Una imagen de Lauren Sánchez y Jeff Bezos

Una imagen de Lauren Sánchez y Jeff Bezos EFE

Ideas

Jeff Bezos, el magnate ‘ostentóreo’

Bezos ha aportado la bonita suma de diez millones de dólares con la intención de que la célebre gala del Museo Metropolitano de Nueva York, una mamarrachada que nada tiene ya que ver con el arte, alcance dimensiones siderales

Nuestros queridos simulacros culturales

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Siempre dispuesto a retorcer la lengua española, el llorado Jesús Gil y Gil alumbró el concepto ostentóreo. Nunca sabremos si quiso decir ostentoso u estentóreo, pero da igual: la fuerza del vocablo, el poderío de la neo lengua hablada por el magnate, hizo de ostentóreo un concepto gramaticalmente falso, pero de una precisión absoluta a la hora de definir a cierta gente y al propio sujeto que lo había inventado.

Cada vez que veo a Jeff Bezos me viene a la mente la falsa palabra ostentóreo. Me acabo de cruzar con él en la prensa gracias a la célebre gala del Museo Metropolitano de Nueva York, para la que ha aportado la bonita suma de diez millones de dólares con la intención de que la mamarrachada en cuestión, que nada tiene ya que ver con el arte, alcance dimensiones siderales.

Zuckerberg (Meta) Lauren Sánchez y Jeff Bezos (Amazon), Sundar Pichai (x) y Elon Musk (X) durante la toma de posesión de Donal Trump : WHITE HOUSE PRESS OFFICE

Zuckerberg (Meta) Lauren Sánchez y Jeff Bezos (Amazon), Sundar Pichai (x) y Elon Musk (X) durante la toma de posesión de Donal Trump : WHITE HOUSE PRESS OFFICE

A nuestro hombre le gusta fardar, como ya demostró cuando alquiló la ciudad de Venecia para casarse con su segunda esposa, la neumática, siempre escotada y muy operada Lauren Sánchez, una chica de su pueblo, Albuquerque, Nuevo México, a la que también le gusta dejarse ver para que se mueran de envidia los pelacañas.

Simulacros

Los Bezos encajan a la perfección en eventos que ya no significan nada, como la gala del Met, que este año ha batido su récord de invitados ostentóreos. Aún me estoy recuperando del look de Sam Smith, ese cantante británico que parece una señora mayor con sobrepeso: casi todos los músicos británicos acaban pareciéndose a una señora mayor cuando alcanzan cierta edad (pensemos en Paul McCartney, Elton John, Robert Smith o los hermanos Davies), pero Sam lo ha logrado antes de cumplir los cuarenta. Ha sido una gala sin asomo de discreción vestimentaria en la que el más moderado ha sido Bad Bunny, que se ha limitado a disfrazarse de sí mismo a una edad provecta, con cabello blanco y un bastón.

El ostentóreo señor Bezos, previo pago de los diez millones de pavos, ha logrado la gala del Met más ostentórea de todos los tiempos, contribuyendo a que el arte, que es lo que atesora el museo en cuestión, no haya sido visto por ninguna parte. Es una época ideal para los simulacros: ¿qué me dicen del festival musical del valle californiano de Coachella, a donde acuden celebrities, influencers y desocupados (con pasta) en general a hacerse selfies de espaldas al escenario, donde actúa gente que se la sopla lo más grande? No sé si hay fotos de los Bezos en Coachella, pero también encajarían muy bien en ese simulacro de macro concierto de rock.

Trepa mezquino

Pensar que hubo una época en la que Jeff Bezos era mi ídolo…Cuando el hombre empezó, vendiendo libros, discos y DVD, a finales del siglo XX, yo lo quería como a un hermano, pues lo consideraba un tendero con rostro humano gracias al cual podía hacerme con un interesante material cultural sin moverme de casa ni tener que viajar a Estados Unidos. Por aquel entonces, los encargos de Amazon tardaban un mes en llegar, pero valía la pena la espera: cuando por fin te llegaba el paquete, lleno de literatura, música, cine y series de televisión era como si se materializaran en tu hogar los Reyes Magos.

Jeff Bezos

Jeff Bezos Matteo Chinellato / IPA via ZUMA P / DPA Europa Press

Luego, el hombre se fue viniendo arriba hasta convertirse en el monstruo que es en la actualidad, en el trepa mezquino capaz de producir un documental sobre Melania Trump para congraciarse con su desagradable y ostentóreo marido. Ahora, cada vez que me llega un paquete de Amazon, me siento culpable y pienso que no debería darle ni un céntimo al señor Bezos (aunque controle únicamente el 7% de la compañía, ya que ha encontrado negocios más lucrativos que los de los libros y los discos y los DVD que ya no compra nadie).

En comparación con Bezos, magnates como Mark Zuckerberg o Elon Musk parecen el epítome de la discreción, aunque sean tan despreciables como él. El papá de Facebook sigue yendo por el mundo en camiseta y Musk, por lo menos, es un villano perfecto para las películas de James Bond (Barbara Broccoli, que trabaja para Bezos, debería ofrecerle el papel, como hizo Santiago Segura con José Luís Moreno en la saga de Torrente).

La ley de Murphy

No tengo nada en contra de que la gente se haga rica, pero sí de que me pasen su riqueza por la cara. Por eso me tomo como una ofensa la boda de Bezos en Venecia y la gala del Met que acaba de financiar para que la parienta se codee con las celebridades vestidas de manera ridícula que se pavonean en un museo en el que, probablemente, jamás habían entrado. ¿Tanto le costaría lucrarse en silencio, como hicieron sus antecesores?

El presidente de EEUU, Donald Trump, en una reciente comparecencia ante los medios en la Casa Blanca / EP

El presidente de EEUU, Donald Trump, en una reciente comparecencia ante los medios en la Casa Blanca / EP

Tal vez sea admirable que un tendero universal se haya convertido en uno de los hombres más ricos del mundo, pero convertirse en un nuevo rico hortera y exhibicionista resulta levemente ofensivo para los millones de pelagatos que no llegan a final de mes. Ofensivo y potencialmente peligroso, ya que lo sitúa en el objetivo de cualquier perturbado que considere la posibilidad de eliminarlo, como le pasó a aquel presidente de la asociación de mutuas norteamericanas al que le volaron la cabeza hace un tiempo y cuyo asesino acabó haciéndose con una legión de fans maltratados por su respectiva mutua.

El hombre que me enviaba libros, discos y DVD se ha convertido en un ricachón asqueroso y santo patrón de la ostentoriedad que apoya al peor presidente de la historia de su país. Es triste comprobar cómo la ley de Murphy es, prácticamente, la única que se cumple de manera implacable, ¿no creen?