Imagen de la serie ‘Dinastía: Los Murdoch’

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Cine & Teatro

‘Dinastía: Los Murdoch’: Un cáncer llamado Rupert

Estamos ante una familia horrible que, probablemente, les recordará a la de la serie Succession, inspirada clarísimamente en los Murdoch. Hay que tomarse, pues, Dynasty como la versión documental de Succession (o viceversa), pero una versión mucho más terrorífica porque es real

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En esto de las series, como en casi todo, no siempre es fácil acertar a la primera. Empecé la semana con Scarpetta (Netflix), adaptación de las novelas de Patricia Cornwell protagonizada por Nicole Kidman y Jamie Lee Curtis como la forense Kay Scarpetta y su insufrible hermana mayor. No es que me fascinen especialmente las novelas de la señora Cornwell, aunque leí tres o cuatro en su momento y hasta llegué a traducir una de ellas, pero supongo que me deslumbró el reparto, que también incluye al siempre eficaz Bobby Cannevale. Error, craso error. Ya sé que es difícil mantener el equilibrio entre el muerto de turno y el factor humano de los persones, pero es que Scarpetta es una bronca constante entre las dos hermanitas que se olvida de que, teóricamente, es un thriller.

Una Nicole Kidman ausente (y cada día más inexpresiva a causa de sus visitas al quirófano) y una Jamie Lee Curtis histérica no proporcionan precisamente un gran espectáculo. Y, poco a poco, te vas olvidando del muerto que lo ha puesto todo en marcha y acabas hasta las narices de las tanganas familiares. Conclusión: un ladrillo.

Imagen de la serie ‘Dinastía: Los Murdoch’

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En busca de un poco de qualité, me pasé a Filmin y The hack, serie británica protagonizada por el incombustible David Tennant, que ha hecho de todo en la televisión del Reino Unido. En esta ocasión interpreta a un periodista de The Guardian que se vio metido en el fregado de las escuchas telefónicas que agitó Fleet Street hace tres décadas y que tenía su origen en los diarios de Rupert Murdoch. Un producto muy local y lleno de referencias incomprensibles si no eres inglés y tienes buena memoria. Uno ya sabía que Murdoch era más malo que la tiña, pero también es, en la sombra, el personaje más interesante de The hack.

Querida televisión británica

De ahí que abandonara el visionado de esa serie tras el primer capítulo y volviera a Netflix, donde se acababa de colgar Dynasty: the Murdochs (Dinastía: los Murdoch), una miniserie (cuatro capítulos) dirigida por Liz Garbus y centrada en los dimes y diretes de la familia Murdoch, que son de traca. Esa me la tragué hasta el final porque me fascinan los grandes malvados y Rupert Murdoch está a la altura de Elon Musk y Hannibal Lecter.

El mítico guionista inglés Dennis Potter (1935 – 1994), responsable de series magníficas como Pennies from heaven (llevada al cine osteriormente con Steve Martin de protagonista) o El detective cantante, bautizó como Rupert al cáncer de páncreas que se lo acabaría llevando por delante. Según él, Murdoch había convertido su querida televisión británica en un gallinero infame lleno de productos abominables. No le faltaba razón.

Imagen de ‘Dinastía: Los Murdoch’

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Dynasty: the Murdochs explica de manera muy didáctica la carrera profesional del australiano Rupert Murdoch (Melbourne, 1931: ¡ese hombre es inmortal!), consistente en comprar periódicos, canales de televisión y hasta los estudios Fox (de los que se tuvo que desprender) para ganar dinero, poder y capacidad de expansión para sus ideas de extrema derecha.

Aunque presumiera de haber partido de la nada (como su rival y luego compinche Donald Trump), Rupert heredó el imperio australiano de la comunicación levantado por su padre. Lo suyo, eso sí, fue la expansión. Primero Inglaterra (y Hong Kong), luego Estados Unidos y, finalmente, el mundo entero. Todo un master of the universe, el bueno de Rupert.

Ir por libre

A su hija mayor, Prudence, fruto de su primer matrimonio con Patricia Bookes, la dejó relativamente en paz, pero a los de su segunda esposa, Anna Torv, los manipuló desde la infancia, enfrentándolos entre ellos, para decidir quien iba a ser el heredero de su imperio. Lachlan siempre fue su perrito faldero. James iba por libre, cosa que a papá lo sacaba de quicio, y no era todo lo de derechas que cabía esperar. Elisabeth no tenía futuro porque era una chica.

Nuestro ciudadano Kane siempre estuvo cerca del poder. Apostó por Reagan y éste se saltó la ley para proporcionarle la joya de su corona, Fox News. Al principio, Trump le pareció un majadero (como a casi todo el mundo), pero luego pasó de despreciarlo a apoyarlo descaradamente desde su canal de noticias, lleno de energúmenos con ganas de tomar el Capitolio.

Aunque no tenía mucha vida privada porque ya se sabe que medrar quita mucho tiempo, Murdoch se casó cinco veces: después de Patricia y Anna vinieron Wendi Deng (que se la pegó con Tony Blair), Jerry Hall (la modelo tejana ex novia de Bryan Ferry y Mick Jagger, cuyo eclecticismo sentimental supera al de Carla Bruni, capaz de pasar de Eric Clapton a Nicolas Sarkozy) y Elena Zhukhova (reconozco que ésta no tengo ni idea de quien es, pero casarse pasados los 90 dice mucho sobre la resiliencia del marido).

Morir antes de tiempo

Como ustedes ya habrán deducido, estamos ante una familia horrible que, probablemente, les recordará a la de la serie Succession, inspirada clarísimamente en los Murdoch. Hay que tomarse, pues, Dynasty como la versión documental de Succession (o viceversa), pero una versión mucho más terrorífica porque es real.

Si, como es mi caso, les fascinan las historias de gente infame que solo ha contribuido a empeorar el mundo que heredaron, Dynasty: the Murdochs es su serie: miseria moral a granel, cotilleos de altos vuelos, oportunismo absoluto, adulación de los poderosos y menosprecio de los pelacañas, inhumanidad elevada a la enésima potencia…

Dennis Potter era, probablemente, un buen hombre que murió antes de tiempo. Rupert, como él mismo dijo, es un cáncer que pretende ser inmortal y tiene muchas posibilidades de conseguirlo: de verdad que lo siento por Keith Richards y Jordi Hurtado