Cartel de las semanas culturales dedicadas a Valencia en 2012 celebradas en Barcelona / ESPAI PAÍS VALENCIÀ

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Democracias

Historias del País Valenciano

Los escritores de la Generación del 98, frente a la profundidad de la España castellana, vieron a Valencia como una sociedad abigarrada, fenicia y vividora

19 julio, 2020 00:00

El geógrafo Josep Vicent Boira, hoy coordinador del proyecto del Eje Mediterráneo, publicó en 2012 Valencia, la tormenta perfecta (RBA), un ensayo escrito en medio de la crisis económica iniciada en 2008. Intentaba explicar en qué medida una comunidad, que en su himno proclama “per ofrenar glorias a España”, padecía el desbarajuste de su modelo económico, iniciado en 1995, cuando el PSPV-PSOE fue desplazado por el PP en el gobierno de la Generalitat. La quiebra de cientos de empresas dedicadas a la construcción y sus efectos colaterales habían conducido a unos altos índices de impagados y a un paro creciente, lo que cuestionó la gestión pública de un partido que acabaría desplazado en las elecciones de 2015, después de 20 años de gobiernos con amplio respaldo electoral. Desde 1999 a 2011, el PP gobernó con mayorías absolutas y, en 1995, en coalición con Unión Valenciana (UV), un partido defensor de un nacionalismo que cuestionaba la unidad de la lengua catalana, estaba en contra la denominación País Valenciano y desechaba los planteamientos de cualquier vinculación con Cataluña, en contra de las tesis de Joan Fuster plasmadas en 1962 en Nosaltres els Valencians (Edicions 62). 

El PP incorporó parte de las tesis de UV a su imaginario, así como muchos de sus antiguos militantes. Mientras, el PSPV, que había gobernado desde 1983 a 1995, entró en una convulsión permanente. Las luchas internas provocaron el cambio de distintos secretarios generales y la paulatina disminución de su base electoral. Pero el desgaste político, la crisis del modelo económico y las continuas informaciones sobre corrupción fueron minando el dominio del centro-derecha y, de nuevo, el PSPV-PSOE, en coalición con Compromís, una formación de antiguos militantes del PC y del Bloc,–el nacionalismo pro-unidad de la lengua y con una mezcla ideológica de CiU y ERC–, ocupó la presidencia de Generalitat desde 2015 hasta la actualidad, en lo que ha sido denominado el Pacto del Botánico por el lugar donde se firmó en la ciudad de Valencia.

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Al final, la comunidad valenciana, también llamada País Valenciano, tendrá una gobernabilidad simétrica desde que se aprobó el Estatut en 1983. Los doce primeros años (tres legislaturas) estuvieron presididos por el socialista Joan Lerma, después por Zaplana, Camps y Fabra (PP) entre 1995 y 2015, y de nuevo hasta 2023 estará Ximo Puig (PSPV). Veinte años cada uno. No existe un modelo igual en el resto de las autonomías, donde a lo largo de estos años ha sido hegemónica una u otra formación política: los nacionalismos en Cataluña y Euskadi, el PP en Castilla-León, Galicia,  Murcia, Madrid, La Rioja, y el PSOE en Asturias, Andalucía, Extremadura o Castilla-La Mancha, con periodos cortos de otras formaciones o con peculiaridades en Cantabria y Navarra, pero con un predominio global del  centroderecha.

¿Por qué esta peculiaridad valenciana? Un modelo asimilable al británico, donde laboristas y conservadores se han ido turnando desde el siglo XX, y también en sintonía con lo ocurrido en España, donde PP y PSOE han sido los ejes de la gobernabilidad desde 1982 hasta la actualidad, unos 38 años a pesar de los pactos parlamentarios o la primera colación entre PSOE y UP. Curiosamente, los valencianos han sido considerados por gran parte del resto de los españoles como un pueblo abigarrado, que convive con sus contradicciones, fiestero, fenicio, de gentes dignas de poca confianza, superficial y vividor.

Así lo vieron algunos de los escritores de la generación del 98 como Unamuno o Valle-Inclán frente a la profunda España castellana. Sin embargo, en su inmensa mayoría se sienten españoles. Valencia es un paradigma de la propia España. Su unidad como comunidad es precaria, pero se fortalece poco a poco desde la aprobación del Estatuto en 1983, teniendo en cuenta la derrota de Almansa por las tropas borbónicas de Felipe V y  la desaparición del Reino de Valencia, instaurado en el siglo XIV por Jaume I dentro de la Corona de Aragón, y la abolición de sus Fueros.

Nosaltres els valencians, Joan Fuster

Después las provincias, constituidas en el siglo XIX, arraigaron con fuerza administrativa, pero a su vez con factores peculiares internos. El caso más significativo es el de Alicante donde existen comarcas muy diferentes. Unas, como las Marinas (Dènia, Xàbia, Benissa) se sienten menos alicantinas e intentaron hacer un referéndum en 1932 para vincularse a Valencia cuando Alicante no quiso unirse a la propuesta de Estatuto que propugnó el republicanismo de Blasco Ibáñez.  En el Alcoià, donde un gobernador civil de la UCD empezó un discurso desde el balcón del Ayuntamiento con “Alicantinos, todos…”, no pudo continuar. O la Vega Baja, castellanohablante, más relacionadas con Murcia. También en Valencia existen comarcas donde se habla español, como las de Buñol, Utiel Requena o Enguera. 

Desde principios del siglo XX han crecido en la comunidad movimientos sociales y políticos para todos los gustos: anarcosindicalistas de la CNT de todas las tendencias (el teórico del Partido Sindicalista de Pestaña era el valenciano Marín Civera y su revista Orto); anarquistas revolucionarios del Comunismo Libertario (en el Cabañal, barrio degradado de Valencia, se creó la FAI); sindicalistas de la UGT; católicos con fuerza en Gandía y Ontinyent; PSOE, con socialistas de Largo Caballero y de Indalecio Prieto; trotskistas del POUM; socialistas nacionalistas; carlistas; comunistas pro PCE y pro chinos; trotskistas de Liga Comunista Revolucionaria; nacionalistas comunistas; nacionalistas anti catalanistas de UV; FRAP; GRAPO; Movimiento Comunista; Partido del Trabajo; monárquicos conservadores; liberales monárquicos; republicanos blasquistas de Blasco Ibáñez; sorianistas (de Rodrigo Soriano); azañistas; radicales-socialistas; lerrouxistas; Derecha Regional Valenciana de Luis Lucia vinculada a su manera a la CEDA; demócratas cristianos; falangistas; hedillista; y franquistas …

Toda una amalgama de convivencia de compartimentos estancos, como familias en las que cada cual cuida de los suyos, y donde es escasa la permeabilidad con los otros. También en otras sociedades puede existir esa disparidad de opciones, pero no, tal vez, con la misma capacidad de aceptar que cada cual tiene un espacio que hay que admitir porque nadie resulta hegemónico.