Sant Jordi en tiempos de pandemia / DANIEL ROSELL

Sant Jordi en tiempos de pandemia / DANIEL ROSELL

Letra Clásica

Sant Jordi, incertidumbre y pandemia

El Día del Libro, que supone el 5% de las ventas del sector, se celebra este 2021 durante tres jornadas con la esperanza de atenuar la crisis de librerías, editoriales y escritores

17 abril, 2021 00:10

A diferencia de lo que sucedió en 1962 y, casi una década después, en el año 1973 debido a la coincidencia con la Semana Santa y al contrario de lo ocurrido el pasado año a raíz del confinamiento estricto, la ceebración del Sant Jordi 2021 no se verá postergada ni suspendida. El Día del Libro no sólo se adelantará a su fecha tradicional –el 23 de abril–, sino que su duración será mayor de lo habitual. Para evitar aglomeraciones, se va a permitir a las librerías instalar paradas en la calle a partir del próximo miércoles –21de abril– y hasta el viernes 23. Serán así tres días de celebración, si bien con la incertidumbre propia de la pandemia

La mayoría de las librerías, según el Gremi de Llibreters, encara esta celebración, que les reporta alrededor del 5% de sus ventas anuales, con voluntad de normalidad. En 2019, cuando tuvo lugar el último Sant Jordi previo a la pandemia, las ventas oficiales de libros ligadas a la efeméride –la estadística no incluye los de texto– reportaron 22 millones de euros a la industria. Difícilmente este año se alcanzará esta misma cifra, aunque se espera que ésta edición sea mejor que la del pasado año, cuando, tras retrasar el Sant Jordi hasta el 23 de julio, el día del libro reportó al sector apenas una cuarta parte de sus ganancias habituales. Las ganancias rondaron los 5 millones de euros, cifra netamente más baja respecto al año anterior, aunque más elevada de lo que se esperaba. 

¿Hasta qué punto puede ser optimista el sector ante la próxima celebración? ¿La prolongación de Sant Jordi impedirá que la facturación descienda? Si bien tanto desde el Gremio de Libreros como desde el de Editores de Cataluña se advierte que, pese a las medidas tomadas, esta edición no es equiparable a la de 2019 ni a otros años anteriores, Patrici Tixis, presidente de este último gremio, cree que es posible estar esperanzados si nos aferramos al crecimiento del hábito de la lectura durante el pasado año. Según datos oficiales, no solo ha disminuido el porcentaje de los no lectores –hemos pasado de un 45% a un 36%–, sino que ha aumentado el tiempo destinado a la lectura semanal una hora y media: de 7 a 8 horas y media. 

Imagen del día de Sant Jordi de 2020, que ya estuvo marcado por la pandemia / EFE

Imagen del día de Sant Jordi de 2020, que ya estuvo marcado por la pandemia / EFE

Sin cuestionar los datos ofrecidos por Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) y el Ministerio de Cultura, lo cierto es que el panorama está lleno de luces y sombras. Y, de hecho, Tixis confesaba: “somos una gran potencia editorial, pero no de lectura”. El volumen de publicación –hace unos días el poeta y editor Juan F. Rivero comentaba en las redes sociales que en los primeros cuatro meses de este año se han inscrito 10.000 libros en el Depósito Legal de Publicaciones de la Comunidad de Madrid– esta cifra no casa con el número de lectores. En 2020 las exportaciones apenas sirvieron para paliar este desajuste, puesto que cayeron entorno al 40%. 

Las condiciones en las que llegan a este Sant Jordi editoriales, librerías y autores, protagonistas de las firmas y eternos olvidados a la hora de hacer el balance económico del sector, no son las mejores. No hay que olvidar que, en Cataluña, las librerías de menos de 400 metros fueron obligadas a cerrar cuatro fines de semana y las de más de 400 metros, cuatro semanas desde el 7 de enero hasta primeros de febrero, cuando se las reconoció como comercios esenciales. ¿Puede el Sant Jordi dar oxígeno al sector? Las opiniones son dispares, igual que la confianza en el impacto de la celebración del libro. Todo organizado, pero el Procicat, organismo responsable de la última decisión, todavía no ha dado su visto bueno a la celebración de este Sant Jordi, que podría ser objeto de reevalución si se alcanzan los 200 casos de contagio por cada 100.000 habitantes, una cifra que puede verse superada a finales de mes. 

Librerías en tiempos de crisis  / DANIEL ROSELL

Librerías en tiempos de crisis / DANIEL ROSELL

Librerías 

Como ya ocurriera el pasado año durante el confinamiento, las librerías catalanas tuvieron que hacer frente al auge de contagios cerrando sus puertas total o parcialmente el pasado enero. Mientras que Amazon seguía dispensando títulos sin restricción alguna, las librerías debieron adaptarse a la nueva situación y, como en meses anteriores, muchas fomentaron la preventa online de libros, que los lectores podían recoger cuando en las librerías estuvieran abiertas. El cierre durante cuatro fines de semana –los sábados son los días en los que se registran mayores ventas– supuso una pérdida del 39% en facturación que, además, no fue posible recuperar en las siguientes semanas. No hay garantías de que este Sant Jordi vaya a permitirlo. 

Las dificultades a las que se enfrenta el gremio de libreros no tienen que ver tanto con la celebración o no del Día del Libro cuanto con los cierres obligados, la competencia desleal de Amazon y la falta de ayudas institucionales. No hay que olvidar de que, pese a las promesas, en enero la Generalitat no incluyó a las librerías dentro de los comercios esenciales, como sí hizo el gobierno francés nada más comenzar la pandemia. Las librerías se enfrentan al próximo Sant Jordi tan esperanzadas como escépticas. Ni la situación sanitaria ni la económica acompañan. 

El aforo en el interior de estos negocios –siempre a la espera del dictamen del Procicat– será del 50% y, si bien se podrán poner tenderetes a sus puertas, existe la obligación de evitar aglomeraciones. Por esto se permitirá que los tenderetes ocupen las calles a partir del día 21, controbuyendo así que las firmas de libros por parte de los autores no se concentren en un único día y que los lectores distribuyan las compras a lo largo de más de un día. Algunas liberías ofrecen a sus lectores libros firmados con anterioridad por los autores que, de esta manera, no tendrán que acudir presencialmente..

Volúmenes en una de las librerías de Barcelona / DAVID ZORRAKINO (EUROPAPRESS)

Volúmenes en una de las librerías de Barcelona / DAVID ZORRAKINO (EUROPAPRESS)

Se espera un Sant Jordi de proximidad en el que los lectores acudan a sus librerías de barrio y distrito, muchas de las cuales tendrán su parada frente a sus locales, en lugar de  en los espacios seguros habilitados por los ayuntamientos. En el caso de Barcelona, previsiblemente estos puntos se instalarán en la Plaza Real, en el Paseo de Gràcia y en el de Lluís Companys (Arco del Triunfo), así como en los jardines de del Palau Robert, en algunos tramos de la Diagonal, en los Jardinets de Gràcia, en la plaza de Major de Sarrià, en la de la Vila de Gràcia y en la plaza Orfila de Sant Andreu o en la Rambla del Poblenou. En todos estos enclaves el aforo será limitado y, como sucede cada domingo en el Mercado de Sant Andreu, habrá controles de acceso

La gran incógnita es hasta qué punto estas medidas favorecerán o no la participación de los lectores. Los libreros insisten desde hace ya varios años en la necesidad de transmitir la idea de que los libros pueden comprar se durante todo el año y que un día de cada 365 no garantiza la supervivencia de las librerías ni la buena salud lectora de la sociedad. Un buen Sant Jordi sería positivo para el sector, pero no resuelve sus problemas. 

Entre tantos claroscuros, hay que destacar es que, en el último año, se ha afianzado la relación entre los lectores y las librerías de barrio. En el último año han abierto sus puertas siete nuevas librerías en Cataluña, entre las que podemos destacar las librerías Byron o Fahrenheit 451, en Barcelona, o la librería Llavors en L’Hospitalet. A ellas, hay que añadir Finestres, que se inauguraba el pasado miércoles 14 de abril. 

Editoriales

Los editoriales concluían el 2020 con unas pérdidas menos catastróficas de lo que se podía esperar en un principio. Concluido el confinamiento estricto de marzo, el mercado de libro se revitalizó de forma asombrosa, algo que resaltó el pasado mes de septiembre, durante la celebración del Foro Edita, Íñigo Palao, consultor de GFK, que señaló que el sector del libro creció un 7% durante los meses de junio, julio y agosto. Parte de este avance se debe a que el hábito de la lectura creció en los meses de confinamiento, durante los cuales las editoriales asistieron a un interés creciente por los libros de fondo, que se fueron imponiendo a las novedades. La caída en ventas en 2020 fue tan solo del 5%, una cifra que, sin embargo, no pudo ser compensada por el crecimiento experimentado por el sector durante 2019 y que supuso un aumento del 2,4% en la facturación.

La revolución de las librerías / DANIEL ROSELL

La revolución de las librerías / DANIEL ROSELL

Al igual  que en años precedentes, Sant Jordi es una fecha importante para la novela comercial y los llamados instant books. Las expectativas de los sellos editoriales más comerciales, sobre todo los pertenecientes a los grandes grupos que tienen en su catálogo a los autores de best-sellers son mayores que en el caso de los sellos independientes. Son esta clase de autores a los que se movilizará este año, confiando en que, a pesar del contexto, sean capaces de atraer el mayor número de lectores posibles, incluidos los puntuales, que no compran libros el resto del año. Aunque las cifras de ventas no alcancen los índices de años previos, probablemente estos autores de superventas puedan mejorar la facturación de empresas como Penguin Random House y Planeta, que, a diferencia de su competidor, decidió en junio reanudar los eventos presenciales en un intento de volver a una normalidad que todavía parece lejana. El resto de editoriales llegan al Día del Libro esperan que aumenten, aunque en términos globales su importancia sea muy secundaria con respecto a lo libros en papel, la venta de ebooks. El mercado está saturado de novedades porque en los primeros meses de 2021 vieron la luz muchos títulos cuya publicación retrasó la pandemia, ya que durante casi tres meses para la mayoría de las editoriales fue imposible publicar y comercializar en 2020 muchos de los títulos que tenían programados. 

Escritores

En su estudio el Libro Blanco del Escritor publicado en 2019, ACE y Cedro señalaban que solamente para el 16% de los escritores los libros suponen su sustento económico principal, pudiendo dedicarse exclusivamente a su creación. En España, 77% de los autores factura anualmente menos de 1.000 euros por derechos de autor. Los datos de este informe mostraban la situación de los autores antes de la llegada de la pandemia, que ha precarizado todavía más su situación, volviéndola insostenible. 

La bajada de ventas ha supuesto una merma en los derechos de autor, ya de por sí insuficientes para buena parte de escritores, sobre todo para los más jóvenes, que ni siquiera pueden contar con anticipos, que en el mejor de los casos no superan los 500 euros. La mayoría de los autores españoles compensan las pocas ganancias obtenidas con sus libros con otras retribuciones: colaboraciones en prensa, conferencias, congresos y ferias y talleres de escritura. “El marzo pasado redujeron un 40% las tarifas en un periódico de tirada nacional”, cuenta un escritor que, sin embargo, se considera afortunado dado que a pesar de que, durante estos meses, vio mermados sus ingresos no tuvo una situación crítica que le obligara a pedir ayudas, algo que sí han tenido que hacer muchos autores, tal y como confirman desde Cedro. 

Las literaturas del 'yo' / DANIEL ROSELL

Las literaturas del 'yo' / DANIEL ROSELL

A diferencia de países como Inglaterra o Francia, cuyos gobiernos ofrecieron inmediato subvenciones para los creadores, en España nunca llegaron. Algunos autores tuvieron que dependen de ayudas autonómicas o estatales para el sector de los autónomos;  otros se dirigieron a Cedro, que creó un fondo especial covid destinado a autores y editores, prestando asistencis a autores y traductores, que ven cómo la pérdida de beneficios por derechos de autores se suma a una disminución sustancial de encargos.  Los 550.000 euros destinados por Cedro han sido vitales para muchos escritores, aunque sólo han atenuado la precaria situación del 70% de los escritores españoles.