Jóvenes en un concierto en el Primavera Sound, en Barcelona

Jóvenes en un concierto en el Primavera Sound, en Barcelona EFE

Ideas

¿Quién teme a los jóvenes y los acusa de abrazar a la ultraderecha?

La politóloga y psicoanalista Alicia Valdés cuestiona la propaganda: hay muchos más jóvenes, hombres y mujeres, que se posicionan en el centro-izquierda, y todos sufren un mismo problema, la precariedad socio-económica

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Encuestas, datos, titulares reduccionistas, ganas de impactar o de encontrar un culpable. Los jóvenes manifiestan sus posiciones y, algunos, sí, se decantan por opciones de ultraderecha, porque se han encontrado con mensajes que consideran atractivos en las redes sociales.

Sin embargo, no hay una gran distancia entre ellos y las inclinaciones políticas de otros sectores de la sociedad con mayor edad. El problema es otro y habrá que encontrarlo en el propio sistema económico y social, que margina de forma especial a las generaciones más jóvenes.

La politóloga y psicoanalista, Alicia Valdés (1992), doctora en Humanidades, ha querido reflexionar sobre esa cuestión y lo plasma en Auge, género, juventud y extrema derecha, un trabajo publicado en Debate que estará este miércoles ya en las librerías.

El tema es espinoso. Cuando se habla de jóvenes y extrema derecha, el colectivo que realmente se inclina por esas posiciones es el de los hombres jóvenes, en mayor proporción que las mujeres jóvenes. Pero el colectivo, en su mayoría, no está en esas tesis. ¿Qué es lo que está en crisis, por tanto?

Portada del libro de Alicia Valdés

Portada del libro de Alicia Valdés

Valdés señala que hay un arquetipo de hombre que se siente amenazado, porque el propio sistema económico, el nuevo capitalismo exacerbado, ya no le protege. Se trata del Hombre PPP, el Protector, Proveedor y Productor. Ha ocupado un espacio central durante muchas décadas, pero hoy ha quedado arrinconado. El capitalismo sacrifica sin problemas a ese hombre, y éste busca explicaciones y las encuentra atacando a otros colectivos, como el feminista.

La autora cita a la politóloga Gefjon Off, que ha dirigido el trabajo Is there a Gender Youth Gap in Far-Right Voting and Cultural Attitudes? La diferencia entre adultos y jóvenes en los datos europeos analizados es de sólo un siete por ciento. Por tanto, no puede considerarse como algo relevante.

Hay otros estudios que se han centrado en ese posible elemento distintivo. En mayo de 2025, el periodista de The Economist, Owen Winter, especializado en datos políticos, presentó una gráfica basada en los resultados estadísticos del British Election Council que “demostraban que la mayoría de las personas encuestadas que pertenecían a la generación Z se posicionaban en el centroizquierda”.

Alargar la juventud

Otro estudio iba en la misma línea, el que presentaba el analista de datos Daniel V. Guisado, en el mismo mes, en el diario El País. Y él mismo, en una red social, explicaba que “entre julio y septiembre (2025), Vox retrocede en la generación Z (tanto hombres como mujeres). En cambio, gana apoyo entre los hombres millennials, ampliando la distancia con las mujeres de esa generación. También mejora entre los grupos de mayor edad, sim importar el sexo”.

No hay una correlación tan clara como se señala de forma frecuente entre hombre joven y apoyo a la extrema derecha. “Las encuestas son fotos fijas de momentos concretos que no pueden conducir a afirmaciones categóricas y rápidas en busca de clics y visitas”, señala Valdés.

La reflexión de esta politóloga va más allá. A su juicio, el propio sistema económico, que busca maximizar los beneficios sin respetar a ningún colectivo ni a una generación concreta, ha acabado perjudicando a la población más joven, que no puede, de forma paradójica, dejar de ser joven. Ayudas para el transporte, para determinados servicios, se han incrementado en los países occidentales a los 35 años. ¿Por qué? Para Valdés es una forma de alargar un periodo en la vida con el objeto de justificar una enorme precariedad. Si es joven, entonces se puede esperar y aguantar algunos sacrificios. Pero a los 35 años ya no se es tan joven y se obstaculiza la entrada en la edad adulta.

No son las mujeres

¿Ha habido diferencias respecto a otras generaciones? Valdés entiende que sí, que los nacidos a partir de los 2000, se han encontrado con continuas catástrofes, con ciclos económicos a la baja. Es, para ella, un momento crítico del sistema capitalista, que ya o sabe cómo ofrecer esperanza y progreso a las nuevas generaciones.

Es en esos aspectos económicos y sociales –imposibilidad de acceder al mercado de la vivienda, sea en alquiler o en propiedad—donde habría que centrar el debate, a juicio de Valdés, y son los que explican que algunos hombres jóvenes se inclinen por opciones de la ultraderecha.

No son las mujeres, insiste Valdés, las culpables de que esos hombres jóvenes, --que han perdido los privilegios que tenían el hombre PPP, vivan una situación de precariedad. Aparece el feminismo, por tanto, como una opción integradora para caminar todos en una única dirección.

Esa es la posición de Alicia Valdés: “En mi opinión, el feminismo no es un movimiento identitario con un sujeto único, sino una cosmogonía, una manera más justa de entender el mundo. Ser feminista es la intención con la que me asomo a comprender el mundo, no una identidad. Siendo feminista tengo comportamientos racistas, al igual que siendo antirracista tengo comportamientos racistas. ¿Por qué no dar la oportunidad a otro de hacer el mismo aprendizaje en el que baso mi experiencia vital?”

¿Lo Woke tiene la culpa?

El feminismo, entonces, no es el enemigo del hombre. Pero sí del Hombre PPP. Y eso es lo que se debe diferenciar. La ultraderecha viene a apoyar a un Hombre que dejó de ser el centro. Y ataca a los colectivos que entiende que erosionan a ese PPP.

Valdés se explica: “Se señala que es el feminismo el responsable de este momento de crisis masculina, cuando lo que ha sucedido es que el modelo de Hombre PPP no es compatible con un sistema económico al que no le tiembla el pulso a la hora de expulsar a los hombres trabajadores. No deja de resultar curioso que quienes señalan lo woke como un movimiento identitario radical sean los mismos que gritan y cuyas venas se hinchan para hablar de la civilización occidental, de los hombres de alto valor o de la amenaza sobre los cristianos”.

En el flanco de la ultraderecha se pueden identificar muchos de esos hombres con las venas hinchadas.