Make Europe Great Again” ponen a la vieja Europa a los pies del caudillo Trump. Un caudillo que representa una amenaza para los valores de la UE.
Una Unión Europea que, con todas sus limitaciones e incapacidades, garantiza libertades individuales, políticas y económicas dentro de un marco democrático representado por sistemas de gobierno basados en la representación y la participación ciudadana. Una UE que apuesta por los valores de la igualdad, el pluralismo y la no discriminación. Una UE que se construye sobre un Estado del bienestar basado en la igualdad de oportunidades, en los derechos laborales y condiciones de trabajo dignas y que promueve el crecimiento económico, la justicia social y el desarrollo sostenible.
Europa no puede permanecer pasiva ante lo que se le viene encima. La UE debe responder al reto de los intentos de colonización en el campo de la ciencia y la tecnología para ello debemos transformar nuestros potentes centros universitarios, en muchos casos a la cabeza de la ciencia, en fortalezas tecnológicas con capacidad para llegar a la industria y a las empresas.
Un ejemplo por considerar, la estrategia comunitaria de inteligencia artificial llega dos años después de los primeros pasos de ChatGPT.
Europa debe aceptar que, en lo referente a la necesidad de una defensa y seguridad comunes, el paraguas norteamericano forma ya parte del pasado. Urge una respuesta europea, común y coordinada, que asuma las propuestas del informe Letta respecto a un mercado único en telecomunicaciones, en energía, y la necesidad de adecuar la transición energética a la urgente y necesaria reindustrialización.
El proteccionismo y la dependencia colonial de los EE. UU. no serán en ningún caso vectores de solución para los problemas europeos, curiosa paradoja de que una antigua colonia europea pueda terminar colonizando a la vieja metrópoli.
La UE debe desarrollar el principio de la cooperación y la solidaridad compartida entre las naciones europeas. Que tomen nota nuestros secesionistas domésticos, lo que necesitamos es más Europa y menos patriotismo nacional. Las fuerzas progresistas europeas necesitan construir una idea de “patriotismo” que resalte un sentido de comunidad y solidaridad más allá de los símbolos tradicionales.
En lugar de limitarse a fronteras o discursos nacionalistas, debe poner el foco en las personas que trabajan y sostienen el país con su esfuerzo. Es una visión que se alinea con pensamientos de figuras como José Martí, quien decía que "patria es humanidad", o incluso con la idea de que el verdadero amor a la patria se expresa en acciones concretas para el bienestar de sus ciudadanos.
El nuevo fascismo con ropaje libertario debe ser denunciado y combatido. Peligrosa la profunda desconfianza que genera la identificación de cualquier gobierno como potencial enemigo de la libertad individual.
La simpatía que esta manipulación genera en amplias capas de la población ha sido capitalizada por sucesivos ideólogos de la extrema derecha en su cruzada contra el Estado de bienestar, que, según ellos, promueve comportamientos parasitarios y secuestra la iniciativa individual.
Es poco útil ser pesimista, pero ante el avance de la ultraderecha, la pasividad de la derecha conservadora y el desconcierto de la izquierda, habría que recuperar el pensamiento de Paul Valéry, cuando señalaba en la Europa de las entreguerras, “la esperanza es vaga y el temor es preciso”.