Persona tomando el sol y haciendo deporte en la terraza comunitaria

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Confirmado por ley: el truco legal para que tu comunidad te ceda el uso exclusivo de la azotea y asuma el mantenimiento

La normativa permite que un solo vecino disfrute de espacios comunes de forma privada, pero exige el acuerdo unánime de todo el edificio

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En la inmensa mayoría de los bloques de viviendas, la azotea es un espacio que pertenece a todos los vecinos por igual. Suele destinarse a instalaciones comunes, a tender la ropa o, directamente, queda como una zona muerta.

Sin embargo, es muy habitual que un propietario se plantee aprovecharla de forma privada. La idea de guardar objetos, colocar una mesa para comer al aire libre o instalar una tumbona es una tentación recurrente.

Lo que dice la ley

Aunque pueda parecer un conflicto seguro, la legislación española contempla esta posibilidad. Un vecino puede usar una zona común de manera exclusiva, siempre y cuando se cumplan unas condiciones muy estrictas.

La Ley de Propiedad Horizontal, encargada de regular la convivencia dentro de las comunidades, establece el marco legal para que un propietario pueda apropiarse temporalmente del uso de la azotea, un patio o el garaje.

El requisito de la unanimidad

Según marca el artículo 17.6 de esta normativa, para que el uso privado de un espacio común sea cien por cien legal, es absolutamente necesario que todos los propietarios del edificio estén de acuerdo.

Junta de vecinos / CAFINCAS

Junta de vecinos / CAFINCAS

Esto significa que el vecino interesado debe exponer su propuesta formalmente en una junta de propietarios. Allí, la petición se someterá a votación con el resto de los dueños de las viviendas.

El poder del voto en contra

En este tipo de decisiones tan excepcionales, no basta con lograr una mayoría simple ni una mayoría cualificada. La ley es tajante y exige la unanimidad total del bloque para aprobar la cesión.

Por lo tanto, el poder de veto es absoluto. Si un solo vecino vota en contra durante la junta, el acuerdo fracasa automáticamente y la azotea no podrá utilizarse de forma privativa.

Obligaciones del beneficiario

En el caso de lograr esa difícil unanimidad, la concesión del uso exclusivo no sale gratis. Normalmente, la comunidad establece unas condiciones claras que el vecino beneficiado está obligado a cumplir.

El propietario que utilice la azotea debe asumir íntegramente el mantenimiento de esa zona. Esto incluye mantenerla limpia y hacerse cargo económicamente de las pequeñas reparaciones que puedan surgir.

Límites estrictos de uso

Es vital entender que, aunque se conceda el uso privado, la azotea sigue siendo un elemento común del edificio. El propietario no tiene carta blanca para hacer cualquier cosa en ese espacio prestado.

Está terminantemente prohibido realizar obras sin permiso expreso de la junta. Tampoco se pueden instalar elementos que afecten a la estructura del edificio, ni generar ruidos que alteren la convivencia.