El segmento comercial más exclusivo de Barcelona opera bajo sus propias reglas. Mientras la incertidumbre económica puede afectar a otros sectores, las arterias mercantiles más importantes de la capital catalana exhiben una actividad frenética. El cambio constante de rótulos en las fachadas revela un mercado en plena ebullición donde el precio no parece ser un obstáculo.
Se trata de una batalla por el prestigio y los metros cuadrados en las ubicaciones más codiciadas. Los operadores globales pugnan por asegurar una posición en un escaparate que garantiza el acceso tanto al bolsillo local como al incesante flujo de turistas. Este dinamismo ha convertido el centro de la ciudad en un imán para el capital foráneo.
Dominio internacional
Los datos facilitados por la consultora JLL confirman esta tendencia de forma rotunda. Durante los tres primeros trimestres del año pasado, las marcas internacionales protagonizaron la inmensa mayoría de los contratos cerrados. En concreto, siete de cada diez nuevas aperturas corresponden a firmas extranjeras que desembarcan en la ciudad.
Tienda de Guess en paseo de Gracia
Las empresas de moda y deportes se erigen como las protagonistas absolutas de esta expansión. Estas categorías acumularon más de la mitad de las operaciones principales en el eje que forman Passeig de Gràcia, portal de l'Àngel y la avenida Diagonal. La estrategia es clara: la presencia física se mantiene como un activo vital para la imagen de marca.
Techo de España
Este apetito voraz por la superficie tiene consecuencias directas sobre los costes fijos. El Passeig de Gràcia ha consolidado su posición como la calle comercial más cara de España. Las rentas prime alcanzan los 269 euros por metro cuadrado al mes, una cifra que supera incluso a la Milla de Oro del barrio de Salamanca en Madrid.
Tienda Stradivarius de Passeig de Gràcia
A pesar de estos precios desorbitados, encontrar un hueco libre resulta una tarea ardua. Los analistas sitúan la tasa de desocupación en un escaso 3%, lo que supone una fricción técnica. Para los propietarios, esta avenida representa un refugio financiero que garantiza una ocupación casi inmediata en caso de rotación de inquilinos.
Nombres propios
Los movimientos recientes ilustran esta reformulación del eje del lujo. Firmas de alta joyería como Chaumet y Carrera han plantado su bandera para reforzar el carácter exclusivo del bulevar. A ellas se suman gigantes del textil como Weekend Maxmara o Onitsuka Tiger, que buscan captar a un perfil de comprador premium.
La magnitud de las operaciones también resulta llamativa por el tamaño de los locales. Hugo Boss inauguró una imponente flagship de casi 2.000 metros cuadrados en la antigua sede de Banca Catalana. En otro segmento, Primor abrió una macrotienda superior a los 1.000 metros, mientras el sector restauración suma actores como el popular Circolo Popolare.
Perfil urbano
A escasos metros, el portal de l'Àngel mantiene su estatus con un enfoque diferenciado. Su carácter peatonal atrae a un target más joven y dinámico, enfocado en las tendencias urbanas. La disponibilidad de locales aquí es todavía menor y ronda el 2% debido a la altísima presión de la demanda.
El perfil de los nuevos inquilinos refleja este espíritu urbano y desenfadado. New Balance tomó el relevo del espacio que ocupaba AW Lab, mientras que New Era sustituyó a la firma Rituals. La rotación incluye también la llegada de marcas como Legit, lo que confirma a la calle como un polo estratégico para el streetwear.
Tablero cambiante
La onda expansiva de esta actividad llega también a los enclaves adyacentes. Movimientos icónicos como el traslado de Fnac a las Ramblas permitirán a MediaMarkt ocupar el histórico espacio en El Triangle. Inversores como AX Partners proyectan además reformas en edificios como el Palau Castanyer para adaptarlos a las nuevas necesidades.
Barcelona demuestra así una resiliencia comercial envidiable ante los vaivenes del mercado. Con tasas de ocupación casi totales y rentas en constante ascenso, el centro prime se consolida como un valor seguro donde las marcas internacionales están dispuestas a pagar el precio de la exclusividad para mantener su estatus.
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