Lamine Yamal celebra su gol en el España-Arabia Saudí del Mundial

Lamine Yamal celebra su gol en el España-Arabia Saudí del Mundial EFE

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Lamine Yamal, 19 años: "Siempre le digo a mi madre que le agradezco mucho porque, tan difícil como lo tenía ella, hizo que yo viera todo lo bueno"

El conmovedor motivo por el que Lamine Yamal recuerda con tanta felicidad su humilde infancia

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Antes de los goles, los récords y los focos del Mundial, hubo un niño en un barrio de Mataró.

Lamine Yamal, hoy uno de los futbolistas más admirados de España, no esconde que su infancia no fue un camino de rosas. Pero tampoco la recuerda con amargura. Y eso, según él mismo ha explicado, se lo debe a una persona muy concreta.

Un barrio que lleva en la piel

Lamine Yamal creció en Rocafonda, un barrio de Mataró que sigue muy presente en su día a día, aunque su carrera lo haya llevado a los estadios más grandes del mundo.

Allí vivió unos años marcados por las estrecheces económicas y familiares, aunque de puertas para adentro las cosas se vivieran de otra manera.

En una entrevista para DAZN, el propio jugador recordó aquella etapa con una sinceridad que sorprende en alguien tan joven.

Reconoció que las cosas no siempre fueron fáciles, pero quiso dejar claro el motivo por el que guarda un buen recuerdo: "mi madre hacía que yo solo viera lo bonito".

Sheila Ebana, el pilar de todo

Detrás de esa infancia protegida está Sheila Ebana, nacida en Guinea Ecuatorial y madre del futbolista.

Ella tuvo que lidiar con dificultades reales mientras intentaba darle a su hijo una vida estable, sin que las preocupaciones de los adultos le quitaran a Lamine la posibilidad de vivir su niñez como tal.

El jugador es consciente de ese esfuerzo silencioso y no duda en reconocerlo cada vez que puede. Según sus propias palabras, "Siempre le digo a mi madre que le agradezco mucho porque, tan difícil como lo tenía ella, hizo que yo viera todo lo bueno". No es casualidad que se refiera a ella públicamente como su primer gran amor.

Una familia que sostiene

La imagen pública de Lamine Yamal, rodeada de presión mediática y expectativas desmedidas, contrasta con una vida familiar muy presente.

Su padre, Mounir Nasraoui, ha estado a su lado desde los primeros pasos en el fútbol, cuando compaginar la formación deportiva con el día a día no era sencillo.

También tiene un vínculo muy estrecho con su hermano pequeño, al que trata prácticamente como si fuera su propio hijo, y con su abuela paterna, Fátima, que le repite siempre los mismos consejos: "que no me ponga ropa negra y que sonría y cuide a mis padres". Pequeños gestos que, sumados, construyen una red familiar sólida.

A esa red se ha incorporado en los últimos meses la creadora de contenido Inés García, su pareja actual, con quien forma una de las relaciones más seguidas de este Mundial.

El orgullo de unos orígenes

Sheila Ebana también ha salido en defensa pública de la identidad de su hijo frente a quienes han puesto en duda su vínculo con Guinea Ecuatorial.

Su respuesta fue clara: "me duele que la gente diga que no lo es".

Lamine, por su parte, ha convertido ese origen en parte visible de quién es. Cada gol que celebra con el gesto del 304, el código postal de Rocafonda, es un pequeño homenaje al barrio que lo vio crecer y a la gente que lo acompañó cuando todavía nadie hablaba de él.

Más allá de los trofeos que pueda levantar o de su acierto de cara a portería, lo que verdaderamente define su trayectoria es la gratitud hacia una madre que se convirtió en su escudo, logrando protegerlo de la cara más amarga de la vida.