Luisa Carnés, Renacimiento

Luisa Carnés, Renacimiento

Letras

Luisa Carnés, el arca perdida

Los libros de la periodista y escritora republicana, exiliada en México, vuelven a cobrar vida gracias a la recuperación de su obra por parte de la editorial Renacimiento

22 febrero, 2019 00:00

Imagine que es usted un profesor de Historia en un instituto de la sierra de Madrid. El destino es cómodo, tiene sus ventajas y el peaje, imagino, es ese laiser faire que la Administración de turno, autonómica o central, dedica al, sin embargo, fundamental eslabón de la Educación, la Secundaria. Pero usted tiene más moral que el Alcoyano y se obstina en que los rostros que le miran (con sus befos y bocas entreabiertas que trae de serie la pubertad y programas de tv como Hombres, Mujeres y Viceversa) reaccionen de alguna manera ante la avalancha de cifras, fechas y nombres propios que el temario le obliga a cumplir.

Entonces decide “contextualizar la historia” y buscar ejemplos de seres humanos que interesen, aunque sea unos segundos, a esa audiencia secuestrada y dura de narices. Un adolescente es una bomba al que los profesores se enfrentan sin chaleco antibalas, una temeridad. Pero se llama usted Antonio Plaza Plaza y aunque los médicos digan lo contrario tiene una salud (moral) de hierro y una vocación de arqueólogo de vidas que deja a Indiana Jones en pelota, literal, y casi sin su característico sombrero. 

Claro que en su  búsqueda obstinada puede encontrar, como en todos los buenos guiones de película, algún antagonista que le ponga palos en las ruedas y un impagable compañero de aventuras que le ayude a encontrar el arca perdida, en este caso un escritora y periodista cuya vida y obra es oro puro. Ella es Luisa Carnés, a la que Plaza descubrió para ponerle carne mortal al principio del siglo XX español y al exilio. Y el cómplice del aventurero es la Editorial Renacimiento, que venía reeditando la obra casi desaparecida de la autora, y que el año pasado hizo la proeza de publicar sus magníficos Cuentos en dos maravillosos volúmenes.

Luisa Carnés

Luisa Carnés

De Luisa Carnés se conocía, en el mundo lector, su novela Tea Room, escrita en 1934, una rara avis en la literatura española, novela de clase si me permiten la expresión, en la línea de la mejor narrativa que la empareja con los más grandes autores del realismo y del periodismo. Precisamente es en el periodismo donde Luisa Carnés demuestra, como sus coetáneas Magda Donato o Carmen de Burgos, una ambición y valentía insólitas en su tiempo y aún más siendo mujer. Además del reporterismo, Carnés fue la primera mujer que escribió crónicas deportivas, en el semanario As, demostrando una maestría en el oficio heroica para quien había sido prácticamente autodidacta y sin apenas estudios.    

Natacha, Carnés

Natacha, Carnés

Se atrevió con todo, también con el teatro, incluso llegó a escribir teatro político, una pieza pura agitprop. No en vano siempre se significó políticamente hasta llegar a militar en el Partido Comunista. Sin embargo y a diferencia de otros camaradas se declaró republicana y apoyó la República desde el inicio y hasta el final, exiliada primero a Francia y luego a México, a bordo del célebre trasatlántico Veendam fletado por el presidente Lázaro Cárdenas para rescatar a intelectuales españoles.  

Parte de esa peripecia aparece en el libro, también publicado por Renacimiento, De Barcelona a la Bretaña francesa. Memorias, en el que cuenta la angustiosa huida por Francia y la desesperanza de haber perdido una guerra y la batalla de una  democracia que siempre defendió. Sería México su país de acogida hasta su muerte en un accidente de tráfico en 1964.

El eslabón perdido, Luisa Carnés

El eslabón perdido, Luisa Carnés

Cada uno de sus escritos demuestra una enorme solidez y un conocimiento exhaustivo y ágil de la lengua aunque, aparte del celebrado Tea Room, son algunos de sus cuentos y especialmente los escritos en plena guerra civil los que permiten compararla, y salir airosa, con otras grandes narradoras de la tragedia bélica: Irene Nemirovski con su Suite Francesa y Elsa Morante y su novela Roma. También, inevitablemente, recuerda el lector a Max Aub cuando lee Eslabón perdido, un retrato herido y veraz del conflicto entre los padres exiliados y los hijos que ya no son del país que amaron y del que huyeron sus progenitores. Nadie quiere heredar una derrota.

La niña que aprendió a trabajar cosiendo sombreros en un taller con doce años, y que nunca dejó de sentirse una trabajadora, defendió los derechos de las mujeres admirando devotamente a Clara Campoamor, pero sin dejar que sus convicciones políticas y éticas le impidieran retratar, hasta la crudeza, un mundo de mujeres sometidas  y tristes, explotadas dentro y fuera del hogar, aisladas, incapaces a veces de defenderse o de buscar complicidades entre ellas.

Aún sigo preguntándome, dejó dicho en una entrevista, por qué las mujeres se odian terriblemente. Un odio desesperado tantas veces y suicida siempre que Carnés retrató sin embargo con una enorme ternura, la misma con la que escribe El niño de la maleta, uno de los relatos más sobrecogedores que podemos leer sobre el espanto, el dolor y la locura al fin de la guerra, todas las guerras.