Antoni Gaudí es sinónimo de modernismo, pero no solo eso. El arquitecto de Reus no empezó obsesionado con revolucionar las formas e integrar los elementos naturales en la arquitectura.
El proceso para llegar a algunas de sus obras más conocidas lo hizo pasar por diferentes etapas. Experimentó todo lo que pudo y así fue depurando su estilo.
Así, si sus primeras obras tienen cierto tono orientalista, como bien se ve en la Casa Vicens, a finales de los años 80 y principios de los 90 del siglo XIX Gaudí atravesó una etapa neogótica que fue fundamental en su carrera.
Lejos de ser un mero pastiche historicista, este periodo supuso para el arquitecto un ejercicio de análisis crítico del gótico medieval. Gracias a eso extrajo principios estructurales, depurándolos para adaptarlos a sus necesidades constructivas.
Las influencias
Influido por las teorías de Eugène Viollet-le-Duc, el catalán diseccionó el estilo ojival catalán, balear y castellano. Vio su gran calidad, pero consideró que estaba algo incompleto. Pensó que el uso de contrafuertes y arbotantes eran parches innecesarios para esta corriente.
Alejándose de esos pequeños “errores” que pareció detectar en sus contemporáneos, el neogótico de Gaudí dejó de mirar al pasado para introducir algunas mejoras.
El estilo
El arquitecto apostó por la supresión de la ornamentación superflua, el uso sistemático del arco catenario y superficies regladas que priorizaban la lógica estructural sobre la decoración.
Este enfoque luego se hizo materia y se convirtió en obras emblemáticas que marcan el tránsito entre su fase orientalista y el modernismo orgánico. Y así fue creando colegios, palacios y otros espacios sorprendentes.
La obra modernista de Gaudí, las Teresianes de Ganduxer
Uno de los más característicos es el Colegio de las Teresianas, construido entre 1888 y 1889 y situado en la calle Ganduxer de Barcelona. Esta escuela es uno de los primeros testimonios de esta depuración.
Encargado por las Carmelitas Teresas con un presupuesto austero, acorde al voto de pobreza, Gaudí respondió con un edificio de ladrillo visto, severo en su exterior.
Las Teresianas
La fachada, coronada por almenas que evocan un castillo espiritual en referencia al "Castillo interior" de Santa Teresa, introduce un simbolismo contenido. En el interior luce un pasillo longitudinal articulado por arcos catenarios que no adornan, sino que distribuyen cargas y organizan el espacio.
El salto cualitativo llega con el Palacio Episcopal de Astorga, proyectado en 1889 y construido hasta 1915. Un edificio que le trajo una de sus primeras polémicas.
Astorga
Encargado por el obispo Joan Baptista Grau, este edificio dialoga con la catedral gótica leonesa sin imitarla. Utiliza piedra local en una composición que fusiona referencias medievales con innovaciones propias.
Torres cilíndricas, foso perimetral, pórticos abocinados y bóvedas de crucería conviven con una organización interna racionalizada que elimina dependencias externas. Pero cuando todo parecía avanzar, todo se truncó.
Palacio Episcopal de Astorga
La muerte del obispo hizo que la relación de Gaudí con el arzobispado empeorara y el catalán no pudo acabar el proyecto que había empezado. Aun así, el palacio resume su ambición neogótica: sin excesos decorativos y otorgando lógica estructural a su versión del gótico.
Cerca de allí, en León, la Casa Botines (1891-1894) adapta este lenguaje a un programa mixto de comercio y viviendas.
La Casa Botines
Robustecida con piedra almohadillada, flanqueada por torres y rodeada de un foso simbólico, la construcción presenta agujas de pizarra y ventanas preparadas para la nieve, culminando con la escultura de San Jorge en la fachada.
Se trata de una fortaleza urbana donde el gótico abandona la solemnidad religiosa para volverse práctico y cotidiano, subordinado siempre a la funcionalidad. Algo que mantendría una vez abrazara el modernismo.
Después llegarían obras a medio camino, como las Bodegas Güell en Santa Coloma de Cervelló (1895-1897), que exhiben perfiles agudos y cubiertas vertiginosas que enfatizan la verticalidad.
De vuelta a Barcelona, la Torre Bellesguard (1900-1909) reversiona un antiguo palacio medieval catalán con catenarios y paramentos de piedra viva. De allí sacaría ideas y materiales que después usaría en una de sus primeras creaciones modernistas, el Park Güell, como la piedra desbastada y el trencadís del banco.
Camino al modernismo
Como esa urbanización que se tuvo que quedar en parque, la etapa neogótica de Gaudí también incluye proyectos frustrados o fallidos. Es el caso de las Misiones Católicas Franciscanas de Tánger, de las que solo se conservan unos planos y diseños con torres parabólicas y arcos catenarios que reaparecerían en la Sagrada Familia.
En cualquier caso, este estudio y adaptación del gótico revela ya el talento de Gaudí para entender la arquitectura desde otra perspectiva e incluso proyectarla más allá de sus límites. Así lo hizo a partir de 1900, cuando dejó el neogótico para abrazar el modernismo que lo haría universal.
