Imagen de la serie 'Herrhausen, el banquero humanista'

Imagen de la serie 'Herrhausen, el banquero humanista'

Cine & Teatro

Herrhausen, el banquero humanista

La serie 'Herrhausen, el banquero y la bomba' reconstruye muy bien la realidad de hace casi cuatro décadas, la reconstrucción fiable, segura, alemana de unos hechos que algunos vivimos en directo y es que estuve en Berlín mientras caía el muro

Por el camino del cementerio

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Una didáctica lección de historia reciente de Alemania es lo que nos ofrece la miniserie (cinco episodios) de Filmin Herrhausen, el banquero y la bomba, dirigida por Pía Strietmann sobre un guión de Thomas Vendrich. Confieso que no había oído hablar en mi vida del señor Herrhausen (Oliver Masucci), una rara avis en el mundo de la gran banca (fue presidente del Deutsche Bank mientras se hundía el comunismo y caía el muro de Berlín) que, tras viajar a un México en la ruina, tuvo una especie de epifanía según la cual, dejar hundirse a quien ya está en ello no solo es inmoral, sino también perjudicial para la salud financiera de sus verdugos.

Teoría que logró imponer en su entorno, aunque dando muestras de un didactismo agotador: la serie nos muestra sus esfuerzos con frialdad clínica y germánica, sin querer hacer un héroe del banquero, mientras dibuja el panorama político alemán (Herrhausen fue asesor del canciller Helmut Kohl, que comía de su mano) e internacional (nuestro banquero se trataba de tú a tú con Mijail Gorbachov y Henry Kissinger).

Convencido de que la banca podía servir para algo más que para sangrar a la población mundial, el bienintencionado Herrhausen se vio en medio de un cambio político-económico de mucho cuidado, siempre defendiendo su teoría de que el dinero tenia que correr por todas partes si no queríamos que la miseria de unos (los países comunistas) redundara en la de todos (los países capitalistas).

Reconstrucción fiable

Por eso se empeñó en que el Deutsche Bank prestara grandes cantidades de dinero a la Rusia de Gorbachov y a los países satélites de esa Unión Soviética que se estaba yendo rápidamente al carajo. Como buen capitalista, Herrhausen quería evitar un mal mayor: que los parias de la tierra se levantaran contra los que vivían casi tan bien como él y acabáramos teniendo problemas a nivel internacional.

Imagen de la miniserie ¡Herrhausen, el banquero humanista y la bomba'

Imagen de la miniserie ¡Herrhausen, el banquero humanista y la bomba'

Herrhausen, el banquero y la bomba reconstruye muy bien la realidad de hace casi cuatro décadas, aunque a veces algún actor se parezca como un huevo a una castaña al personaje real que interpreta (te lleva cierto tiempo reconocer a Kohl y a Kissinger, y a Gorbachov lo identificas gracias a su carismática mancha en la calva), pero eso es un problema menor ante la reconstrucción fiable, segura, alemana de unos hechos que algunos vivimos en directo (aquí donde me ven, estuve en Berlín mientras caía el muro, al que estuve dándole de martillazos porque mi novia de entonces se empeñó en llevarse a casa piedrecitas con interés histórico).

Como tantos otros potentados de la Alemania de la época, Alfred Herrhausen estuvo en el punto de mira de la Fracción del Ejército Rojo, grupo terrorista fundado a principios de los 70 por Ulrike Meinhof, una burguesita malcriada y con complejo de culpa, y Andreas Baader, un tarugo que encontró en el crimen político una excusa para atracar bancos y asesinar a enemigos del pueblo, actividades que lo alejaron de su previsible destino como delincuente común.

El fresco de una época

A finales de los 80, la Baader Meinhof no era la de los 70 (Meinhoff había muerto en la cárcel en 1976 y Baader había seguido su ejemplo en 1977), pero aún conservaba su capacidad de hacer daño, gracias sobre todo al dinero de la Stasi, la policía política de la RDA, que le seguía llegando con regularidad. Aunque circulaba en un coche blindado y disponía de guardaespaldas, el banquero humanista pereció en un atentado que nunca quedó claro si fue obra de la Fracción del Ejército Rojo o, directamente, de la Stasi (aunque también podría haber estado organizado por sus colegas del mundo de la banca, que nunca lo acabaron de tragar).

Curioso personaje. Y curiosa serie, especialmente dedicada a los interesados en nuestra historia reciente. Cuesta un poco entrar, y al principio puede que te preguntes qué haces viendo la biopic de un banquero del que nunca habías oído hablar. Pero en el segundo capítulo ya se ha impuesto el fresco de una época y un lugar, realizado con una frialdad germánica que resulta beneficiosa para el relato.

Los americanos hubiesen convertido a Herrhausen en el personaje de una película de Frank Capra, enfrentado al sistema en defensa de los desafortunados de la tierra. Los alemanes han preferido dejar constancia de la existencia de un funcionario ejemplar al que le tocó estar en el centro de un torbellino socio-político-económico de muchos bemoles y que, a su manera, hizo lo que pudo por su empresa, su país y Occidente en general. Mejor así.