Sandro Veronesi

Sandro Veronesi GALA ESPÍN Barcelona

Letras

Sandro Veronesi: "La libertad que definió los años setenta hoy ya no existe"

El escritor italiano, ganador en dos ocasiones del Premio Strega, publica Septiembre negro, una novela donde relata el fin de la infancia, el comienzo de la adolescencia y la pérdida de la inocencia ante la inmensidad del mundo y la zozobra causada por un futuro incierto

Leer en Castellano
Publicada

“Hace ya tiempo que no voy”, dice Sandro Veronesi cuando se le pregunta por Versilia, la zona de costa de la provincia de Lucca (Toscana), en la que pasaba sus vacaciones de verano y donde transcurre habita Gigio Bellandi, el protagonista de su última novela, Septiembre negro (Anagrama. En catalán, Periscopi). “Ahora Versilia es un museo de sí misma, un territorio que se ha vendido; sin embargo, basta ir un poco más al sur y, siempre en la Toscana, te encontrarás con el Donoratico, una zona todavía a salvo”. No hay melancolía en su mirada, sino la constatación de que los tiempos han cambiado “para peor. “Antes la gente podía permitirse un mes o más de vacaciones en la playa; ahora, una semana como mucho”, comenta el escritor, que consiguió dos veces el Premio Strega: primero con Caos calma y, después, por El colibrí. Llega a Barcelona para presentar una novela en la que Gigio, un chico que está dejando atrás la infancia y se adentra en la adolescencia, pierde la inocencia, descubre las heridas y el dolor que le pueden infligir su entorno y el mundo. Veronesi se interroga qué hacer para mirar al futuro cuando este se vuelve negro.

Esta novela tiene relación con otras obras suyas anteriores, especialmente con El colibrí.

El protagonista de El colibrí, Marco Carrera, es coetáneo de Gigio Bellandi y, si bien no se enfatizan muchos detalles, porque no se trata de una novela histórica, lo que creo que se aprecia en Septiembre negro es la huella de algo que definió esos años setenta y hoy ya no existe. Y este algo es la libertad. Ni para los jóvenes ni para los adultos existe esa libertad de antes: libertad para expresarse, para hacer, para transgredir, para crear…Incluso los más pasivos asistían a un ambiente más libre en el que se escuchaba mucha música, se veía mucho cine, se iba a exposiciones… Nadie decía que no se tenían que ver ciertas cosas o que había textos que no eran los adecuados.

Los adolescentes, como hace Gigio, leíamos Ranxerox, cuyo autor, Tanino Liberatore, es consciente de que hoy no podría publicar un cómic así. No sería entendido su sentido simbólico. Marco Carrera, el personaje de El colibrí, crece en este mismo ambiente: escucha música con sus amigos y practica juegos de azar. El mundo entonces se dirigía a los jóvenes para arrancarlos de los padres, que no entendían la música que escuchaban, ni sus gustos ni su ocio. Ten presente que a los jóvenes de entonces no nos interesaba nada la televisión, pero escuchábamos mucha radio, que era un espacio de absoluta libertad y modernidad. En ese contexto, si querías desaparecer, desparecías.

Sandro Veronesi

Sandro Veronesi GALA ESPÍN Barcelona

Como hace el personaje de Astel.

Sí, desaparecías y nadie te encontraba, además. No existían los móviles, no existían las redes ni internet…Si te ibas a México, ¿quién te iba a encontrar? Entonces, existía la posibilidad de abandonarlo todo y marcharse. Ahora es imposible. Podemos rastrear a cualquiera y nos pueden encontrar vayamos dónde vayamos.

El mar es metáfora de este mundo que se abre y ofrece todas las posibilidades.

El mar es, efectivamente, un símbolo. Simboliza la posibilidad de irse y no volver. Mientras la montaña te muestra la dificultad, casi la imposibilidad, de cruzar ciertos lugares, el mar es lo contrario: un espacio abierto. Por esto el padre del protagonista le enseña a navegar, porque el mar expresa todas las posibilidades que tiene por delante, de las que el protagonista no es del todo consciente.

Los dos protagonistas no son del todo italianos. Gigio tiene una madre irlandesa, mientras que Astel es hija de una mujer etíope.

Este es un anacronismo, lo reconozco. La historia que cuento es inventada, pero he reconstruido el contexto histórico en el que crecí. Me he documentado para que la memoria no errara, pues recordar siempre deforma las cosas. He recreado la playa de aquellos años, una playa que yo recordaba con mucha gente, pero que, en comparación con hoy, estaba medio vacía. Sí es cierto es que las mezclas no eran comunes. Yo tenía un amigo cuya madre era francesa, pero ¿una mujer etíope casada con rico italiano que tomara el sol en prima línea de playa? Esto era impensable. No había gente de color y esto hacía que yo creyera que los italianos no eran racistas, que los racistas estaban en los Estados Unidos, en Suráfrica, pero no en Italia. Sin embargo, con los años he comprobado que los italianos también éramos racistas y con este anacronismo, poniendo una mujer negra en una playa donde veraneaban los italianos, me he dado la satisfacción de mostrar que, en aquellos años, los italianos ya eran racistas, lo que pasa es que no había apenas nadie de fuera. De haber habido una mujer etíope casada con un rico italiano… No solo no hubiera sido bien aceptada, sino que se la hubiera criticado por estar con quien estaba y se la habría considerado una especie de rival deshonesta.

'Septiembre negro'

'Septiembre negro' GALA ESPÍN Barcelona

Y luego está la madre de Gigio, el protagonista. Es una mujer irlandesa que no lleva a su hija a la playa porque con el sol le salen pecas. Es decir, la extranjería se percibe en su cuerpo.

Es cierto, porque el padre se enfrenta al sol y al agua de manera muy italiana. Él navega y toma el sol, mientras que la madre ha transmitido a su hija este anticuerpo que hace que no pueda tomar el sol. De ahí el poema de Auden que cito, que escribió cuando tuvo que marcharse, después de diez años viviendo ahí, en Ischia. En el poema reflexiona sobre el sol, al que define como el soberano de las tierras meridionales, del mezzogiorno de Italia, un sol que te toca y te quema. Termina con unos versos que dicen que no siempre es posible acordarse de por qué se ha sido feliz, pero no podemos olvidarnos de que lo hemos sido. Yo le doy la vuelta: no siempre es posible acordarse de por qué se ha sido infeliz, pero no podemos olvidar que lo hemos sido. Y la madre del protagonista, una mujer irlandesa, se defiende y defiende a su hija de la tiranía del sol. El protagonista está con ellas, porque no puede quedarse solo en la playa, pero, en cuanto llega su padre se va con él a navegar, porque ambos son mediterráneos.

El sol, por decirlo de alguna manera, es una de las tantas cosas que separan a esta familia.

Sí, hay muchos símbolos de separación desde el inicio. Es una familia atravesada por grietas. El protagonista ama a su padre y a su madre, pero los separa, sabe que su padre es una cosa y su madre es otra. Eso sí, es mejor no preguntarle a quién quiere más, si bien, al final, aunque quieras más a tu padre siempre terminas diciendo que a quien más quieres es a tu madre.

¿Más aún si eres un chico?

Exacto, más aún. Sobre todo, si vienes de una familia como la de Gigio. La madre no es italiana. Es irlandesa. En los años setenta, para una mujer pasar de Irlanda a Italia es transitar de un grado de represión superior a uno menor, si bien en Italia la figura del pater familias que lo decidía todo estaba muy implantada. En el derecho romano, del cual deriva el derecho en época fascista, el padre tenía el derecho de vender a su mujer y a sus hijos. La mujer en Irlanda estaba todavía más reprimida que en Italia, sobre todo en esos años setenta, cuando, a través de los hijos y de las nuevas generaciones, se abren fisuras a través de las cuales las mujeres se liberaban. En otras palabras, los hijos, por entonces, permitieron que sus madres se liberaran del yugo del marido.

Sandro Veronesi

Sandro Veronesi GALA ESPÍN Barcelona

¿Qué importancia tiene la Toscana como escenario? ¿Esta misma historia hubiera tenido sentido en otra región de mar como Campania o Apulia?

Elegí la Toscana porque es un territorio que conozco. Mis veraneos han sido siempre ahí y tenía fotografías, vídeos y documentos sobre cómo era la Toscana de mi infancia. A esto se añade otro factor. Si tú eliges una playa del sur de Italia, especialmente si eliges una playa de la Campania, ¿cómo distingues las familias camorristas de las no camorristas? En Campania encontrabas dos maneras de enriquecerse: había la pequeña burguesía que se enriquecía comoel resto de Italia y la Camorra. Y la Camorra gastaba el dinero de la misma manera que lo hacía la burguesía: iba a la playa, se compraba helados, tomaba el sol… Quizás una historia como la que cuento hubiera podido ambientarla en la costa adriática, lo que sucede es que en esa parte de Italia siempre ha habido mucho turismo europeo: austríacos, alemanes, suizos… El exotismo de una madre irlandesa no hubiera llamado en exceso la atención.

La playa como escenario de una novela que aborda el paso de la infancia a la edad adulta y el descubrimiento de la sexualidad no es un tema nuevo. Cualquier lector de literatura italiana, leyendo su novela, no puede no acordarse de Agostino de Alberto Moravia.

Es cierto. Además, en el caso de Agostino hay que decir que la novela está ambientada también en Versilia, solo que antes de la guerra. Luego está Tempi memorabili de Carlo Cassola, que tiene lugar algo más al sur, en Madina di Cecina, en el Livornese. También está la novela de Marina Jarre, Negli occhi di una ragazza. Hablamos de pequeños o grandes clásicos de la literatura italiana que abordan el tema del devenir adulto. cuando el deseo nace en el cuerpo de un adolescente. Por lo general, en el caso de los chicos, el deseo se mueve de la madre a una chica, otra adolescente. Sin embargo, en Moravia esto no sucede: en Agostino el deseo se sigue dirigiendo a la madre.

Este es uno de los temas claves de Moravia: uno se hace adulto deseando a su propia madre y no a otra y, por tanto, descubre lo que son los celos y las tensiones del mundo adulto. Moravia es modernísimo y está muy influido por el psicoanálisis. Cassola, por su parte, nos describe un verano en el que la vida cambia sin grandes traumas, simplemente porque el niño deja de ser niño y se convierte en un chico. Al empezar a escribir Septiembre negro era consciente de que me estaba midiendo con grandes campeones de la literatura, así que decidí introducir un elemento distinto. Fue el hecho de que mi protagonista, en plena floritura de la adolescencia, se enfrenta a un golpe, a una especie de duelo que lo enfría todo. Y la pregunta que planteo es cómo seguir adelante.

Sandro Veronesi

Sandro Veronesi GALA ESPÍN Barcelona

Él sigue.

Exacto. Consigue no ser uno de esos que, cuando el mundo se viene abajo, se pierden. Logra vivir como hubieran tenido que vivir sus padres para hacerle menos daño. Aquí hay un mensaje de esperanza que no sé si hubiera podido transmitir con una novela sobre el presente. Yo odio nuestros tiempos, prefiero mirar hacia atrás, si bien es cierto que siempre existe la posibilidad, a través de una aceptación madura, consciente, larga y dolorosa, una aceptación que no es resignación y tampoco rechazo, de no reproducir los traumas que has sufrido, de tratar de no hacerte daño y hacer daño a los demás por el pasado. La literatura suele contarnos las otras historias, pero yo quería contar la historia de alguien que lo conseguía en un gesto que yo definiría como heroico.

La gran literatura no suele a postar por la esperanza. Usted sí. Ya lo vimos en el El colibrí.

Porque ese tipo de literatura exorciza los miedos, pone en escena aquello que tú nunca querrías que te sucediera. El fracaso es, además, por tradición, más romántico; si eres un buen escritor es más bello para narrar y tiene una larga tradición detrás. El hecho de que un hombre o una mujer descienda a los infiernos es más novelesco, pero…. Si pienso en Anna Karenina, si solo la protagonista hubiera esperado cinco minutos antes de tirarse del tren, su vida hubiera sido otra. “Cazzo”, ¡espera! Pero no, Tolstoi se había cansado después de 600 páginas y hace que se tire al tren. Pero no tenía que tirarse. En realidad, la novela le dice: “no te tires”. Yo no quiero hacer como Tolstoi, no quiero personajes que se tiren al tren.

Usted nos habla de la resistencia.

Más que de resistencia, de resiliencia. Tú puedes decidir resistir, pero la resiliencia la descubres. Es decir, descubres que, a pesar de todo, sigues de pie. La resiliencia no es algo que se pueda decidir a priori. Si la resistencia es política, la resiliencia es física, psíquica, algo que está escondido y que solo aparece cuando suceden las desgracias, cuando decides que, al contrario de Anna Karenina, tú no te tiras a las vías. Es ahí que descubres tener fuerzas para seguir, pero no significa estar bien, significa solamente aprender a convivir con el sufrimiento. Recuerdo la imagen del ciclista Eddy Merckx que gana la etapa entre lágrimas, sufriendo muchísimo. El sufrimiento le hace llorar, pero también ganar.

El ciclismo, además, forma parte de la educación sentimental del Gigio.

En verano, por la campiña toscana, todos iban en bicicleta. Los hijos de los agricultores iban siempre en bicicleta. Franco Bitossi, por ejemplo, era hijo de campesinos toscanos. La pasión por la bicicleta es algo propio de la toscanitá. Hay dos regiones italianas que han dado mucho al ciclismo: Toscana y Véneto.Todos veíamos el ciclismo, nadie se perdía Il giro d’Italia. De niños, los toscanos soñábamos con ser como Gino Bartali, ganar carreras en bicicleta, ser ciclistas antes que futbolistas o pilotos de coche. El ciclismo estaba muy arraigado en el imaginario de la Toscana más pobre porque una bicicleta es fácil de conseguir y, además, al no tratarse de un juego de equipo, todo dependía de uno mismo, de su esfuerzo. Yo estoy de luto, porque Italia no produce más ciclistas. Los ciclistas italianos ya no cuentan nada. Pienso en Franco Ballerini, ciclista nacido en Florencia que era alérgico al polen.

Sandro Veronesi

Sandro Veronesi GALA ESPÍN Barcelona

¿Y cómo hacía?

Corría desde inicio de año hasta finales de marzo o inicios de abril y, luego, no volvía a correr hasta el otoño. Para combatir la alergia debería haber tomado antihistamínicos, pero las leyes antidopaje los prohíben. A pesar de esto, las carreras en las que participaba las ganaba todas. Ese ciclismo ya no existe. Italia ya no produce campeones. El último fue Pantani, que acabó fatal por culpa de la droga. Pantani fue un mito. Porque el ciclismo era marca Italia, pero todo esto ha desaparecido. Ni tan siquiera contamos ya apenas nada en el fútbol.

Percibo cierta melancolía. Ese verano que relata en la novela es también el verano del final de una época social y política en Italia.

El padre del protagonista es socialista y, entonces, los socialistas estaban en el gobierno junto a Democrazia Cristiana. Teníamos a Sandro Pertini, que era un tipo que había participado, como muchos otros socialistas, en la resistencia contra los fascistas. Yo crecí en este contexto y fui socialista, solo que luego llegó Craxi y fue imposible volver a votarles. El socialismo de aquellos años dio prueba de gran responsabilidad y gran capacidad de gobierno y de lucha. Después de la Segunda Guerra Mundial Italia estaba completamente acabada y tuvo que empezar de nuevo. Los años cuarenta y cincuenta son años de miseria .Basta ver una película neorrealista para comprobarlo.

Y luego vino el boom económico.

Sí, el boom tanto en la producción como en la distribución de riqueza. Italia produjo mucho ropa, la Fiat, Alfa Romeo, motos Guzzi, los electrodomésticos Ariston. Ahora no produce nada. Las fábricas están cerradas. Cuando estaban abiertas existía un conflicto social para distribuir la tarta. Ahora, sigue el conflicto, pero ya no hay tarta. La de entonces era una Italia que volvía empezar, con entusiasmo, en la que se creía que se podían hacer mejor las cosas, una Italia que dejaba atrás la pobreza y crecía. Ahora todo esto es impensable. Los niños de ahora no ven la progresión que vieron los niños de antes. El famoso ascensor social entonces funcionaba.

La idea de volver a empezar y hacerlo mejor ahora...

No existe. El único que habla de un nuevo inicio es Trump para referirse a la destrucción de Gaza. No hay que idealizar el pasado, pero es evidente que antes era mejor. En los setenta había un futuro al que mirar. Ahora solo hay una atracción por la destrucción de todo para ganar dinero. Pero ¿de verdad se gana dinero? Quizás cuando se haya destruido todo, empezando por Gaza, alguien ganará dinero con la reconstrucción. Pero eso no es un nuevo inicio. Es un crimen de guerra.