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El 14 de febrero se ha convertido en una fecha marcada en rojo por la intensa actividad comercial y la presión social. Parejas de todo el mundo buscan materializar su afecto a través de obsequios que escalan anualmente en precio y sofisticación.

La industria aprovecha este impulso emocional para lanzar ofertas que ponen a prueba los límites de las tarjetas de crédito.

Mercado disparado

En este contexto de consumo desbordado, el sector del gran lujo en Barcelona ha decidido romper todos los registros. La tendencia actual ya no se conforma con joyas o viajes convencionales, sino que busca la exclusividad absoluta.

El restaurante del Majestic Hotel Cedida

Bajo esta premisa, el Majestic Hotel & Spa ha presentado una propuesta cuyo coste de partida es de 100.000 euros. Se trata de un producto diseñado para ser adquirido únicamente por una sola pareja, garantizando así su carácter irrepetible.

Llave única

La oferta privatiza espacios icónicos de la ciudad durante tres días y dos noches para el uso y disfrute de dos personas. El objetivo es transformar la estancia hotelera en un relato hecho a medida que justifique el elevado desembolso económico.

La terraza del Majestic Hotel Cedida

El protocolo de llegada incluye el traslado hasta el Passeig de Gràcia en un vehículo de la marca Rolls Royce. Los compradores accederán al interior del establecimiento caminando sobre una alfombra roja dispuesta exclusivamente para la ocasión.

Estancia real

El alojamiento tendrá lugar en la suite más amplia de la ciudad, que cuenta con una superficie de 467 metros cuadrados. Este espacio dispone de dos terrazas panorámicas que ofrecen vistas privilegiadas sobre la arquitectura del centro urbano.

Majestic Royal Penthouse - Majestic Hotel & Spa Barcelona cedidas

La ambientación de la vivienda será intervenida con arreglos florales y velas artesanales según las preferencias previas. Asimismo, la personalización incluye la composición de una pieza musical original creada para ser escuchada durante la visita.

Aroma propio

Como parte del servicio, un perfumista desarrollará una fragancia a medida que será entregada a los asistentes como recuerdo. Durante toda la estancia, los huéspedes contarán con un servicio de mayordomía y atención personalizada permanente.

La primera noche implica la clausura total de la terraza de la azotea para el uso privado de los dos clientes. Este espacio ofrece una perspectiva directa de monumentos como la Sagrada Familia y la Torre Glòries sin testigos ajenos.

Cena privada

El chef ejecutivo del establecimiento firmará un menú degustación creado específicamente para ser servido esa noche bajo las estrellas. La cena estará acompañada por un maridaje de vinos seleccionado y la actuación de músicos en directo.

La velada en la azotea culminará con la intervención de un astrólogo para realizar una lectura simbólica del futuro. La jornada siguiente reserva el cierre total de las instalaciones de bienestar e hidroterapia del edificio.

Bienestar cerrado

El área de balneario se convertirá en un recinto privado donde no podrá acceder ningún otro cliente alojado. Se aplicarán masajes sincronizados a cuatro manos y diversos rituales corporales personalizados para los dos asistentes.

Los tratamientos faciales utilizarán productos de alta cosmética de firmas locales de prestigio internacional. El paquete turístico incluye también el acceso privado fuera de horario a un icono cultural de Barcelona.

Visita nocturna

En este emplazamiento histórico se realizará una visita guiada a puerta cerrada y se servirá una segunda cena. El servicio de restauración en este monumento correrá a cargo de la división de servicio de comidas del propio hotel.

El Bar del Majestic cedida

Como cierre de la estancia, se entregará un álbum fotográfico encuadernado a mano que documentará los tres días. La propuesta incluye una invitación prioritaria de carácter vitalicio para acceder a futuras experiencias de la marca.

Valor intangible

Esta iniciativa refleja cómo el mercado del lujo ha virado hacia la venta de experiencias efímeras frente al producto físico. Lo que se cobra no es solo la pernoctación o la gastronomía, sino la privacidad y la personalización extrema.

En un mundo globalizado, el verdadero estatus se demuestra accediendo a lugares y momentos vetados para el resto. La cifra de 100.000 euros marca un nuevo hito en la escalada de precios asociada a la celebración del día de los enamorados.

Capricho extremo

La experiencia busca atraer a fortunas capaces de gastar en un fin de semana lo que cuesta una vivienda media. Es el ejemplo máximo de cómo las fechas señaladas sirven de catalizador para mover grandes sumas de capital.

Barcelona se posiciona así en el circuito internacional de destinos capaces de satisfacer los caprichos más caros. Queda por ver quiénes serán los dos únicos clientes que decidan pagar este precio por celebrar su amor.

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