Algo pasa con Celeste (Ng)

Algo pasa con Celeste (Ng)

Letras

Algo pasa con Celeste (Ng)

Redes sociales como Goodreads demuestran que los canales clásicos de distribución de libros no siempre fomentan las mejores obras

29 diciembre, 2017 00:00

Existe, desde 2006, una red social para lectores, creada por un tal Otis Chandler, llamada Goodreads. Otis era un programador independiente que creyó que el llevar un recuento de los libros leídos durante el año podía ser de mucha ayuda a los adictos a las letras, quienes, a su vez, a través de su comunidad, podrían compartir opiniones sobre lo que fuese que estuviesen leyendo. La cosa cuajó en muy poco tiempo, y para cuando la red social alcanzó los seis años, la pequeña comunidad de Otis ya tenía diez millones de afiliados y recibía veinte millones de visitas mensuales. Hoy en día es propiedad de Amazon.

Pero no es del propio Goodreads de quien quiero hablar sino de su lista de lo mejor del año. Porque, año tras año, Goodreads, en tanto que decana de las redes sociales lectoras, formula su propio best of, que no siempre coincide con el best of de los medios, y que, podría decirse, es más internacional que los propios medios en sí. Porque algo que ocurre con las listas de lo mejor del año es que, si observamos las listas anglosajonas, lo más probable es que estemos viajando en el tiempo hacia el futuro y veamos en ellas algunos de los títulos que figurarán en las nuestras el año próximo (como es probable que ocurra con Lincoln in the Bardo, lo último de George Saunders, el Booker de este año). Pero en Goodreads no sólo votan los lectores anglosajones, sino los lectores de todo el mundo, y aunque el fenómeno fan es inevitable (el mejor libro de terror de este año es uno que pasó desapercibidísimo, pero que firma Stephen King con su hijo Owen y que se titua Sleeping Beauties), lo cierto es que a veces, sorprende. Como este año, en el que el mejor libro de ficción es el último de la en España aún por descubrir Celeste Ng: Little Fires Everywhere.

Uno de los secretos mejor guardados

¿Es el caso de Celeste el mismo que el de George Saunders, es decir, podría aparecer esta, su segunda novela, en la lista de lo mejor del año del año próximo? No, porque Pequeños fuegos por todas partes fue publicada en octubre de este año en nuestro país, ¿y se ha enterado alguien? A juzgar por la inexistente prensa que ha tenido el lanzamiento, no. ¿Y por qué iba Alba, su sello en España, a darse la prisa que se ha dado en traducir y publicar, casi de forma simultánea, la segunda novela de Ng, si no creyera que merecía la pena? La primera, Todo lo que no te conté, un pequeño gran fenómeno en Estados Unidos, de donde procede la autora, norteamericana de origen chino, se publicó el año pasado, y, también pasó algo desapercibida para haber sido señalada por el New Yorker como una de las next big things de las letras estadounidenses.

¿Sobre qué escribe Ng? Sobre familias. Familias que viven en los suburbios. Familias que se odian en los suburbios. No a la manera en que se odian en las novelas de A.M. Homes, aunque, sin duda, recuerden a la autora de Música para corazones incendiados. Eso sí, no es ni de lejos Ng tan cruel como lo es Homes, pero el mundo que retrata es ese mundo de familias desestructuradas o aparentemente estructuradas, en el que la supuesta paz cotidiana está a un volantazo de convertirse en una contienda infiernal. Veamos, como muestra, los elementos con los que juega en Pequeños fuegos por todas partes (cuyo título no puede ser más revelador): una madre soltera artista de lo más misteriosa se muda a una idílica burbuja, una pequeña comunidad en la que todo es perfecto, con su hija adolescente, Pearl. Madre e hija (y el pasado que comparten) son una pequeña bomba de relojería a punto de estallar, que, evidentemente, no tarda en hacerlo.

La novela no sólo figura entre las favoritas (es, de hecho, la favorita) de los miembros de Goodreads que votan cuando se les pide que voten, sino que también se ha colado en las listas de los libros del año de The Washington Post y Esquire, por citar un par de ilustres ejemplos, lo que la convierte en uno de los secretos mejor guardados de nuestras librerías estos días. Y en todo un enigma, a la altura del de la también brillante y puede que aún más prometedora Ottessa Moshfegh (Premio Believer en 2014) y su Mi nombre era Eileen, uno de los noirs del año (¿cuándo ha sido un noir finalista del Man Booker?) del que, sin embargo, apenas se ha hablado. El problema no es el público, en este caso, el lector, sino el cómo no están llegando a él y podrían haberlo hecho. Cuanto menos, Celeste, cuya corona en Goodreads deja bien claro que gusta, y mucho.