Abel (22) agricultor autónomo: Se puede ganar bien en el campo, pero exige invertir mucho en maquinaria, tierras y abonos

Abel (22) agricultor autónomo: "Se puede ganar bien en el campo, pero exige invertir mucho en maquinaria, tierras y abonos"

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Abel (22) agricultor autónomo: "Se puede ganar bien en el campo, pero exige invertir mucho en maquinaria, tierras y abonos"

El testimonio de Abel, un joven agricultor autónomo sobre la rentabilidad del sector y los desorbitados costes para empezar de cero

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Mientras la mayoría de jóvenes de su edad busca su primer empleo fuera del pueblo, Abel Sotelo hace justo lo contrario: se levanta antes que casi nadie para seguir el oficio que ha visto practicar a su familia toda la vida.

"Me llamo Abel, soy autónomo y trabajo en el campo", se presenta este joven de A Limia, en Ourense, que ha decidido apostar por la tierra en un momento en el que muy pocos de su generación se atreven a hacerlo.

Una vocación desde pequeño

Su vínculo con la agricultura no nació de un día para otro.

Abel recuerda que, siendo niño, acompañaba constantemente a su padre en las tareas del campo, y esa costumbre terminó convirtiéndose en algo mucho más serio con el paso de los años. "Desde pequeñito siempre acompañé a mi padre a sus labores agrícolas, así fui creciendo y cada vez lo tuve más claro", relata.

Al terminar sus estudios, no se lo pensó demasiado: quería seguir esa senda familiar.

Una gran explotación en Piñera Seca

Hoy trabaja codo con codo con su padre en Piñera Seca, gestionando una finca de 70 hectáreas que produce anualmente más de un millón de kilos de patata.

No es un cultivo cualquiera. Según destaca el propio Abel, se trata de un producto "de calidad y excelente", algo que atribuye al cuidado y la dedicación que exige este tipo de agricultura.

Para él, sin embargo, el resultado nunca compensa si no existe una motivación real detrás. Lo resume en una frase breve: "Te tiene que gustar". Sin esa pasión, según explica, sería imposible aguantar las exigencias que impone este trabajo.

La exigencia del calendario en el campo

La rutina agrícola no entiende de horarios fijos y se adapta por completo a las estaciones.

Durante la temporada alta, entre marzo y octubre, la actividad se dispara hasta alcanzar jornadas de entre 12 y 14 horas continuas.

Son meses intensos dedicados a la siembra, el riego, el cuidado del cultivo, la cosecha y el mantenimiento diario de la maquinaria para que nada falle en los momentos clave.

Los obstáculos que alejan a los jóvenes del sector

A pesar de su entusiasmo, Abel es consciente de que su camino no es sencillo de replicar.

Empezar de la nada en la agricultura implica, según sus propias palabras, enfrentarse a una barrera muy alta. "Si hay que arrancar de cero, no es imposible, pero es muy difícil, y esas cosas echan bastante para atrás a la gente joven", reconoce.

No es solo una cuestión de esfuerzo físico, sino también económico y administrativo.

Abel explica: "Se puede ganar bien, pero hay que invertir mucho".

De hecho, considera que las condiciones del campo actualmente han empeorado. "Es más caro y la burocracia mucho mayor, antes era más fácil", lamenta, aludiendo a un contexto cada vez más complicado para quien quiere iniciarse en el sector sin contar con una explotación familiar previa.

Vivir del campo, sí, pero con inversión constante

Aunque la agricultura le permite ganarse la vida, Abel no esconde que exige un desembolso económico continuo.

Maquinaria, terrenos y abonos son solo algunos de los gastos que hay que asumir de forma recurrente para mantener el negocio en marcha. "En maquinaria, en tierras, en abonos necesarios para la tierra, hay que invertir mucho", detalla.

El relevo generacional

El caso de Abel resulta, precisamente por su juventud, poco habitual dentro del sector.

Según datos oficiales, el 41,3% de las explotaciones agrarias en España está en manos de personas mayores de 65 años, una proporción muy por encima de la media europea. Esa realidad convierte a jóvenes como él en una rareza dentro del campo español.

El propio Abel es consciente de pertenecer a una generación escasa dentro de su profesión, y lo plantea como un asunto que merece más atención de la que recibe. "No hay relevo generacional, creo que deberíamos pensar más en ello", apunta, dejando en el aire una reflexión que afecta al futuro del sector primario.