Autoretrato Vicent Van Gogh, agosto de 1889

Autoretrato Vicent Van Gogh, agosto de 1889

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Eran genios (hasta que echaban la caña): Vincent Van Gogh

Vincent Van Gogh: el color de la crueldad

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Adorados, aplaudidos, jaleados por la historia, el poder y sus peatones. Los artistas (que no las artistas) pueblan las listas de los grandes éxitos de la civilización. Referentes en creatividad, endiosados hasta el mito. Qué sería de la leyenda del hombre artista hetero sin las mujeres. Ellos, héroes o canallas; ellas, rescatadas o víctimas. Picasso, Modigliani, Diego Rivera o Pollock. Sementales torturados, macho cazador, encantadores de serpientes.

El eje de dominación sigue todavía dirigiendo el ritmo de unas cuantas narrativas. Artistas que se ensalzan hasta lo sobrenatural a lomos de la historia terrenal de mujeres. Nunca fue así. Sin embargo, ¿qué ocurría cuando esas mujeres que deberían haberles labrado su leyenda les dieron calabazas?

Traigo tres casos. Uno está basado en una biografía, el otro lo explica mi divulgador de arte favorito, Waldemar Januszczak, y el tercero es una suposición y parte de unas memorias.

Vincent Van Gogh (1853 – 1890) resulta el artista más inquietante de esta breve serie. Popularmente romantizado como la personificación del artista torturado por la bohemia que murió sin conocer el éxito, su vida suele inspirar piedad. Sin embargo, el retrato que el crítico, presentador y productor Waldemar Januszczak nos presenta en el canal Perspectives de YouTube nos muestra una imagen bastante más descarnada del artista. Feroz, obsesivo, despiadado, de sexualidad turbulenta. A Vincent Van Gogh le fascinaba el dolor.

Autoretrato Vicent Van Gogh, agosto de 1889

Autoretrato Vicent Van Gogh, agosto de 1889

Una breve biografía

Nació en Zundert (Holanda), hijo y nieto de pastores de la Iglesia reformada holandesa. Era el mayor de siete hermanos y parece que fue de los que vino al mundo condenado a vivir en el infierno. Pelirrojo, cabello ondulado, cejas transparentes y ojos apagados; rostro carnoso, corpulento pero de escasa altura.

Con dieciséis años le enviaron a La Haya a trabajar en la galería de arte de su tío, y no era una galería cualquiera. Goupil & Cie contaba con clientes internacionales y Vincent, que se formaba como marchante de arte además de tener una facilidad pasmosa para aprender lenguas, los recibía, les aconsejaba, les vendía las obras y se ocupaba del papeleo.

Su tío estaba tan contento que le ascendió. Con veinte años, lo enviaron a las oficinas de Londres. Empezaba la década de 1870 y Vincent alquiló una habitación en la calle Hackford Road, en Brixton, una pujante barriada de clase media en aquel entonces. Vincent miraba por la ventana. Se embebía con los detalles en los que nadie jamás hubiese reparado, los desgranaba en su imaginación, los recomponía en su memoria hasta que vibraban.

Cuadro ´Noche estrellada sobre el Ródano´ de Van Gogh, 1888

Cuadro ´Noche estrellada sobre el Ródano´ de Van Gogh, 1888

Londres era una ciudad atestada por cuatro millones de habitantes y Vincent se pegaba una caminata de órdago hasta su oficina en Covent Garden. Atravesaba los bajos fondos, el aire infecto que emanaba del Támesis y la niebla, que odiaba. Se cruzaba con pobres, borrachos, vividores de todo pelaje y niñas prostitutas que se ofrecían en los callejones. Aquel fue el mejor año de su vida.

´El Támesis debajo de Westminster´, 1871, Claude Monet

´El Támesis debajo de Westminster´, 1871, Claude Monet

Del amor a la religión

Se había enamorado. Ella era Eugenie Loyer, la hija de la señora que le alquilaba la habitación. No esperó tanto como Gaudí, era mucho más joven. Tras un año de no pensar en otra cosa que en Eugenie, se le declaró. Ella tenía diecinueve años y, una vez más, ni se lo esperaba. Le respondió que estaba comprometida en secreto con otro inquilino de su madre y, seguramente, era cierto. Cabe pensar que Vincent no era un mal partido en aquellos días, ciertamente no se correspondía con un galán del imperio británico, pero cabe sospechar que algo debía haber en él que no acababa de funcionar.

Lo primero fue su reacción. Tras el desplante, se inclinó hacia la segunda vocación familiar: la religión. La tomó con pasión desesperada. Solo quería leer la Biblia, asistía a las reuniones del ejército de salvación, ayudaba a dar de comer a los pobres, y rezaba. Rezaba a todas horas.

Su trabajo empezó a resentirse y, por alguna razón, lo enviaron a las oficinas de París donde comenzó a tenerlas con los clientes, les decía que mejor comprasen paisajes en lugar de las chorradas que exponían en aquel salón. Los impresionistas acababan de entrar a escena pero Vincent ni se enteró. Él a lo suyo, a su Biblia y sus delirios, y al final le echaron.

Continuó viajando. Quería ser reverendo, como su padre, y regresó a los Países Bajos. Se mezcló con la gente más pobre y resolvió vivir como ellos. Dejó de comer, de lavarse, buscó formas para infligirse dolor. Se autoflagelaba y, en pleno invierno, se quedaba afuera, en la calle, sin ninguna necesidad de hacerlo, solo para sufrir. Caminaba hasta reventar, de ciudad en ciudad, arrastrando un fracaso tras otro hasta que, un día, la vio.

Por entonces había regresado a la casa de sus padres. Su prima había venido a pasar el verano, viuda y con un niño. Van Gogh la encontró irresistible, con su traje de luto, austera, sin adornos, seria, pálida como la luna. La vulnerabilidad le excitaba y se le declaró. Kee Vos-Stricker saltó como un gato. No se limitó a informarle de su situación o, no sé, a inventarse alguna excusa. Repetía un no, jamás, que bordeaba el terror. Qué fue lo que vio en Vincent o cómo sucedió aquello. El caso es que la mujer huyó.

Vincent la persiguió hasta su casa en Ámsterdam, donde le recibió su tío. Kee no estaba, se había ido para esconderse. Vincent entró, se sentó y extendió su mano sobre la llama de una vela amenazando con que no la apartaría hasta que la viese. El tío se levantó, caminó hacia él y sopló.

Vincent Van Gogh, ´Sorrow´ (1882). La modelo es Maria Hoornik, su esposa

Vincent Van Gogh, ´Sorrow´ (1882). La modelo es Maria Hoornik, su esposa

El mal manejo del rechazo

Convencido de que “no” significaba “tal vez”, lidió de nuevo con otro desamor o mejor sería decir con otra humillación. Al cabo de una semana, Vincent le estaba pidiendo matrimonio a una prostituta de La Haya. Se llamaba Maria Hoornik aunque era conocida como Sien. Se cree que la conocía desde hacía tiempo. Se sabe que Vincent había estado con prostitutas y algunas le habían hecho de modelo, vestidas, porque desnudas era caro.

Sien era una mujer marcada por la viruela, flaca, sin apenas atractivo y con un carácter más bien desdichado como cabe suponer. Había sufrido dos abortos, tenía una hija de cinco años y volvía a estar embarazada. Pero Vincent había encontrado el gran amor de su vida o, como le dijo a su hermano Théo en sus cartas, había conseguido domesticar a una mujer. La había sometido. Siempre regresaba.

En resumen, paradigma y ejemplo obvio y claro de la dominación heterosexual (definir la sexualidad en términos de poder): Ella le había hecho un hombre porque ella le obedecía. Y un artista, cabe añadir, porque por el mismo precio se había hecho con su musa.

La abandonó al cabo de un año. Por el escándalo familiar y esas cosas aquella mujer se quedó sola de nuevo, con la madre que la había metido en el mundo de la prostitución y con dos hijos pequeños. Después, Vincent volvió a París a reunirse con su hermano, donde haría migas con Toulouse Lautrec. Su carrera de artista bohemio no había hecho más que empezar.

Violento, cruel, sadomasoquista. Las mujeres con cierto margen de decisión y de maniobra huyeron de él. Qué reflejaría aquel hombre. Sin contar que no sabemos de la misa la media. Desde cuándo Van Gogh frecuentaba prostitutas, alguna vez experimentó la sexualidad o simplemente se regodeó en la violencia, atrapado en la impotencia de disfrutar, desesperado tal vez por una irremediable falta de empatía que le llevaba a los extremos.

No escapó ni a la gonorrea ni a la sífilis y es fácil sentir piedad por el pobrecito Van Gogh que nunca conoció el éxito. Su esposa lo pasó muchísimo peor. Usada y abandonada. En este caso, él salió ganando. Ella le hizo artista.