Imagen del documental 'El otro chiquito'

Imagen del documental 'El otro chiquito' Movistar Plus

Cine & Teatro

Chiquito en los tribunales

'El otro Chiquito', el documental de Movistar Plus que muestra el juicio de Chiquito de la Calzada contra Pepe Navarro y a Florentino Fernández por plagio de su figura artística y de su humor tan particular

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Gracias a El otro Chiquito, el documental de Javier Morales y Juan Zavala (autores de El crítico, sobre Carlos Boyero) que acaba de colgar Movistar, los fans de Chiquito de la Calzada podemos acceder a un episodio no muy conocido de la vida de nuestro héroe, cuando llevó a juicio a Tele 5, a Pepe Navarro y a Florentino Fernández por plagio de su figura artística y de su humor tan particular.

Cartel del documental 'El otro chiquito'

Cartel del documental 'El otro chiquito' Movistar Plus

A mediados de los años 90, Gregorio Sánchez Fernández, alias Chiquito de la Calzada (Málaga, 1932-2017), se hizo famoso a una edad ya algo provecta tras ser descubierto por Tomas Summers e incluido en la parrilla de Antena 3.

En pocos meses, España entera bebía los vientos por ese señor bajito y calvo que contaba unos chistes tan malos como largos en los que la conclusión era lo de menos, demostrando, como decía Kavafis (y entendió al revés Lluís Llach), que lo importante de un viaje era el trayecto y no su conclusión.

Chiquito venía de una vida achuchada que incluía el entretenimiento en juergas de señoritos andaluces, un exilio laboral en Japón (de donde volvió diciendo que los nipones eran buena gente, pero vivían muy apretados), el progresivo abandono de su oficio de cantaor porque no destacaba especialmente en él y la deriva hacia el humor absurdo (que le salía de natural) para llegar a fin de mes.

La vida gracias al humor

Chiquito se dio cuenta de que había triunfado el día en que reunió el dinero suficiente para comprarle a su Pepita, la mujer con la que llevaba años compartiendo hambres y precariedades varias, un piso en el paseo marítimo de su ciudad natal, Málaga.

Con piso nuevo y pasta en el banco, nuestro Gregorio consideró que podía tomarse un respiro del ritmo brutal de trabajo que llevaba sosteniendo desde que vio que era capaz de hacer reír a toda España. Y justo en ese momento se encontró con que le había salido un sustituto en Tele 5, un cómico muy joven llamado Florentino Fernández (Madrid, 1972) que poco antes trabajaba como segurata y se entretenía haciendo el ganso para sus compañeros de curro.

Flo lo copió y, al mismo tiempo, amplió su mundo, inventándole parientes como Lucas Grijánder o el mariposón Crispín Klander (que hoy sería linchado por el colectivo LGBTIQ+) y otorgándole un país, Chiquitistán, con capital en Barbate.

Juicio por homenaje

Cuando me dejaron dirigir mi primera y única película hasta la fecha, Haz conmigo lo que quieras (2004), fiché a Florentino para un papel secundario (que acabó interpretando el gran Javivi por culpa de un retraso que obligó a Flo a buscarse la vida) y salió el tema del juicio.

El demandado, que era un chaval estupendo, me reconoció que, sí, que se había inspirado, tal vez demasiado, en Chiquito, pero me aseguró que lo suyo fue más un homenaje que un atraco a mano armada. Me lo creí, pues el hombre me pareció un estudioso de Chiquito que, además, había ampliado el mundo original del humorista.

En su momento, Chiquito no lo vio así. Es más, se pilló un rebote considerable y se metió en juicios, como nos cuenta el documental El otro Chiquito. La cosa tuvo un final agridulce: el caso se cerró sin sentencia de ningún tipo. Chiquito, que era un buen tipo, no se cebó con Flo, al que acabó cruzándose años después en un programa de Tele 5 y, según cuenta Juan y Medio en el docu, lo único que le dijo al pobre Florentino, acojonado en un rincón, fue: “No engordes más”.

Destaca entre las voces autorizadas de El otro Chiquito la de Pepe Navarro, liante máximo de los años 90, cuyas explicaciones del asunto son de un cinismo entrañable. Si le hemos de hacer caso, él y Flo (pero sobre todo él) resucitaron la carrera de Chiquito con su homenaje diario, ya que el humorista, según Pepe, estaba en plena decadencia a finales de los 90.

El resto de los figurantes incluye a un montón de columnistas de El País que, en general, hablan por hablar y a un testigo de excepción, el banquero Mario Conde, amigo del alma del difunto, cuyas cuentas supervisó durante una época, y aparentemente con más eficacia que las de Banesto.

Las imágenes de archivo de Chiquito son estupendas, pues demuestran que hubo una época en que nuestro hombre tuvo pelo en la cabeza, aunque no mucho. ¿Mi foto favorita? La de Paul Simon con Chiquito y todo el cuadro flamenco, que he convertido ya en mi imagen favorita de todos los tiempos. Después de la de Elvis con Torrebruno, claro está.