Viaje a la 'España pagana'

Viaje a la 'España pagana'

Letras

Viaje a la 'España pagana'

El escritor americano Richard Wright, negro, comunista y autoexiliado en París, retrató con dureza el franquismo en un libro poco conocido que recibió buenas críticas: "Los españoles lo odiarán"

20 octubre, 2017 00:00

"En el tórrido agosto de 1954, me hallaba bajo los azules cielos del Mediodía, a pocas horas de la frontera de España. A mi derecha se extendía la llanura, los verdes campos del sur de Francia; a mi izquierda había una extensión de arena más allá de la cual se agitaba y centelleaba el Mediterráneo. Estaba solo. No tenía compromisos. Sentado en mi coche, sostenía el volante entre las manos. Quería ir a España, pero algo seguía reteniéndome. Lo único que se interponía entre España y yo, que me atraía tanto como me repelía, era un estado de ánimo".

Quien está a punto de cruzar la frontera es Richard Wright (1908-1960), aquel escritor negro troquelado en una plantación de Mississippi que zarandeó las letras estadounidenses con la nitroglicerina de la denuncia racial de su primera novela, Hijo nativo (1940). "El día que apareció aquel libro, la cultura estadounidense cambió para siempre", llegó a valorar la crítica sobre una narración que vendió más de 250.000 ejemplares en apenas tres semanas, desplazando --nada menos-- como libro más vendido a Las uvas de la ira de John Steinbeck.

Viaje a lo desconocido

Pues bien, Wright se va a aventurar a mediados de los años cincuenta hasta en tres ocasiones por caminos peninsulares con un morral de ciudad, pasado comunista y pies de plomo, trazando el mapa improvisado de esta geografía a lo que fuera saliendo. Y lo que de ahí salió es un libro poco conocido, España pagana, que pretendía descifrar la revelación sencilla de esta geografía, el biselado expresionista de unos años de gente ajada, de luto y arrope, de estraperlo y fonda. "Si España es un Estado policíaco, su característica es la ineficacia", dirá sobre la dictadura de Franco.

Él se adentra entonces en una tierra entonces incógnita, a la que hace sitio en el mapa con una prosa en cascada donde cabe aquella tierra que se vestía aún con pantalón de arpillera. Animado por Gertrude Stein ("Verás allí de qué está hecho el mundo occidental"), Wright se hace acompañar de un automóvil con matrícula francesa y de un manual de la Falange para mirar la miniatura de la vida española hasta llegar a una verdad subjetiva e izarla en literatura. Con su mentira. Con su verdad. Con esa voluntad de leyenda al pasar a letra lo que se ha visto primero.

Barcelona

"Horas más tarde entré en los sórdidos suburbios de Barcelona, para continuar luego hacia el centro de esa ciudad moderna y ostentosa: crucé sus pequeñas y sucias calles, y los ruidosos y adornados bulevares, al mismo tiempo que observaba las barriadas", anota el escritor, que se detiene a tomar café en las terrazas de Las Ramblas, conversa en los vestíbulos de los hoteles de lujo y visita los burdeles, la catedral y el monasterio de Montserrat. Se sorprende al ver un gran rebaño de ovejas pasar por una avenida. "Barcelona era tan sofisticada que uno podía ver en ella cualquier cosa", ironiza.

Así, Wright hace el revelado puntual de los paisajes que pisa, pero, sobre todo, saca el molde de las gentes. De Andrés y Miguel, los jóvenes que le acompañan a la pensión donde se hospeda los primeros días; de los hermanos Carmen y Carlos, paralizados en el claustrofóbico régimen franquista; del trabajador del Vaticano y del peluquero, un apasionado nacionalista catalán. "Este hombre era con mucho el español más antiespañol que hubiese conocido --señala--. Pero no puede evitar la impresión de que todos modos era básicamente español, ¡pues había atacado la situación de España en términos que eran emotivamente españoles!".

via laietana

via laietana

La Via Laietana fotografiada por Francesc Catalá-Roca hacia 1954 / MUSEO REINA SOFÍA

La influencia de la Iglesia

Richard Wright, que había leído antes de recorrer España a Unamuno, Madariaga y Américo Castro, visita también Zaragoza, Madrid, Guadajalara, Granada y Sevilla. Precisamente, la capital andaluza le provocará un profundo impacto, pues celebra la Semana Santa. "La población española es una gran familia. Dios es el padre; el Papa representa a Dios, y Franco al Papa... Estoy en contra de Franco, pero siento una enorme simpatía por los españoles y por cómo se las han arreglado para vivir...", asegura el escritor, quien llega a confundir a los nazarenos con el Ku Klux Klan.

Así, el también autor de los relatos incluidos en el libro Los hijos del Tío Tom no ahorra críticas a la vinculación entre Ejército e Iglesia durante la fiesta religiosa. "Las tropas marchaban con pasos lentos y medidos; lanzaban hacia delante la pierna derecha y, luego, la izquierda... La Iglesia, y luego el Estado en armas que protegía la Iglesia". Continúa con la descripción de lo que surge ante sus ojos: "Otra carroza. Las figuras que ella transportaba eran de tamaño natural. Cristo, sangrante y colgado de una enorme cruz. Los tambores redoblan: brum-brum, brruuummm-brruuummm...".

sevilla semana santa

sevilla semana santa

Paso del sagrado Decreto de la hermandad de la Trinidad, en la Semana Santa de Sevilla de 1948 / SERRANO / ICAS-SAHP

"Los españoles lo odiarán"

Al margen de esta convivencia entre poderes, a Wright lo que más le sorprende (o le repele, según él mismo) es la extrema sensualidad de las procesiones sevillanas. Educado en la sobriedad del protestantismo evangélico, su acercamiento al catolicismo salta, como es lógico, por los aires. Y esa sensualidad se traslada también a los toros --otra ceremonia totalmente ajena al mundo anglosajón en el que creció-- o a aquellas prostitutas que se jactan de ser católicas. "Ser prostitutas es malo, pero mucho peor era una prostituta que se aparta del catolicismo...".

España pagana recibió el aplauso de la crítica, pese a sus debilidades (la imprecisión de sus fuentes, los importantes recortes exigidos por el editor...). The Times destacó su acierto a la hora de atrapar "la España moderna". Por su parte, el crítico de The New York Times habló de "un libro provocativo, perturbador... Los españoles lo odiarán y los católicos se quedarán consternados, pero a otros lectores les parecerá apasionante". Con todo, de él sólo hay dos ediciones en castellano. La primera, publicada en Argentina en 1970. La segunda, editada en Madrid, salió en 1989. Richard Wright cerró su libro con un juicio sumarísimo sobre la raza española: "En verdad, cuán pobre es...".