Esther García Llovet

Esther García Llovet YOLANDA CARDO

Letras

Esther García Llovet: "A cierta edad miras atrás y te das cuenta de que te has pasado la vida sin hacer nada concreto"

La escritora malagueña cierra su última trilogía narrativa con Las jefas, una narración de estructura fragmentaria donde cuenta la historia de un hotel de lujo en temporada baja habitado por personajes a la deriva

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Hay quien la define como una rara avis de la literatura, quien la ubica dentro del género negro y quien destaca de su narrativa su capacidad para crear extrañeza. Las etiquetas se quedan cortas a la hora de definir la obra de Esther García Llovet, una autora para quien la escritura es siempre algo lúdico y libre. Escribir lo que se quiera y como se quiera, sin amoldarse ni encuadrarse en tendencias y etiquetas. Con Las jefas, García Llovet publica la tercera novela de su Trilogía de los países del Este, que comenzó en Benidorm y concluye en un hotel de lujo en temporada baja cuyas espectaculares instalaciones se impregnan con la decadencia de sus propios habitantes.

Con Las jefas cierra la Trilogía de los países del Este.

Sí, se trata de tres novelas, cada una de las cuales narra una historia distinta; son historias que no tienen nada que ver la una con la otra. Con Trilogía de los países del Este, quería escribir sobre Valencia, el Levante, porque me gusta mucho; lo mismo me pasó con la Trilogía instantánea de Madrid: en aquel momento lo que quería hacer era escribir tres novelas sobre Madrid porque es la ciudad en la que vivo y que me encanta. En el caso de Valencia decidí volver a escribir otra trilogía, pero, en realidad, hubiera podido también escribir una única novela o cuatro. De ahí que no tenga la sensación de que con Las jefas esté cerrando ningún ciclo. Lo que sí es cierto es que Las jefas tiene, con respecto a las otras novelas, una estructura rara y no convencional en cuanto se formula a través de una serie de sketches.

Esther García Llovet

Esther García Llovet YOLANDA CARDO

Trilogía de los países del Este comienza en Benidorm y concluye en una especie de resort de lujo en temporada baja.

Es un hotel que está cerca de Terra Mítica. Me habían hablado de él, pero nunca he ido porque cuesta 700 € la noche. A diferencia de las anteriores novelas, aquí escribo sobre un lugar en el que nunca he estado y esto no es algo que me guste demasiado. A mí me gusta hablar de los lugares que conozco: Benidorm es una ciudad que he pateado mucho y el Saler, que es el escenario de Los guapos, también es una zona que conozco bien y me gusta; sin embargo, en esta tercera novela he tenido que inventar los espacios, de ahí que haya añadido cerca del hotel un museo de arte contemporáneo que, en realidad, no existe. Todos los lugares están falseados, algo que, como decía, no me gusta, pero sí es cierto que me ha permitido convertir el hotel en un lugar irreal, que no se parece a ningún otro.

De hecho, tiene algo fantasmático, como también los personajes que residen en él.

Sí, porque la novela empieza cuando los personajes ya están ahí y, aunque de las tres hermanas sí que doy algún detalle, de los demás no se sabe apenas nada: ni cuándo llegaron, cuánto tiempo llevan en el hotel…En cierta manera hay algo aquí que remite a La invención de Morel de Bioy Casares, donde los personajes tienen también ese punto fantasmal.

La sensación de extrañeza es algo recurrente en su narrativa: no hablamos de algo fantástico, sino de algo extraño que escapa de la lógica estrictamente realista.

Me interesa cuando lo real se aproxima a lo extraño, cuando es un hilo muy fino el que separa lo real de lo sobrenatural, cuando lo cotidiano se vuelve fuera de lo común y se aproxima a lo que Freud llama lo siniestro, pero se aproxima de una manera amable, no desde esa oscuridad que plantea Freud. Me gusta pensar lo siniestro y lo sobrenatural como algo divertido, humorístico, no necesariamente oscuro.

'Las jefas'

'Las jefas' ANAGRAMA

El humor es también otro elemento recurrente en su obra. En el caso de Las jefas podemos decir que los personajes son graciosos sin decirlo.

Son graciosos porque son patéticos. La reacción tras resbalarse con una piel de plátano puede ser morirse de vergüenza o hacer un chiste de uno mismo. Mi actitud es reír, me río continuamente porque con mucha frecuencia me encuentro con pieles de plátano y mis personajes tienen esta misma reacción, en gran medida porque creo que es la reacción más saludable. Y luego están las tres hermanas, que se han gastado todo el dinero y se suben a un avión sin saber exactamente a dónde van y terminan en este hotel. Me interesaba la posibilidad de tratar con humor ese momento en el que llegas a una cierta edad, miras hacia atrás y te das cuenta de que has pasado tu vida pasándotelo de puta madre pero sin hacer nada en concreto. Y entonces te preguntas: ¿y ahora qué? Ellas son un tipo de personaje que a me gusta mucho, esos personajes que no saben muy bien hacia dónde van, pero que, igualmente, tiran hacia adelante.

La novela tiene una estructura fragmentaria y no es una narración con un final claro.

Buscaba una estructura nueva, construida a partir de secuencias sueltas. Pensaba la novela como si se tratara de una serie de televisión cuyos capítulos no necesariamente tienen que ver unos con otros. Este tipo de series me gustan particularmente, de ahí que intentara trasladar esta estructura a la novela, construyéndola, por decirlo de alguna manera, a través de historietas sueltas. Se trata de historietas que, en parte como los propios personajes, van un poco a la deriva dentro de este espacio singular que es el hotel, donde incluso el tiempo transcurre de una manera distinta.

Usted desdibuja la trama.

Efectivamente. El argumento es prácticamente nulo. Quizás lo que funciona como eje es el personaje de El primo y su búsqueda del caballo. El primo, debo reconocer, es un personaje que me gusta mucho y me cae especialmente bien. Tiene su origen en la serie The Bear, donde encontramos un personaje que se llama Fax y que va siempre con un mono azul. Es el único de la serie que tiene los pies en la realidad, el único verdaderamente práctico, alguien capaz de arreglar casi todo porque es, además, un manitas. Lo curioso es que en la vida real el actor que interpreta a Fax es cocinero, así que, a la vez que actuaba, asesoraba en temas culinarios. Me inspiré en Fax a la hora de construir el personaje de El primo, un tipo que es indispensable en el hotel, sobre todo lo es para las tres hermanas: soluciona todo, pero además les divierte. Es una especie de bufón. No sé si te acuerdas de su una serie de los ochenta, Love Boat, que transcurría en un crucero. Allí también encontramos a un personaje que es o se hace el tonto y que hace gracia a todos, pero que, al mismo tiempo, es indispensable.

Esther García Llovet

Esther García Llovet YOLANDA CARDO

Ha definido la estructura de la novela a partir de secuencias e historietas. Sabiendo que usted practica la fotografía no sé si estas secuencias también podríamos leerlas como instantáneas fotográficas, imágenes de distintos momentos puestas juntas.

Ahora que lo comentas, sí, reconozco que hay algo de esto. Para mí la fotografía es clave para definir los lugares; en todas mis novelas suelo explicar el contexto en el que tiene lugar la acción. No es que sea particularmente descriptiva, puesto que me horrorizan las postales, pero me interesa que se vea el lugar donde ocurre la historia. Para mí, los sitios y los espacios son importantes y, de hecho, sueño más con espacios que con personas, aunque pueda parecer raro. Como novelista me gusta contextualizar las tramas y esto se debe a que a mí me gusta mirar el espacio que me rodea, ver cómo cae la luz, qué ángulos traza…Volviendo a la novela, diría que sí, que se construye a partir de pequeñas puestas en escenas muy bien colocadas. Es una especie de teatrito montado por mí en el que tiene lugar la acción.

¿Piensa en imágenes?

Absolutamente. Yo camino mucho por la ciudad y muchas veces me han recomendado comprarme gafas de sol para que no me moleste la luz; sin embargo, no quiero llevarlas, porque me gusta apreciar la calidad de la luz, ver cómo va cambiando de azul a rojo a lo largo del día. Observar estas transformaciones, las tonalidades de la luz, las sombras, me estimula mucho mental y emocionalmente. Es la luz lo que hace que puedas pasar un mismo sitio, pero este te parezca diferente porque, dependiendo de la hora del día, sobre él recae una luz distinta o se proyectan sombras diferentes. Yo soy muy mirona, me encanta mirar.

En una novela además de observar, tenía que inventar.

Pero ¡ancha es Castilla! Es decir, imaginar me permitía hacer lo que quería. Sí es cierto que vi algunas fotos del hotel. Recuerdo que en algunas de ellas aparecía un Buda, que yo terminé incluyendo en la novela, donde explico que es de piedra y se calienta con la luz del sol. Me gusta dar a la escritura estas connotaciones sensoriales y me gusta que, aún acercándome a un terreno irreal o extraño, este sea palpable, es decir, se transforme en algo que se pueda llegar a tocar.

'Los guapos'

'Los guapos' ANAGRAMA

Usted ha confesado ser una lectora de textos periodísticos y de ensayos.

Sí, leo mucha crónica. Ahora mismo estoy ansiosa porque llegue a las librerías el nuevo trabajo de Patrick Radden Keefe, por ejemplo. Me gusta también mucho el ensayo, especialmente el ensayo sobre arte, puesto que soy alguien muy visual que trabaja y piensa a partir de imágenes. No sabría decirte la razón, pero tampoco creo que haya un motivo claro; hasta hace quince años devoraba ficción, pero ahora se me caen de las manos la mayoría de los libros de narrativa.

Sus dos trilogías tienen algo periodístico, sobre todo en su forma de mirar.

Claro. Esta forma de mirar se refleja también en la escritura. Opto por la concisión del estilo periodístico. No soy una escritora a la que le guste adjetivar. Lo que busco es llegar a explicar de manera veraz algo irreal. Si lo consigo hacer soy feliz. Por lo que se refiere al estilo, soy una gran lectora de cierto periodismo norteamericano; me gusta mucho Joan Didion. Al mismo tiempo disfruto leyendo a Emmanuel Carrere, sobre todo por su estilo socarrón y por ser muy visual, como lo es también Leila Guerriero, cuyos textos también me interesan, si bien su estilo es muy distinto al mío y ella no es especialmente divertida. Un periodista que me fascina es Patrick Radden Keefe: su estilo me vuelve loca. Me encanta su concisión, su capacidad de dar en cada frase, casi todas cortas, mucha información perfectamente hilada. Hace poco leí por primera vez a John Gregory Dunne, que estuvo casado con Didion. ¡Cómo es que no lo había leído hasta ahora! Es la bomba. Es mejor que su mujer.

¿Qué me dice de Eve Babitz?

Magnífica. Hay un libro de correspondencia entre Babitz y Didion que es muy interesante. Babitz tiene una forma de escribir que me encanta; era alguien a la que se la pelaba todo, le daba igual su forma de estar y de mostrarse. En esto era todo lo contrario a Didion, que era la periodista consagrada. Mientras Didion era la reina del baile, Babitz era la que se quedaba fuera fumando, porque no le importaba estar en el centro. Su actitud era de alguien pasota, alguien que no aspiraba tener una imagen pública.

Esther García Llovet

Esther García Llovet YOLANDA CARDO

Usted también prefiere no tener una imagen pública muy definida.

Lo que es interesante de mí son mis libros, no mi vida, que llevo a mi bola. No creo que tenga nada interesante que contar como personaje público. Ahora estoy haciendo esta entrevista en la que hablo de mí y me parece bien, pero más allá de esto… No es que esté en contra del yo en narrativa, depende de cómo se haga. Me encanta Carrere y el yo de Carrere está siempre ahí. Para que me interese el yo me tiene que interesar su punto de vista, tiene que ser socarrón. Sin embargo, si el yo es excesivo y si el tema sobre el que se habla no me interesa no le presto mayor atención al libro.

A usted le gusta pasear y observar, pero, si no me equivoco, también le gusta escuchar.

Me gusta mucho escuchar las conversaciones y llevarlas a la novela de manera de que suenen reales, cosa que no siempre sucede. A veces, en obras de ficción, echo en falta diálogos que suenen realistas y reflejen la manera real de hablar de las personas. Cuando voy al teatro, pero, sobre todo, cuando veo películas, me sorprendo al escuchar diálogos hasta el punto de que me quiero tapar los oídos porque la gente no habla así. Para entrar en una película, como en cualquier obra de ficción, lo que se cuenta y lo que se representa debe resultar verosímil y los diálogos muchas veces no lo son.

Al respecto, en Cómo dejar de escribir, el protagonista afirma que las frases de su padre, un reconocido escritor, “sonaban de verdad”, que eran reales. ¿Lo suscribe?

Claro. Las frases deben sonar a realidad. Pero esto se debe a lo que te comentaba: en cine, en teatro y en literatura la proximidad y la intimidad con el lector  y el espectador se consigue a través de la verosimilitud. En fotografía es diferente: la realidad viene dada porque la fotografía ya es real. Lo que me gusta es la fotografía que tiene algo instantáneo. No me interesan aquellos fotógrafos que buscan un determinado encuadre, un objeto o una determinada luz. Cuando con la cámara buscas demasiado estás optando por captar determinado y, por tanto, excluyes el resto y, en mi opinión, normalmente lo más interesante es aquello que se deja fuera. Me da mucha pena que haya fallecido Martin Parr. Era un fotógrafo que me gustaba mucho, muy divertido. Uno de esos fotógrafos capaces de ver en lo pedestre algo extraordinario. Es lo que me gustaría conseguir también a través de la escritura, unir lo banal con lo extraordinario.

Esther García Llovet

Esther García Llovet YOLANDA CARDO

-Antes hablábamos de la influencia de las letras norteamericanas, pero su trabajo sobre lo extraordinario conecta con la tradición latinoamericana.

Es una tradición que me gusta mucho. César Aira es uno de mis escritores preferidos. Sus libros empiezan con algo anodino y terminan en lugares insospechables. Aira es muy lúdico porque hace lo que quiere. Escribe muchísimo, yo me imagino un cajón a rebosar de manuscritos, muchos de los cuales no llegan a España, porque publica en todo tipo de editoriales.

Usted también es de escritura rápida.

-Soy muy rápida y, además, no me gusta retocar. Suelo escribir una novela en seis o siete semanas. Luego, para repasar el texto, lo que hago es cambiarle tipografía, porque así me da la impresión de estar delante de otro texto distinto. Lo releo y suelo tocar bastante poco. O me gusta lo que he escrito o no me gusta. Joan Didion lo que hacía era escribir y guardar, en una bolsa, los manuscritos dentro del congelador. Pasado un tiempo los descongelaba y se volvía a poner con ellos.

¿Tiene usted algo en el congelador?

Ahora estoy escribiendo un par de libros de no ficción y estoy entusiasmada. Hasta ahora todos mis libros son novelas. He publicado algún reportaje para algún medio, pero es la primera vez que empiezo un proyecto de carácter periodístico. Igual me doy una hostia, porque a nadie le interesa lo que yo haya hecho de no ficción, pero yo estoy muy entusiasmada.