Fotografía de la exposición ´Dulce Venganza´ en el Museo Reina Sofía

Fotografía de la exposición ´Dulce Venganza´ en el Museo Reina Sofía

Artes

La dulce venganza de González-Torres en el Reina Sofía

La crisis del sida, la belleza y la política, algunos de los temas que recoge la primera presentación a gran escala de la obra de Félix González-Torres, el artista estadounidense de origen cubano

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A González-Torres (1957-1996) quizá el lector de Letra Global lo conoce ya, o le suena su nombre, porque hubo una exposición suya en el MACBA, en el año 2021. Y porque Iván de la Nuez lo “celebró” hace pocos meses en uno de mis artículos en Crónica Global. Allí celebraba el conocido ensayista cubano (también lo era, de origen, González-Torres) su obra Amantes perfectos, que consiste en dos relojes de pared, como los relojes de las estaciones de tren, perfectamente sincronizados.

Pero pasa con las exposiciones de arte como con las personas: vuelves a verlas al cabo de los años, y pueden impresionarte, por su belleza, por su fealdad, por el paso de los años y las huellas que en esas personas o exposiciones hayan dejado. Tienes que estar siempre en modo “receptivo” o “sensible” para comprender, y disfrutar, de lo único, de lo maravilloso que puede ser un ser humano o una obra de arte. De la excepcional oportunidad de volver a entrar en contacto con ellos.

Es lo que me pasó el otro día, entrando en el Reina Sofía y hallándome ante la primera sala de la exposición que ahora le dedican allí a Félix González-Torres. La única obra que allí se expone (hasta el 12 de octubre) es tan bonita que casi me eché a temblar. Se titula Dulce venganza. Consiste en un gran rectángulo en el suelo de caramelos intensamente azules. Las paredes están pintadas de un blanco nuclear, y el efecto óptico era precioso. La verdad es que luego ya casi no pude ver el resto de la exposición. Venganza era suficiente para un día.

Era tan impresionante también porque me recordaba a su Retrato de Ross en Los Ángeles: es su obra más famosa, quizá, y consiste en un montón de caramelos, apoyados contra la pared de la galería o del museo, del que cada visitante puede coger uno y llevárselo.

Una reliquia de obra

El tal Ross era el novio de González-Torres, había muerto de sida, y el artista lo compartía con cada visitante. Según estos van retirando caramelos, el “cuerpo” de Ross va disminuyendo, pero el museo tiene la obligación de ir reponiendo la obra. De ir añadiendo caramelos al montón. Es inútil explicar las implicaciones emocionales y filosóficas de una obra así. El cubano aquel era genial.

Muchas veces, la grandeza de una obra de arte contemporáneo reside en el título. En la cartela. Desarrollaré esta idea otro día.

Yo me llevé algunos caramelos de Venganza. Pensé que se los regalaría a algunos amigos. Luego, ya en casa, pensé que no entenderían la grandeza, el valor de aquellas reliquias. Tampoco podría explicarles la grandeza de la pieza de la que procedían. Tiré los caramelos a la basura. Igual que tiramos a la basura nuestros recuerdos de los demás...

Todo esto para recomendar al lector que, si va a Madrid, vaya al Reina y vea la exposición. Por cierto que yo asistí, además, a la rueda de prensa. Estaban los comisarios, y el director del Reina, y, entre los asistentes, algunos de los críticos de arte más distinguidos de nuestra prensa. Observé que algunos le tienen ganas al director del Reina, Manuel Segade.

Algunas preguntas eran, o parecían, hostiles: “¿Qué sentido tiene una expo de González-Torres, ahora, cuando ya hubo una hace pocos años en el MACBA?”, le preguntaron, por ejemplo. Extraña pregunta. Diamonds are forever.

Da la impresión de que Segade no ha caído bien en ciertos ámbitos o círculos. Me parece —puedo estar equivocado— que desde la izquierda, algunos lo detestan porque no es Manuel Borja-Villel, el anterior, carismático y longevo director del Reina, que desde luego fue un gran director y sabe ser tan seductor con los periodistas (como demostró, por ejemplo, conmigo mismo). Véanse los artículos abstrusos de la señora Molina en El País.

El trabajo de Segade en el Reina

Desde la derecha no sé por qué le tienen cierta inquina. A mí me parece que lo está haciendo más que razonablemente bien desde que asumió el cargo, en 2023, elegido por el patronato, bajo el mandato de Iceta, un ministro de Cultura que de cultura sabía tanto como yo de encaje de bolillos. Dicho sea de paso.

Segade tal vez no es tan “progresista” como Borja-Villel (no nos engañemos: si hay algo poco progresista en este mundo, es un museo), pero su ordenación de la colección del Reina es de una sensatez irreprochable. Y yo, particularmente sigo bajo la impresión de su exposición sobre el adorable Alberto Greco, y ahora de la Dulce venganza —así se titula la que fui a ver el otro día— de González-Torres.