Imagen de 'This is not a murder mystery'

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Cine & Teatro

René Magritte, detective

La serie 'This is not a murder mystery' es una producción belga que recuerda a los comics anglófilos de François Riviere y Floc´h de los años 70 y 80. Y a Agatha Christie, claro, muy aficionada a los misterios de gente más o menos encerrada en una mansión

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La idea es buena, estimulante y juguetona: un misterio a lo Agatha Christie, ambientado en una mansión británica y protagonizado por la plana mayor del surrealismo: Salvador Dalí (Iñaki Mur), René Magritte (Pierre Gervais), Man Ray (Frank Bourke), Lee Miller (Florence Hall), Max Ernst (Mike Hoffmann)…Como dirían los de Muchachada Nui, “menuda ideaca”.

Semejante ideaca otorga interés y distinción intelectual a la nueva propuesta de Filmin, This is not a murder mystery (Esto no es un misterio criminal, seis episodios), título que remite al célebre cuadro de Magritte Ceci n´est pas une pipe (Esto no es una pipa).

La serie es una producción belga creada y escrita por Christophe Dirickx, Matthias Leeber y Paul Baeten (y dirigida por Hans Herbots) que recuerda a los comics anglófilos de François Riviere y Floc´h de los años 70 y 80. Y a Agatha Christie, evidentemente, muy aficionada a los misterios de gente más o menos encerrada en una mansión.

El diseño de producción es suntuoso y el vestuario merecería un premio de la Academia de Hollywood, pero vayamos al grano: ¿Qué sucede exactamente en This is not a murder mystery? Allá va.

Imagen de la serie 'This is not a murder mystery'

Imagen de la serie 'This is not a murder mystery'

Lord James (Aoibhinn McGannity, que es una mujer, pero todo el mundo se dirige a ella como si fuese un hombre, aunque no se nos dice por qué), organiza en sus propiedades de la campiña inglesa (aunque la serie está rodada entre Irlanda y Bélgica) una subasta para ricachones de las últimas obras de los surrealistas citados en el primer párrafo, a los que invita a pasar unos días en casa. El plan de Lord James es forrarse a costa de sus clientes internacionales (entre ellos, Nancy Cunnard, heredera de la naviera del mismo nombre), pues corre el rumor de que aún no se ha recuperado del crack de Wall Street (estamos en 1936) y anda un tanto tiesa de pasta.

¿Cómo son los surrealistas?

Pero alguien se ha propuesto arruinarle la fiesta a la aristócrata y dos de sus invitados aparecen muertos en extrañas circunstancias: su mejor amiga y un amigo de ambas llamado Nash del que solo sabemos que le gustan mucho las drogas y que parece de género fluido. Una aparece tumbada junto a Magritte, ambos con el rostro cubierto por una tela blanca, como en el cuadro Les amants. El otro, crucificado y en bañador, decora la fachada principal de la mansión de Lord James.

Imagen de 'This is not a murder mystery'

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¿Conclusión lógica?: ¡Hay un asesino entre nosotros! La policía entra en escena para desenmascararlo y a Magritte le da un pronto de detective amateur que lo conducirá, prácticamente, a dirigir la investigación, junto a la inspectora Mary Quant (Donna Banya, nada que ver con la inventora de la minifalda), una negra bajita y rolliza que acabará volándole personalmente la cabeza al misterioso asesino.

Aunque se sigue con agrado, This is not a murder mystery se resiente de algunos problemas:

1/ Es demasiado larga para lo que cuenta. Con tres episodios íbamos todos que chutábamos.

2/ Los surrealistas, con la excepción de Magritte, resultan ser unos personajes acartonados a los que el guion tampoco se esfuerza en humanizar, cosa imprescindible para generar en el público la debida empatía.

3/ La trama avanza con cierta lentitud, algo ideal si uno se fija mucho en los vestidos y en las verdes campiñas, pero un tanto letal si a uno le gusta que las intrigas avancen a mayor velocidad.

En ese sentido, los guionistas no se ponen las pilas hasta el capítulo cinco, que, como el final, es espléndido. El problema es que para llegar a él ha habido que atravesar cuatro episodios en los que uno ha estado a punto varias veces de darse de baja.

Premio a quien resista

Eso sí: premio a la paciencia para quien resista, ya que la conclusión de la serie está francamente bien (el reparto de invitaciones a un crucero a Nueva York por parte de la señorita Cunnard permite intuir que la segunda temporada, que ya está en marcha, nos permitirá reencontrar a nuestros queridos surrealistas en alta mar, sustituyendo la mansión por el barco, que también parece un ambiente de lo más Agatha Christie).

En resumen, un producto ingenioso que tal vez podría haber ido un poco más allá de la ideaca, pero que se agradece mucho entre tanta repetición y tanta rutina como se registran en el género criminal.