Asamblea en la Puerta del Sol, durante el movimiento 15M, en 2011

Asamblea en la Puerta del Sol, durante el movimiento 15M, en 2011 EFE

Ideas

La herencia de Podemos: más 'Borja Maris' y 'José Antonios', jóvenes de derechas que recelan del Estado

El sociólogo Ignacio Urquizu analiza en 'Generación 15-M' la evolución política de los más jóvenes con la constatación de que se han polarizado más que el resto de la población y que no creen que el Estado deba interesarse por la "equidad"

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Un estudio necesario a partir de los datos, sin prejuicios ni paternalismos. El sociólogo Ignacio Urquizu se ha sumergido en las encuestas, las del CIS y las de otros muchos estudios de casas como Metroscopia, que ahora dirige él. ¿Son las generaciones más jóvenes más de derechas que el conjunto de la población? ¿Qué le piden al Estado?

Y resulta, tras ese ejercicio, que lo que pretendió ser un movimiento de cambio profundo, ha derivado en algo del todo insospechado.

Para personalizarlo se podría decir que la herencia de Podemos, con el movimiento del 15-M, ha producido más 'Borja Maris' y 'José Antonios', es decir, jóvenes --más varones que mujeres y por ello esos nombres-- que apuestan por opciones liberales de derecha y de extrema derecha.

Hay una distancia, de unos diez puntos, en los números que maneja Urquizu, entre la media de la población y la generación del 15-M, las personas que tienen hoy entre 18 y 35 años. La deriva hacia posiciones más de derecha y conservadoras es una realidad.

¿Y la igualdad?

Urquizu lo expone en el libro breve Generación 15-M, editado en la colección EnDebate, que impulsa la editorial Debate sobre distintas disciplinas. El sociólogo, que ha vivido la política de primera mano --como diputado y alcalde de Alcañiz-- lanza una primera conclusión, que puede chocar al lector más veterano. Los jóvenes de la generación 15-M no son "franquistas", no abrazan tesis del franquismo.

Lo que sucede es que no están contentos con la democracia, porque no ofrece los frutos que esperarían. Y, con los números de las encuestas en la mano, Urquizu señala que es "la única generación que piensa que la democracia es perjudicial para la igualdad".

Portada del libro de Ignacio Urquizu

Portada del libro de Ignacio Urquizu

La asociación puede resultar sorpresiva, pero es así: los jóvenes --más los hombres que las mujeres-- están menos preocupados por la desigualdad que el resto de la población. Y creen que los gobiernos no deben actuar tanto para evitar las desigualdades. No se trata de resultados rotundos, pero sí de diferencias. No creen que los gobiernos deban actuar en esa dirección el 11,6% de los jóvenes del 15-M, por el 6,4% del resto de la población.

Al mismo tiempo, no tienen tan claro que la desigualdad se haya incrementado en la última década. Y cuando se les pregunta por la necesidad o no de una mayor fiscalidad para atender los servicios que se demandan, estos jóvenes "son los menos proclives a apoyar un aumento de las prestaciones y los servicios públicos, si ello conllevara un aumento de la presión fiscal". Son actitudes que se pueden enmarcar claramente en una derecha liberal.

Pero, ¿qué ha pasado? Lo que señala Urkizu es que se ha producido una asociación muy concreta. Los jóvenes no están satisfechos con el sistema. Y lo identifican con un determinado color político: la izquierda. Si el Estado es la izquierda, y ese joven no cree en un sistema que no da los frutos deseados, entonces se declarará antisistema, y qué mejor para mostrar esa opción que votar a un partido de extrema derecha.

El Estado, de izquierdas

El sociólogo lo expone con su propio caso como profesor en el departamento de Sociología Aplicada de la Universidad Complutense. Para entender el voto joven a Vox, organizó un grupo de discusión. Uno de los jóvenes participantes lo expuso de forma cruda: "El sistema es de izquierdas y yo soy antisistema, por eso voto a Vox".

Atrás habría quedado el lema del movimiento 15-M, que clamaba un 'no nos representan". Lo que se pide ahora es un cambio total, una opción que rompa con lo hecho hasta ahora. El Estado se identifica con la izquierda, y se explica, en parte, porque esos jóvenes han vivido en los últimos años con gobiernos de izquierda. Y consideran que el Estado ha dejado de funcionar, con muchos fallos en la provisión de servicios, en el día a día, desde la movilidad, a la falta de vivienda.

Urquizu pone el foco en la consideración del poder por parte de aquellos que llegaron para cambiar las cosas, los protagonistas del 15-M. El tener como referencia el poder, cómo alcanzarlo, cómo conservarlo, cómo acumular más parcelas de poder, sin hablar de las "políticas", de qué hacer con ese poder, habría alejado a las nuevas generaciones de las cuestiones del Estado, al que asocian con una izquierda interesada en el poder.

El ex secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, en una imagen de archivo

El ex secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, en una imagen de archivo

Fue Pablo Iglesias, el líder de Podemos quien, al negociar con el PSOE la entrada en el gobierno, puso sobre la mesa toda una serie de peticiones. En febrero de 2016, Iglesias, en una rueda de prensa, exigía el control del Centro Nacional de Inteligencia, el Boletín Oficial del Estado, el CIS, o Radio Televisión Española. Eran las condiciones para pactar un gobierno de coalición con el PSOE.

Sólo poder

Aquello pudo ser traumático para esas generaciones, para los que tienen entre 18 y 35 años. Hay una "derechización clara" de esa generación, principalmente de los hombres jóvenes. Las mujeres, en cambio, se identifican con posiciones de izquierda y de extrema izquierda por encima de la media de la población, y son claramente feministas. Pero el conjunto de todos ellos es más liberal y más conservador.

Urquizu lo tiene claro: "Los datos y argumentos que hemos puesto sobre la mesa apuntan a que lo que surgió después del 15-M, la 'nueva política', no sólo corrigió los 'vicios' que había venido a combatir, sino que además, de alguna manera, condenó al país a la parálisis --la inmensa mayoría percibe que el Estado no funciona-- a una falta de un proyecto compartido y a una visión de la política más centrada en la lucha por el poder que en el desarrollo de políticas públicas ambiciosas".

Habrá que ver cómo influye todo ello en las elecciones del 29N, con una generación que sí, es más liberal y conservadora que las anteriores.