Adiós a esta mítica turronería de Girona, Torrons Guillermo Mira

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Adiós a esta mítica turronería de Girona: 30 años de turrón, horchata y panellets caseros

Guillermo y Belinda se despiden de una clientela a la que conquistaron con sus bromas y sus recetas tradicionales

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Los cierres de grandes empresas siempre ocupan portadas de periódicos; en cambio, los negocios familiares, a pesar de ser históricos, suelen hacerlo con discreción.

Esto es lo que ha sucedido en Girona con Torrons Guillermo Mira, un pequeño negocio familiar regentado por un matrimonio originario de Xixona que trasladó su conocimiento a tierras catalanas.

La familia, de origen modesto, empezó en su tierra natal, pero pasadas las Olimpiadas se trasladó a Cataluña. No optaron por Barcelona, demasiado grande, sino por Girona. La jugada les salió redonda, y eso que tenía su riesgo.

Guillermo y su mujer, Belinda Espí, llegaron con Blanca, su primera hija. No podían dormirse en los laureles. Y no lo hicieron.

Primera tienda

En 1995 abrieron su primer establecimiento en la calle Fontanilles. Allí, en la rebotica, elaboraban ellos mismos el turrón a la manera tradicional.

En la pared de todas sus tiendas siempre colgó el sello de calidad que confirmaba que Guillermo y Belinda eran maestros turroneros de Xixona, un título que, incluso jubilados, llevan con mucho orgullo.

El lugar que los vio crecer

Lamentablemente, no tuvieron suerte con el local, aunque sí con los clientes. El crecimiento y desarrollo de Girona acabó con el edificio de Fontanilles, obligando a Guillermo y Belinda a buscar una solución.

Emprendedores como pocos, no tardaron en encontrar otro lugar para seguir con su negocio y su pasión. En 1996 se trasladaron a un local de la calle Juli Garreta, cerca de la estación.

Allí el negocio creció. A pesar de que los turrones se pueden comer todo el año, los Mira-Espí fueron conscientes de que no toda la ciudadanía de Girona estaba dispuesta a consumirlos fuera de temporada.

Como buenos alicantinos, decidieron que la turronería, a partir de Semana Santa y hasta septiembre, se transformaría en una heladería. Les dio igual no contar con terraza: nadie tenía su fórmula.

100% de Xixona

Y es que, con los helados, decidieron volver a apostar por la artesanía y el conocimiento: apareció la horchata. Una horchata que nada tenía que ver con las prefabricadas.

La misma cocina que en invierno veía trabajar la masa de los turrones asistía en verano a la elaboración de esta bebida típica valenciana. Una horchata que solo se podía tomar en Girona.

Clientas habituales

Gracias a esta combinación de turronería, heladería y horchatería, el negocio funcionó y se consolidó. Gracias también a la simpatía y el humor de Belinda, que de vez en cuando soltaba alguna de sus frases favoritas del APM?, y al talento del maestro Guillermo con los turrones, se ganaron el favor de los gerundenses.

La clientela empezó a ser fija e incluso internacional. Hasta el último día del negocio acudían clientes habituales, como Montse, a los que Blanca y Georgina veían tanto que la llamaban la "tieta Montse". O la señora Touron y la Poch-Call, dueñas de un negocio muy popular en la ciudad.

Muestras de helados

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Y es que, la turronería se ganó la confianza de todos aquellos que estaban cerca. "Anestèsia Girona nos compran desde que llegamos a Girona", afirman.

Tampoco falta el cliente internacional. Muchos turistas venían aquí a probar los helados y otros, quedaban conquistados por los turrones. Tanto es así que estaba "el francés", como le llamaban en confianza que, al llegar octubre-noviembre, se pasaba por el local para hacerse con sus turrones favoritos para sus Navidades.

Una oferta muy variada

No solo elaboraban el clásico turrón blando de almendras. Había turrón duro y de guirlache, pero también de chocolate con almendras, de praliné, de frutas… todo junto a los mazapanes.

Los Mira-Espí sabían lo que se hacían y, sobre todo, supieron siempre leer a la gente y entender qué quería. De ahí que, en octubre y noviembre, los turrones convivieran con los panellets, también caseros.

Su éxito era tal que, por temporadas, sus hijas, Blanca y Georgina, tenían que acudir a la tienda para echarles una mano y poder atender a todo el público.

Era habitual verlas correr detrás del mostrador, preguntando a sus padres si quedaba más turrón blando o si Guillermo ya tenía lista la horchata, porque se habían quedado sin.

Última mudanza

El volumen de negocio fue tal que en 2013 cambiaron de local. Se trasladaron al carrer del Carme y ganaron espacio y diseño.

Allí había sitio para un par o tres de mesas, donde en verano los clientes podían tomarse una horchata o un granizado con tranquilidad. Incluso algún año consiguieron permiso de terraza.

Turrones artesanales

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Para esta nueva etapa, además, la imagen cambió. El ilustrador Pol Galí, amigo de Georgina y de toda la familia, diseñó una nueva carta con un maestro turronero que daba la bienvenida tanto a los clientes de siempre como a los nuevos. Los mismos que, a partir de ahora, los van a echar de menos.

El 29 de diciembre de 2025, como cada año, la persiana de Torrons Mira no se subió. Y ya no volverá a hacerlo. Los Mira-Espí se han jubilado, por fin. Lo hacen con la pena de cerrar un negocio familiar, pero con la satisfacción del trabajo bien hecho.

Ahora, a Guillermo y Belinda les toca descansar sin la presión de tener que poner el despertador para ir a abrir. Y, si quieren turrones u horchata, no pasa nada: ya se los harán en casa, para ellos y para sus hijas. Y, si alguien más quiere, “¡que n’aprenguin!”.