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Nuria Amat: “Soy hija de silencios y nunca he soportado la mentira”

Amat publica 'Memorias de una mujer libre', un libro en el que expresa su querencia por la metaliteratura, a partir de su propia vida y sus objetivos: "defender a los humillados"

Nuria Amat, escritora, posa para Letra Global / LENA PRIETO (LETRA)
Nuria Amat, escritora, posa para Letra Global / LENA PRIETO (LETRA)

La vida y la literatura como un conjunto difícil de disociar. Las vivencias y la carrera profesional, los amores y las hijas, los temores y la ambición literaria. Todo eso lo une Nuria Amat, no lo divide en compartimentos estancos. Y lo sabe expresar y de qué manera, dejando al lector la sensación de que tiene entre manos una novela de alto voltaje. Amat, escritora “profundamente barcelonesa”, aunque también “latinoamericana”, ha publicado Memorias de una mujer libre (La esfera de los libros), un libro donde refleja su honestidad, y donde tampoco evita dardos y críticas a su sociedad, la catalana, y en el que alaba también a muchas figuras, como Carmen Balcells o Carlos Fuentes, o, claro, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Su querencia por la metaliteratura, que se evidencia en una gran parte de su obra, se constata en este libro, aunque Amat buscaba expresarse, desnudarse, sin complejos, desde una premisa insobornable: “Soy hija de silencios y nunca he soportado la mentira”, como señala en una larga conversación con Letra Global.

Amat habla de su padre, de su familia, de la madre que no pudo conocer, al fallecer cuando era muy pequeña. De sus hermanos, con relaciones difíciles. El lector sabrá indagar en ello. Y analiza la literatura, la suya, su inclinación por América Latina, por los escritores que le dejaron huella, comenzando por su primera pareja, el colombiano Óscar Collazos. Con él descubre el continente americano con solo algo más de 20 años.

¿Hay que jugar con la vida, como material literario? Amat, sin buscarlo de una forma directa, engarza con lo que defiende el escritor argentino Rodrigo Fresán, como demostró en su obra La parte inventada (Random House). Fresán señala que “toda literatura es metaliteratura”, al entender que todo lo que se escribe siempre incorpora altas dosis de lo que le ocurre al escritor.

El nuevo libro de Nuria Amat / LENA PRIETO (LETRA)
El nuevo libro de Nuria Amat / LENA PRIETO (LETRA)

Amat relata una anécdota que expresa esa cualidad. En el libro explica cómo conoció a Samuel Beckett. Lo veía en casa de unos amigos, lo trató y lo describe con una gran naturalidad en las páginas de Memorias de una mujer libre. Pero lo escribió en un primer relato breve, que causó sensación en Oriol Regàs, uno de sus grandes amigos. “Me dijo que le había encantado esa ‘bonita historia de ficción’ y me di cuenta entonces de ese poder, de esa visión para, desde la realidad, crear la posibilidad de la ficción. Pero en estas memorias no he inventado nada. Lo más importante en toda mi carrera ha sido encontrar el tono narrativo. Soy lectora de memorias y de biografías, no tanto de diarios, salvo los de Trapiello. Y me he acordado de todo, de los detalles más pequeños. Ahora mismo recuerdo también cómo comencé a escribir este libro, un viernes por la tarde, justo con el tono que quería. Si lo alcanzas, luego se trata de tirar del hilo, como un ovillo”.

Pero, ¿por qué la necesidad de explicar la vida de un escritor, con ese detalle, que deja al lector aterrado ante los malos tratos sufridos a manos de uno de los hermanos?  “Soy hija de silencios, y por mi condición de vida, no soporto la mentira. Cuando se dice que la verdad no existe, no es cierto. Claro que existe”.

Nuria Amat responde a las preguntas de Letra Global / LENA PRIETO (LETRA)
Nuria Amat responde a las preguntas de Letra Global / LENA PRIETO (LETRA)

Autora de la novela El sanatorio, en el que aparecen los escritores favoritos de Amat, y que es una crítica severa al proceso independentista en Cataluña, escritora de Reina de América o Amor y Guerra, Amat plasma una especie de “y si….”, que ya no tendrá remedio. En su carrera literaria dice 'no' a importantes editores, desde Jorge Herralde, a Mario Muchnik pasando por Carlos Barral. “Podría haber vendido más, tal vez. Esas renuncias, a Herralde o Barral, porque ya tenía compromisos previos, pudieron perjudicarme. Pero había dado la palabra, a una editora feminista y a Pepe Ribas, gran amigo. Son cosas que suceden y es bueno reflejarlas”, asegura.

¿Mujeres amigas?

Amat, conectada con el llamado ‘boom’ latinoamericano, escritores que se afincaron en Barcelona, protegidos por la gran agente literaria Carmen Balcells, se considera una escritora periférica, que ha buscado su propia voz, más conectada con el castellano de Colombia que con los narradores de la modernidad de la democracia española de Madrid. Y eso “imprime carácter”. Nuria Amat señala que quiso constituir una “casa de escritores en Barcelona, y no fructificó, en cambio sí existe en México, con las bibliotecas que tenían los escritores en sus propios domicilios”.

Ese es un hecho crucial para la escritora de Memorias de una mujer libre. Su biblioteca está en su casa en Barcelona. Y, por tanto, eso ha evitado que Amat se trasladara a otra ciudad. “He vivido en Madrid, para escribir El Sanatorio, pero quise regresar a mi ciudad, que es Barcelona”, concluye.

¿Enfrentamientos? Algunos. ¿Cómo se relacionan las mujeres entre ellas, las que compiten en una misma profesión? ¿Lo hacen igual que los hombres? Amat explica su experiencia: “De mí han escrito más los hombres que las mujeres, y se ha dicho que eso se explicaba porque muchos eran mis amantes, algo que resulta absurdo. He tenido amigas, como Rosa Montero o Anna Maria Moix, pero es cierto que las escritoras han sido más reacias. Tampoco tienen por qué ser todas amigas”, sentencia Amat, que refleja en el libro sus diferencias con Rosa Regàs. ¿Qué pasó? Eso queda para los lectores de esas memorias literarias.

Nuria Amat y Manel Manchón durante la entrevista para Letra Global / LENA PRIETO (LETRA)
Nuria Amat y Manel Manchón durante la entrevista para Letra Global / LENA PRIETO (LETRA)

¿Otras diferencias? Mercedes Milà habla de El Sanatorio, pero confunde el título, le llama El Santuario. Y reconoce luego, después de dejarlo mal, que no lo había leído. Cosas de la profesión, que Amat no quiere esconder y plasma en el libro. ¿Más metaliteratura?

Lo que pretende Amat es encontrar una posición. En la literatura los escritores se pueden dividir en varios grupos. Nadie discute, y menos Nuria Amat, el compromiso que cada uno adopte con su sociedad. Pero ella tiene clara su actitud. “Thomas Mann calló cuando pudo decir más, siendo ya un Premio Nobel. Yo creo que un escritor debe estar comprometido con el momento en el que te ha tocado vivir. Y yo lo he hecho”. Sus alusiones al pujolismo y después al proceso independentista son constantes en su libro, con críticas aceradas, con una defensa cerrada de los escritores catalanes, comenzando por su amigo Juan Goytisolo, que decidieron publicar en lengua castellana.

"Cataluña se ignora en Madrid"

¿Han sido unos inadaptados, como ha señalado el nacionalismo catalán a esos colectivos? Amat justifica su actitud. “En mi caso, siempre he estado a favor de los humillados, después de tener un abuelo autoritario –Frederic Amat, prohombre de la Lliga Regionalista de Francesc Cambó—y de conocer de primera mano una sociedad cerrada y conservadora. Y ahora me quejo un poco de Madrid, porque debo decir que en Barcelona lo tengo más fácil, con amigos que me conocen y entienden”.

¿Qué apunta Amat? La paradoja que ha aparecido, a su juicio, es que en Madrid Cataluña ya no interesa. Una vez superado el procés, no hay una empatía con lo que sucede en Barcelona. “Hay una frontera que ya no se quiere traspasar. El hecho es que ahora se ignora a Cataluña. Simplemente no interesa, ni tan solo los que habíamos estado en contra de un proceso que nos dividía”.

¿Algunas claves para los amantes de las interioridades de la sociedad catalana? Amat no decepciona. No quiere mentir. Es su visión. Si hay otras, que salgan a la luz. La suya es que la que fue su pareja, el arquitecto Jordi Garcés, fue con ella “una persona tóxica”. Un hecho que ahora no se tolera.

Tampoco se esconce cómo y por qué Amat se embarcó en el proyecto de Manuel Valls en Barcelona, que acabó, “por muchas razones”, mal, aunque con un cambio en la alcaldía: Ada Colau en lugar de quien ganó las elecciones, el republicano Ernest Maragall, hermano de Pasqual Maragall, en quien se apoyó Nuria Amat junto a muchos otros amigos “maragallianos” en la Barcelona esplendorosa de los Juegos Olímpicos de 1992, justo hace treinta años.