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La memoria histórica en el cine de la democracia

Muchas películas del cine posterior al franquismo tratan de recuperar la Guerra Civil y la dictadura desde el punto de vista de la restitución

Fragmento de la película 'Réquiem por un campesino español' (1985) de Francesc Betriu / FILMAFFINITY
Fragmento de la película 'Réquiem por un campesino español' (1985) de Francesc Betriu / FILMAFFINITY

Tras la llegada de los socialistas al poder en 1982, se reafirma la memoria emocional de la Guerra Civil. Así se refleja en películas como Réquiem por un campesino español (1985) de Francesc Betriu y basada en una novela de Sender con críticas a la Iglesia española; Memorias del general Escobar (1985), personaje fusilado en 1940 e interpretado por Antonio Ferrandis; Dragon Rapide de Jaime Camino (1986), con Juan Diego, en la que se describen las peripecias del arranque del levantamiento franquista; La guerra de los locos de Manuel Matji (1986), con Álvaro de Luna; Lorca, muerte de un poeta (1987); Si te dicen que caí de Vicente Aranda (1990), basada en la novela de Juan Marsé… Se produjeron documentales sobre figuras de muy diverso perfil: Ramon Mercader (1995), Blas Infante (2002), Aguirre (2004), con la promoción de los nacionalismos periféricos.

En el año 2000, Emilio Silva y Santiago Macías fundaban la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y recabaron apoyos para la exhumación de fosas comunes de la guerra civil española. El mismo año el Parlament de Cataluña aprobó una ley para indemnizar a víctimas de la represión franquista. El año 2003, la Junta de Andalucía editó una “metodología para abordar el estudio de actuaciones para la recuperación de la memoria histórica de los hechos ocurridos y personas desaparecidas durante la Guerra Civil y la posguerra”. En el año 2005 se creó el Centro Documental de la Memoria Histórica en Salamanca y se promovió en la Universidad Complutense la cátedra extraordinaria de la Memoria Histórica del siglo XX. En el año 2007 se aprobó la Ley de Memoria Histórica, que en realidad se denomina “ley por la que se reconocen y amplían los derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la dictadura”. En el 2007 el Gobierno de Cataluña promovió la Ley del Memorial Democrático. Ahora está en juego la nueva propuesta de ley de la llamada Memoria Democrática. Se busca cumplir con la asignatura pendiente de cerrar los últimos flecos de la Guerra Civil. El problema es que la ley nace con infinidad de tensiones, porque lo que para unos significa cerrar la guerra, para otros significa justamente reabrirla. A unos les parece una ley innecesaria, para otros es claramente insuficiente.

Fragmento de la película 'Mientras dure la guerra' / FILMAFFINITY
Fragmento de la película 'Mientras dure la guerra' / FILMAFFINITY

La represión franquista

El cine español ha estado muy subordinado a la dependencia de la memoria de la auténtica realidad de lo que fue la Guerra Civil y el franquismo. Son muchas las películas que se han dedicado al tema a caballo de las citadas leyes de memoria histórica. Hitos del proceso de evocación de la memoria histórica han sido cintas como La lengua de las mariposas (1999) de José Luis Cuerda, con guion de Rafael Azcona y adaptación del libro de relatos de Manuel Rivas, que acababa con el maestro don Gregorio (Fernán Gómez) subido a un camión y con destino posiblemente trágico; Silencio roto (2001) de Moncho Armendáriz, que describe muy bien la situación de las mujeres en la posguerra; El lápiz del carpintero (2002) de Antón Reixa, adaptación literaria de Manuel Rivas, que analiza la represión en Galicia, con especial acento en el mundo carcelario (Tristán Ulloa y Luis Tosar son sus protagonistas); y Para que no me olvides (2005) de Patricio Ferreira, que reivindica la memoria de lo que fue la posguerra.

Desde 2007 abundan las películas que tratan la represión franquista de manera cruda. Las 13 rosas de Martín Lázaro (2007), basada en el ensayo de Carlos Fonseca, analiza la muerte de las 13 chicas jóvenes de Juventudes Socialistas Unificadas en el Madrid de la posguerra; La buena nueva (2008) de Helena Taberna nos plantea los esfuerzos de un sacerdote para frenar la ola de crímenes. José Luis Cuerda dirigió Los girasoles ciegos (2008), poniendo en evidencia la existencia de los topos, los ocultados tras la guerra. Estrellas que alcanzar (2010) de Mikel Rueda, nos describe la prisión de mujeres de Saturrarán. La voz dormida (2011) de Benito Zambrano, inspirada en la novela de Dulce Chacón, tiene semejanzas con Las trece rosas y retrata muy bien las cárceles femeninas. Pa negre (2010), dirigida por Agustí Villaronga, examina muy bien la Cataluña de la posguerra. Los años bárbaros de Fernando Colomo (1998) refleja todo el problema del Valle de los Caídos y la famosa fuga de Nicolás Sánchez Albornoz y Manuel Lamana, con interpretaciones de Jordi Mollà y Ernesto Alterio. Salvador (2006), de Manuel Huerga, aborda la ejecución del joven anarquista catalán Salvador Puig Antich. La película fue producida por Jaume Roures. El laberinto del fauno de Guillermo del Toro vuelve sobre el tema del maquis, con Ariadna Gil y Sergi López.

Fragmento de la película 'El laberinto del fauno' / IMDB
Fragmento de la película 'El laberinto del fauno' / IMDB

Voluntad de reconciliación

En los últimos años, la desinhibición se ha impuesto. Y ahí están como testimonio El silencio de otros, largometraje documental de Almudena Carracedo y Robert Bahar (2018), que busca reflejar los crímenes del franquismo; la reproducción del caso Unamuno en Mientras dure la guerra (2019) de Amenábar; La trinchera infinita (2019) de Jon Garaño, con Antonio de la Torre y Belén Cuesta como intérpretes, que incide en el problema de los topos obligados en la Guerra Civil, en este caso a través del caso de un matrimonio de jóvenes casados condenados a esconderse. 

La represión republicana está mucho menos representada en el cine de estos años. Al respecto cabe recordar Soldados de Salamina (2002) de David Trueba, basada en la novela de Javier Cercas, que narra el fusilamiento de Rafael Sánchez Mazas; Un Dios prohibido (2013) de Pablo Moreno, que describe el martirio de 51 miembros de la comunidad claretiana de Barbastro; y Poveda, dirigida también por Pablo Moreno, que analiza la historia de Pedro Poveda, un sacerdote pedagogo con inquietudes sociales asesinado en el Madrid de 1936.

La voluntad de reconciliación se reflejó en algunas películas como La luz prodigiosa (2003) dirigida por Miguel Hermoso, basada en la novela de Fernando Marías, que incide en la muerte de García Lorca o la antes citada Silencio roto (2001) de Moncho Armendáriz con Lucía Jiménez, Juan Diego Botto, Mercedes Sampietro y Álvaro de Luna.