Teo Camino y Esteve Riambau, en la librería Documenta
El libro "valiente" de un hijo para conocer qué hay en él del hombre y cineasta Jaime Camino
Teo Camino publica 'Aunque ya no me leas', un ejercicio literario que ahonda en las limitaciones que los hijos tienen y acaban aceptando para comprender los actos y la vida de los padres, con la alta posibilidad de repetir esas experiencias
Ese señor con bigote. Es identificable. Pero, ¿quién es? ¿Hasta qué punto lo podemos conocer? De hecho, tal vez sea imposible y es mejor que sea así. La figura del padre siempre está presente en un hijo.
Y en una hija, claro, como demuestra Emmanuel Carrère en su libro Koljós. Su madre, Helène, se encuentra un día con su padre, que ha decidido quitarse el bigote. Y ya no sabe quién es. Queda desconcertada.
En el caso de Teo Camino no será así. Acaba de publicar Aunque ya no me leas (Funambulista). Ha conocido, cuando ya es plenamente consciente de su propia personalidad, a un padre mayor, que encara su etapa final, que lo tuvo con 51 años y dos días. Y decide escribir movido por la ausencia del progenitor: Jaime Camino, el hombre, el cineasta, el director de cine, de películas como Dragon Rapide, o de documentales como Los niños de Rusia. “Es un libro valiente”, espeta Esteve Riambau, que trabajó y colaboró con el director de La vieja memoria.
Riambau recuerda su relación con Jaime Camino. El ex director de la Filmoteca de Catalunya, que estaba ultimando un guion con Camino cuando la enfermedad ya no le permitió seguir, aborda el libro de Teo Camino en la presentación en la librería Documenta. Considera Riambau que es un libro "valiente", porque hay muchos libros sobre la figura del padre, pero pocos que intenten comprender al hombre, sin idealizar nada, sin buscar que sea un gran ejemplo.
Presentación del libro de Teo Camino en la librería Documenta
Y lo concreta Rosa María Prats, editora y traductora, que fue profesora de Teo en un taller literario del Ateneu barcelonés. Prats señala que el periodista --ha trabajado en La Vanguardia, Crónica Global y ahora en Consumidor Global-- cuida el lenguaje y establece un mundo propio. Hay autoficción en Aunque ya no me leas, pero también poesía, libertad creativa, que permite a Teo Camino llevar de la mano al lector para que piense en su propia vida, en su relación con el padre. Siempre el padre.
Teo Camino, serio, prudente, con el gesto preciso, nunca de cara a la galería, dispara algunas palabras. "Quería mostrar todo el amor que siento por él". El niño aprende, pasea con su progenitor. No sabe lo que lleva dentro y acumula un señor que nunca se casó, que fue padre tardío, con 51 años, que veía el mundo con el deseo siempre de agarrarlo por el cuello y transformarlo en un guion y en una película. Un hombre que había perdido a su propio padre a los 11 años, en un accidente poco más que ridículo y muy trágico, al caerse un poste de un toldo en un chiringuito de playa en Barcelona. Un niño que maduró y que hizo del rescate de la memoria su principal misión en su vida profesional, con películas y documentales sobre el desastre que supuso para España la Guerra Civil y el franquismo.
La bata del padre
Teo es un joven cercano a los treinta años que vive su particular vida bohemia en Londres. El lector quedará prendado por esas relaciones rápidas y placenteras con sus ligues en la capital británica, aunque con chicas que forman parte de su pasado inmediato. Vuelve a Barcelona forzado por las circunstancias físicas de su padre, que está ya en su última etapa vital. Y rehace, a lo largo de las 350 páginas del libro, una vida, la de Jaime Camino, la de su relación con el hijo, con el mundo literario barcelonés, la que mantiene con su madre, Margot.
Portada del libro de Teo Camino
Y siempre está presente un domicilio, el de la calle Balmes, centro neurálgico, el corazón del director de cine, donde acumula documentos, cartas, libros de arte. ¿Cómo cerrar un piso cuando muere su inquilino? ¿Cómo se puede celebrar un funeral, si todavía no se han recogido todas las piezas del ropero del padre? ¿Cómo lanzar a la basura la bata en la que se vislumbra la figura cansina del progenitor?
Jaimochu, como lo presenta en ocasiones Teo, deja un legado que valoran muchos. Quedan sus películas, sus documentales, los carteles que presentaban aquellos títulos, como el de Dragon Rapide, el primer film en el que un actor representa la figura de Franco, y en la que se recrea su vida cotidiana. Pero queda el hombre, el padre que tiene amantes, que no se cada con nadie. Que ama la libertad, y que, tal vez, no ha sabido amar a una mujer como compañera de vida. Al hombre "alegre y seductor", también al "irascible y cruel".
¿Quiere Teo conocer al hombre, para intuir cómo será el mismo en un tiempo, o cómo es ya? El bigote lo mantiene. Pero eso es circunstancial.
Las referencias literarias y musicales son constantes. Es mucho lo que ha vivido Teo Camino sin ser muy consciente de ello a medida que iba madurando. El cinesta reúne a sus amigos en el piso de la calle Balmes. Tiene una tertulia literaria y se ven también en el José Luis.
Pero, ¿qué sucede cuando se ve al padre en una bañera en un estado no muy presentable? Surge la alusión a Patrimonio, de Phillip Roth, un libro sobre la familia del escritor. Un día hay que cuidar del padre. Un día un hijo descubre que es él quien tiene que limpiar y mimar al padre. Y eso es definitivo.
Nunca se podrá conocer a un padre. Y está bien que sea así. Pero sí se le puede amar con toda la pasión.
"La principal razón de mi escritura: tu ausencia"; sentencia Teo Camino.