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Carlos Alsina, 56 años: "Éramos cinco hermanos y nos llevamos un año cada uno. Imagina la banda. Padre, madre, hermanos y la abuela que vivía con nosotros"

El secreto mejor guardado de la infancia de Carlos Alsina en un piso con Padre, madre, 5 hermanos y la abuela

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Si hay una voz que define el ritmo de las mañanas en España y despierta a millones de personas con un análisis afilado de la actualidad, esa es la de Carlos Alsina.

El periodista madrileño se ha consolidado como uno de los grandes referentes de la radiodifusión de nuestro país, liderando con un estilo inconfundible el transatlántico matinal Más de uno en Onda Cero.

Lejos de conformarse con el clásico guion radiofónico, Alsina se ha ganado el respeto unánime de la profesión y de los oyentes gracias a su mordacidad y su agudeza al entrevistar a las figuras del panorama político.

Avalado por prestigiosos galardones como el Premio Ondas o el Premio Francisco Cerecedo de Periodismo, ha demostrado que la radio actual puede compaginar a la perfección el rigor informativo con una creatividad desbordante y única, pero antes de los micrófonos hubo una infancia muy distinta a la que muchos imaginan.

Carlos Alsina ha recordado en varias entrevistas cómo fue crecer rodeado de hermanos, ruido y muy poco espacio.

El caos entrañable de una familia numerosa

Hoy es una de las voces más reconocibles y respetadas de la radio española, pero los primeros años de Carlos Alsina transcurrieron en un escenario muy alejado de la tranquilidad de los modernos estudios de grabación y los micrófonos de última generación.

El periodista se crio en el bullicio constante de un hogar repleto de vida, donde el espacio era un bien escaso pero el ingenio para estirarlo sobraba.

Aquella rutina diaria era una coreografía de supervivencia familiar en un pequeño apartamento en pleno centro de Madrid, bajo el cariñoso mando de sus padres y la atenta mirada de su abuela.

El propio Alsina rememoraba con una mezcla de nostalgia y humor cómo era aquella convivencia tan estrecha: "Éramos cinco hermanos y nos llevamos un año cada uno. Imagina la banda. Padre, madre, hermanos y la abuela que vivía con nosotros", recordaba entre risas en una entrevista concedida a El Mundo.

A pesar de las apreturas lógicas de ocho personas bajo un mismo techo con pocos metros cuadrados, el locutor tiene claro que "la vida era muy divertida" por aquel entonces.

Compartir habitación con sus cuatro hermanos no se vivía como un drama, sino como una aventura constante que requería de cierta ingeniería doméstica para que todo encajase a la perfección: "En mi casa éramos muy de literas y de muebles cama", ha admitido.

Una infancia compartida al milímetro que, sin duda, le enseñó desde muy pequeño a escuchar, convivir y desenvolverse en medio del ruido.

El refugio del comunicador lejos del asfalto

Con el paso de los años y la consolidación de su carrera, el periodista sintió la necesidad de dar un giro radical a su estilo vida y dejar atrás el bullicio de la gran ciudad.

Buscando un poco de tranquilidad donde desconectar tras las intensas jornadas de radio, Alsina tomó la decisión de instalarse en un tranquilo municipio de la periferia madrileña.

Este cambio no solo le permitió disfrutar de una casa más espaciosa y del contacto directo con la naturaleza, sino que también le abrió la puerta para recuperar una de las grandes pasiones de su infancia: la convivencia con animales.

Él mismo rememoraba este reencuentro con sus raíces y su amor por los animales durante su paso por los micrófonos del programa Como el perro y el gato: “De niños siempre tuvimos perro. Luego, al venirme al casi campo, a una casa con un espacio exterior más allá de la pura vivienda, los volví a tener”.

A pesar del paso de los años y de la intensa presión mediática que rodea su figura, Alsina mantiene un vínculo inquebrantable con sus raíces. En esa numerosa familia que creció compartiendo habitaciones y literas, cada uno de los hermanos ha terminado trazando su propio destino laboral en sectores que nada tienen que ver entre sí.

En ese refugio rodeado de naturaleza y junto a sus perros, el locutor ha logrado construir un blindaje perfecto, demostrando que se puede ser una de las mentes más influyentes de la radio española sin renunciar a una vida tranquila, discreta y alejada de los focos.