Miguel Seguró, autor de 'La seducción del encanto', en la entrevista con 'Letra Global'

Miguel Seguró, autor de 'La seducción del encanto', en la entrevista con 'Letra Global' Òscar Gil Coy Barcelona

Ideas

Miquel Seguró: “El neoliberalismo es como una bicicleta estática, cuanto más pedaleas, menos avanzas”

El filósofo, director de la colección de pensamiento de la editorial Herder, analiza en 'La seducción del encanto', las derivas existenciales de una sociedad atrapada en el cortoplacismo y el desánimo

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Mirada profunda, calma. Es tiempo para la palabra. Para la necesaria reflexión. El filósofo y ensayista Miquel Seguró Mendlewicz participa en las Conversaciones con Letra Global. Y ofrece una radiografía de las crisis existenciales, políticas y culturales de nuestro tiempo. Frente a la inercia del desánimo, la hiperconectividad y los espejismos del individualismo moderno, Seguró aboga por recuperar las grandes preguntas de la vida, reivindicar nuestra vulnerabilidad constitutiva y articular una "ética del cuidado" que devuelva el equilibrio y la cohesión a la experiencia humana.

Miquel Seguró, director de la colección de pensamiento de la editorial Herder, descarta que vivamos en una época puramente nihilista. Más bien describe un estado de desgaste y desánimo generalizado. A su juicio, la posmodernidad tuvo el mérito de introducir el matiz y la duda frente a los sistemas cerrados, pero derivó en una impugnación de los grandes relatos que ha terminado por angostar los horizontes vitales.

Al abusar del prefijo post- (posverdad, poshumanismo), la cultura actual se ha autolimitado a una mirada cortoplacista, renunciando a las preguntas fundamentales de la existencia. Frente a esto, Seguró define el encanto como una sinfonía existencial, un acontecimiento caprichoso e imposible de manufacturar artificialmente, donde el yo se integra armónicamente en el mundo y decide, simplemente, querer quedarse ahí.

El gran saboteador de esta armonía, a su juicio, es el neoliberalismo actual, al que compara con una "bicicleta estática" en la que se pedalea sin avanzar. “El neoliberalismo es como una bicicleta estática, cuanto más pedaleas, menos avanzas”, señala.

Este sistema ya no solo opera mediante el fetichismo de la mercancía, sino que mercantiliza el propio sentido de la vida, vendiendo la ilusión de que el individuo puede alcanzar la plenitud en el aislamiento absoluto. Como contrapartida, y ante la severa crisis de atención provocada por el bombardeo digital, Seguró recupera el concepto de atención de Simone Weil y propone el acto de "parar y retirarse" para hacer espacio al otro. Este repliegue, afirma, es un movimiento anti-neoliberal que nos devuelve la conciencia de que nuestros deseos no son lo único que importa.

Miguel Seguró, durante la entrevista con 'Letra Global'

Miguel Seguró, durante la entrevista con 'Letra Global' Òscar Gil Coy Barcelona

En el plano colectivo, defiende la democracia como el mejor sistema político precisamente porque refleja la condición vulnerable e interdependiente del ser humano.

Para el filósofo, la vulnerabilidad no es una debilidad negativa, sino la capacidad estética y emocional de dejarse afectar por el entorno. La democracia debe entenderse como un proyecto heurístico en constante dinamismo que exige un cuidado diario. Bajo esta premisa, propone dar la vuelta al concepto de obligación ciudadana: las obligaciones no son cargas aburridas, sino la responsabilidad mutua de velar por los derechos de los demás.

Miguel Seguró, en la entrevista con 'Letra Global'

Miguel Seguró, en la entrevista con 'Letra Global' Òscar Gil Coy Barcelona

Seguró constata que ni la Ilustración radical ni el cientificismo han logrado colmar las inquietudes más íntimas del ser humano, por lo que vaticina un retorno de lo religioso y lo místico en el siglo XXI. Sostiene que la filosofía debe ayudar a mirar de frente a la mortalidad --siguiendo la máxima clásica de que filosofar es aprender a morir-- e integrar la finitud para evitar que reaparezca como una angustia inmanejable en los momentos de crisis.

En una esfera pública marcada por el "barroquismo" y el emotivismo --donde la opinión personal y el horror vacui de experiencias agotan el debate--, Seguró concluye reivindicando una razón vulnerable, falible y dialogante, capaz de apartar el tremendismo y rescatar el valor de los encuentros cotidianos.

En un presente dominado por el emotivismo y el tremendismo público, el filósofo concluye reivindicando una razón falible pero dialogante, capaz de atemperar las tensiones y poner en valor las pequeñas certezas y bellezas cotidianas.