Perioco Pastor por Farruqo

Perioco Pastor por Farruqo FARRUQO

Artes

Perico Pastor en el Hospital del Mar, el arte ambulatorio tras la huella de Sorolla, Matisse y Barceló

Por delante de las obras de Pastor pasan a diario decenas o cientos de personas con instinto para encantarse con su sfumato en un pasillo interminable; gentes atraídas a un espacio en el que rige la cultura del dolor y su remedio

Henri Matisse, el profeta del arte moderno

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Perico Pastor descontextualiza su arte en las paredes del Hospital del Mar de Barcelona. Saca la obra de su espacio ordinario, la sala de arte o el museo; la reinterpreta y le propone un encuentro furtivo a quien la contempla, como si fuera un paisaje natural. Es el efecto “acompañamiento” –“función central del arte”, en palabras de Pastor–, una necesidad apremiante en esta primera mitad de un siglo que necesita restablecer el orden natural de las cosas, después de muchas décadas nutridas de interpretaciones.

Por delante de su pintura, pasan a diario decenas o cientos de personas con instinto para encantarse con su sfumato en un pasillo interminable; gentes atraídas a un espacio en el que rige la cultura del dolor y su remedio, que ahora mismo evitan detenerse frente a una tela museizada con ringorrango. La indiscutible calidad de Pastor permanece inmutable; su acento está en el objeto de arte sobre el que recae la mirada de un ser humano que hace de sujeto.

No estamos ante la anestesia tranquilizadora del gusto. Se trata de disfrutar del placer estético sin establecer escuelas o categorías, entendiendo “la racionalidad del signo”, como lo anunció Wittgenstein, una forma de leer en seco. En los lavabos del hospital, el enfermo descubre la paleta del pintor. Su mirada complementa la orina, el excremento, el jabón y el agua; la enfermedad somete por momentos a la marginación impostada del mundo medicalizado. La curación deja de ser un eufemismo políticamente correcto para convertirse en objetivo.

Una obra de Perico Pastor en el Hospital del Mar

Una obra de Perico Pastor en el Hospital del Mar HOSPITAL DEL MAR

El arquitecto Albert de Pineda reinventó su Hospital del Mar para dinamizar los espacios vacíos. Pastor lo entendió: diseminó su arte con el pigmento de tal forma que la metáfora contextual tiene lugar en la imaginación del receptor. Pineda, uno de los principales expertos internacionales en arquitectura hospitalaria ha levantado residencias sanitarias en España, Portugal, Italia, Alemania, Nicaragua, El Salvador, Emiratos Árabes, China, Chile y Panamá.

La belleza cura. Pastor es el autor de Boulevard Antoni Vila Casas, una obra impulsada por la fundación del gran mecenas --el químico Vila Casas--, con la voluntad de transformar los espacios asistenciales en entornos más humanos y emocionalmente confortables. A veces, el sentir de un enfermo va desde la incertidumbre hasta el color. El pintor lo ha vivido; atravesó su línea de sombra en 2020, cuando en plena pandemia sufrió un infarto, se desplomó en el Puerto de Barcelona después de practicar el remo y fue trasladado al Hospital del Mar, donde los cardiólogos le salvaron la vida.

Por sus antecedentes hospitalarios, conocemos esta paradoja: el arte sana y muere casi al mismo tiempo. En 2024, en la exposición 100 años de modernidad, un proyecto producido por los museos Sorolla, Carmen Thyssen, Prado, Bellas Artes, Orsay y la Hispanic Society of America, pudimos ver el objetivo de explorar el potencial de la pintura desde temas como la observación de la materia, del cuerpo y la ambivalencia de la naturaleza; además del mar, la tierra o la salud como vencedora. Sorolla, el pintor de la luz y la Francia rural de Camille Pissarro, francés de origen antillano, fueron la cura y el mal en el albor de las vanguardias.

Obra perversa

Hace un siglo, la relación entre Gustav Klimt y los hospitales estuvo marcada por dos acontecimientos encadenados: la polémica creación de su obra Medicina para la Universidad de Viena y su muerte en un hospital de la capital austríaca durante la pandemia de 1918. Medicina fue una de las famosas "pinturas de la facultad" encargadas a Klimt para el techo del aula magna de la Universidad de Viena, junto con Filosofía y Jurisprudencia.

En lugar de presentar la medicina como un triunfo racional de la ciencia, Klimt mostró la vida como un flujo de cuerpos humanos envejeciendo y sufriendo, con la figura de la muerte presente, con la diosa de la curación sosteniendo la serpiente de Asclepio, lo que simbolizaba limitaciones de la medicina. La comunidad científica de la época calificó la obra de perversa; la pintura fue rechazada de forma injusta tal como confirmó después la destrucción de la obra por parte de las SS, en 1945, el último asesinato estético de los nazis, en Austria.

El mural de Diego Rivera para el Rockefeller Center

El mural de Diego Rivera para el Rockefeller Center

Aquel mismo año, dos murales de Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, testimoniaron el advenimiento de la medicina moderna y de la construcción del Hospital de la Raza en México City. El arte mural se entrelazó con la medicina; los hospitales se convirtieron en logros sociales del Estado y símbolos de bienestar.

La curación convierte la frontera en horizonte. Esta es una sugerencia del arte de Perico Pastor: acompáñame hacia allí, al siguiente oasis pintado a lápiz de verde y azul. Desde la ventana solo se ve lo que hay detrás; en cambio, sobre el camino, verás los prados y valles que nos aguardan.

Pastor emigró a Nueva York, después de estudiar en Barcelona. Publicó ilustraciones en Harper's Magazine, The Village Voice, Vogue y, sobre todo, en The New York Times. Ha expuesto en numerosas ciudades y ha realizado ilustraciones para El País, La Vanguardia, El Periódico de Cataluña y el International Herald Tribune.

Romper el silencio cómplice

En un discurso informal y profundo -a través del teléfono- Pastor revela a Letra Global su admiración por Henri Matisse, pintor de ambulatorio quien, a pesar de su fragilidad física, se embarcó en proyectos de gran formato. Piezas como El caracol o Memoria de Oceanía reflejan esa ambición. Muchas de sus obras no habrían sido posibles sin la ayuda de sus asistentes, en un taller cubierto de color. Su impulso culminó en la capilla del Rosario de Vence, donde extremó la intensidad cromática, en un “diálogo entre arte y espiritualidad”. No hay epílogos, sino reinvenciones, como las de Matisse, que, ante la enfermedad, decidió llevar su arte hasta el límite.

El artista Miquel Barceló

El artista Miquel Barceló Matias Chiofalo Europa Press

Pastor ocupa la periferia española de los culturalmente transterrados. Con su arte hospitalario rompe el silencio cómplice de los instalados, como lo hizo Miquel Barceló, en su momento, al denunciar la reacción tardía de Europa ante el coronavirus, aquel virus más poderoso que nosotros, “más antiguo, más democrático y más paciente”. Una pandemia es poca cosa frente al paludismo africano en el que muere más gente en un día que en un año de coronavirus europeo.

El Perico Pastor de su retrospectiva (Els pericos de perico) o de La Biblia il.luminada, con más de 350 obras originales, ofrece una panorámica casi inabarcable. Su obra es un festival de acuarela sobre papel japonés, con pinceladas largas y contundentes de distintos grosores bañadas en negro, sobre fondos de color. Ha expuesto en la Pratt Manhattan Gallery (Nueva York), el Círculo de Bellas Artes (Madrid), el Marimura Art Museum (Tokio) o la Commenoz Gallery (Miami). Al completar su Boulevard Vila Casas, Pastor es un epítome del acompañamiento sanador a través de la plasticidad que le ha convertido en referente. Puede decirse que solo rechaza el arte totalmente académico. Es un explorador; no da las cosas por sentadas.