Incendian un furgón de la Guardia Urbana durante la manifestación en defensa de la libertad de Pablo Hasél y los derechos sociales tras 12 días de protestas, en Barcelona, a 27 de febrero de 2021
Fiscalía pide 25 años por intentar matar a un urbano quemándolo vivo en las protestas por Pablo Hasél
Los nueve procesados —siete de ellos, de nacionalidad italiana y una francesa— están acusados de intento de homicidio, atentado a la autoridad, desórdenes, daños y manifestación ilegal
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La Fiscalía de Barcelona pide 25 años y cinco meses de cárcel para nueve manifestantes acusados de intento de homicidio por quemar un furgón de la Guardia Urbana con un agente dentro, además de atacar cajeros y comercios, en las protestas de febrero de 2021 contra el encarcelamiento del rapero Pablo Hasél.
En su escrito de acusación, el ministerio público acusa también a los procesados —siete de ellos, de nacionalidad italiana y una francesa— de los delitos de atentado a la autoridad, desórdenes, daños y manifestación ilegal, y les pide 11.520 euros en multas, además de indemnizaciones para las entidades atacadas que suman casi 685.000 euros.
Fiscalía atribuye a los acusados un delito de grupo criminal, al entender que siguieron un plan "previamente acordado", de forma conjunta y coordinada y con un reparto de roles, para asegurarse una actuación "rápida y sincronizada" en sus ataques al mobiliario urbano, entidades bancarias, comercios, personas, vehículos de Mossos d'Esquadra y Guardia Urbana y agentes de las líneas policiales.
Al frente del grupo —integrado por unas 15 personas, de las que solo ocho han podido ser identificadas—, la Fiscalía sitúa como líderes a dos de los acusados: Alberto F. y Guiseppe S., quienes presuntamente marcaban los objetivos y daban instrucciones a los demás, además de participar "activamente" en los ataques.
Caras tapadas y líquidos inflamables
Según Fiscalía, los acusados acudieron el 27 de febrero de 2021 a una manifestación no comunicada de apoyo al rapero Pablo Hasél, cuyo encarcelamiento suscitó varias protestas callejeras en Barcelona que se saldaron con disturbios y decenas de detenciones.
Los acusados, según el ministerio público, pretendían llevar a cabo "actuaciones violentas e intimidatorias que infundieran un grave temor a la población", por lo que llevaban recipientes con pintura, líquidos inflamables, acelerantes de combustión, mazas y martillos.
Una vez iniciada la manifestación, se pusieron ropas oscuras y negras y se taparon la cara con pasamontañas y prendas similares, además de usar gorros, capuchas y guantes. Los dos supuestos líderes del grupo llevaban también un impermeable azul oscuro con una franja reflectante en la espalda.
Disturbios en el centro de la ciudad
Fiscalía sostiene que el grupo empezó los disturbios en la calle Hospital de Barcelona, donde rompieron la cristalera de una oficina bancaria a martillazos y prendieron fuego a un cajero. Ataques que después repetirían en la Rambla del Raval y sus alrededores, y que en ocasiones reivindicaban haciendo pintadas con la "A" de anarquía.
A continuación, el grupo se desplazó a la avenida Drassanes, donde cuatro o cinco miembros se separaron del resto y una joven que no ha podido ser identificada manipuló la caja eléctrica de una farola para dejar la zona sin luz, mientras el resto avanzaban hacia La Rambla, atacando varias oficinas bancarias que encontraron a su paso.
Ataque contra la Guardia Urbana
Ya en la Rambla, Alberto F., el presunto cabecilla, llamó al resto al grito de "chiguagua, chiguagua" para darles instrucciones. En seguida, varios de los acusados se dirigieron a la comisaría de la Guardia Urbana, que contaba con un dispositivo de protección especial compuesto por seis furgonetas de los Mossos y de la Policía Local.
Los manifestantes empezaron entonces a lanzar "todo tipo de objetos" contra la línea policial. Entre ellos, adoquines, piedras, botellas de cristal, artefactos incendiarios y bengalas, uno de los cuales provocó una llamarada en el suelo, muy cerca de un furgón en cuyo interior había un agente de la Guardia Urbana.
Pocos segundos después, según el ministerio público, Alberto F. dio una botella de líquido inflamable a una de las manifestantes, que la utilizó para reavivar las llamas. Ello hizo que el furgón policial se quemara por la parte lateral central y trasera, donde se hallaba el depósito de gasolina.
El agente que había en el furgón logró salir del vehículo por la puerta del copiloto, a pesar de sus dificultades para moverse al ir equipado con chaleco, coderas, cascos y rodilleras. Además, poco antes del ataque había bloqueado las puertas porque un manifestante había intentado abrirlas.
"Sabían que había un policía"
A juicio de la Fiscalía, todos los miembros del grupo "conocían que dentro del vehículo había un agente de policía", cuya vida "ponían en peligro" con su actuación. Pero, aún así, decidieron "asumir ese resultado sin importantes lo que pudiera ocurrir".
Los manifestantes fueron dispersados por agentes antidisturbios de los Mossos d'Esquadra, por lo que huyeron corriendo, siguiendo con sus ataques "coordinados y muy rápidos" contra entidades bancarias Rambla arriba.
"Encolerizada huida"
Al grito de la palabra clave "sinistra, sinistra", proferida por el presunto cabecilla, Alberto F., los acusados siguieron su "encolerizada huida" hacia la plaza Cataluña, donde rompieron a martillazos las puertas de una tienda Zara y las cristaleras del Hotel Calderón, mientras seguían arrojando objetos a la línea policial y montando barricadas con jardineras, motos, mesas de terrazas y contenedores.
Durante los ataques, los integrantes del grupo se dirigieron además a varios periodistas que estaban grabando los hechos para exigirles que dejaran de hacerlo, según el ministerio público.
Al acabar, el grupo se dividió en dos y sus miembros se deshicieron de sus camuflajes y los abandonaron en plena calle, donde la policía incautó varias prendas de ropa como las que vestían, así como mochilas con productos para encender fuego.