La galería de arte catalana que esconde uno de los hospitales más pioneros de Europa, La Capella

La galería de arte catalana que esconde uno de los hospitales más pioneros de Europa, La Capella AYUNTAMIENTO DE BARCELONA

Historia

No lo sabías: la galería de arte catalana que esconde uno de los hospitales más pioneros de Europa (y que da nombre a una calle de Barcelona)

En el mismo lugar donde ahora hay una biblioteca y un teatro antes había una iglesia medieval

Más información: No dejes pasar la oportunidad de visitarla: la fortaleza medieval bendecida por el Papa que es del siglo XI y Bien de Interés Cultural

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Hay calles cuyos nombres desconocemos, especialmente si hacen referencia a figuras históricas. Si llevan el nombre de alguna profesión se puede deducir que allí trabajaba o había muchos negocios de cierto gremio. Otros, muchas veces, no se repara en pensar en por qué se llaman así.

En pleno corazón del Raval, una de las calles neurálgicas de Barcelona, sorprende por su nombre, Hospital. No tiene nada especial a simple vista, la cuestión es que no hay un solo centro hospitalario allí. Ni tan siquiera en el barrio.

Lo que sí hay es un enorme monumental que alberga una iglesia, un teatro, la Biblioteca de Catalunya y, hasta hace poco, una conocida escuela de diseño, la Massana. Y todo en el que fuera uno de los hospitales pioneros de Europa, el Hospital de la Santa Creu.

Apenas puede percibirse que esta iglesia en su día fuera mucho más que un lugar de culto. Lo primero que uno piensa es que seguramente fuera un convento, cuando en realidad fue solo centro espiritual de un gran hospital que en el siglo XV era referente europeo.

Un consorcio único

La historia comienza en 1401, cuando el Consell de Cent y el Cabildo de la Catedral de Barcelona decidieron fusionar los seis hospitales existentes en la ciudad para crear una única gran institución como esta. 

Este nuevo centro unificaba recursos bajo un modelo de cogestión entre poder civil y religioso, con el respaldo de la Corona. Esto lo convirtió en un referente por su eficiencia administrativa, su calidad médica y su labor social.

Fotografía histórica de La Capella

Fotografía histórica de La Capella AYUNTAMIENTO DE BARCELONA

En la Europa medieval, regida por el cristianismo, una muerte digna era fundamental y Santa Creu, la ofrecía gracias al trato que recibían sus pacientes. Como en otros hospitales medievales, el objetivo no era solo curar el cuerpo, sino también asistir el alma.

Los enfermos, pobres y peregrinos eran acogidos como Cristo en persona, en un modelo que mezclaba caridad, espiritualidad y medicina. Y no solo eso, a nivel administrativo, también se daba un mandato tricéfalo. En él participaban el poder civil y el eclesiástico, bajo la protección de la Corona, siendo uno de los primeros centros consorciados del continente.

Cuidado de los enfermos 

Sin duda, el mayor peso lo tenía la iglesia, que fue el corazón espiritual del hospital. Se instaló en uno de los antiguos edificios del desaparecido Hospital d’en Colom, y comenzó a funcionar hacia 1440, tras varias remodelaciones. 

Allí se celebraban misas, se velaban a los muertos, se escuchaban confesiones y se acompañaba a los moribundos hasta el final. Los religiosos se encargaban de ello, y posteriormente enterraban a los fallecidos en la propia iglesia o en el camposanto, situado en lo que hoy son los jardines del Doctor Fleming.

Primeras misas

Pero la función litúrgica de la iglesia no acababa con la muerte. Durante siglos, los devotos legaron donaciones al hospital a cambio de misas perpetuas. Cada mañana, se distribuían listas con las misas a celebrar, y los religiosos, a menudo ayudados por cofradías laicas, dedicaban horas a honrar la memoria de aquellos que un día fueron internos. 

A eso se sumaban las tareas del sacristán, que debía mantener los altares impecables y los cirios encendidos. Y es que la iglesia también fue el templo del barrio. A las cinco de la mañana se oficiaban las primeras misas de Barcelona, a las que acudían viajeros y trabajadores. 

Una iglesia integrada en el barrio

Sus altares eran especialmente venerados, como el del Sant Crist, invocado en rogativas por lluvia desde el siglo XVI. Y sus muros servían de refugio a las personas sin hogar, que aprovechaban la apertura temprana de las puertas para cobijarse y dormir.

Los religiosos también dinamizaban el barrio. Durante la festividad del Corpus, la iglesia era el centro de una procesión protagonizada por los niños huérfanos del hospital --los llamados expósitos--, que salían al exterior acompañados por las figuras tradicionales del bestiario catalán.

Labor de la iglesia y el hospital

La función educativa del hospital también pasaba por la iglesia. Los niños y niñas huérfanos bautizados allí recibían educación diferenciada: ellas ingresaban en el Convent de les Donzelles; ellos eran instruidos en doctrina y gramática antes de aprender un oficio y algunos cantaban en la escolanía.

El crecimiento urbano y demográfico provocó que el hospital se ampliara continuamente entre los siglos XVI y XVIII, al igual que su iglesia. De una nave única, pasó a tener tres naves, siete capillas laterales, nuevos altares y una fachada barroca orientada al Carrer Hospital. 

De hospital a galería de arte

Las obras más destacadas incluyeron un ábside semicircular y una entrada que conectaba directamente con el patio del hospital. El templo se convirtió, además, en un contenedor de artes: desde el retablo gótico de Francesc Vergós II (1443) hasta el desaparecido Santo Sepulcro de Bartolomé Ordóñez (1517) y la fachada barroca de Pere Costa, que junto a las pinturas de Antoni Viladomat, dotaban al conjunto de un gran valor artístico.

Con el traslado del hospital a su nuevo recinto modernista --el Hospital de Sant Pau de Domènech i Montaner-- en 1930, la antigua iglesia quedó desacralizada. Años después, el Ayuntamiento de Barcelona la adquirió y, entre 1947 y 1950, los arquitectos Adolf Florensa y Antoni Falguera impulsaron su rehabilitación. 

Interior de La Capella

Interior de La Capella

Lo hicieron bajo criterios historicistas y eso afectó en buena medida al edificio original. Derribaron las naves laterales y el ábside barroco, y reconstruyeron la iglesia con una estética neomedieval, sacrificando gran parte del patrimonio artístico acumulado.

Una galería muy conocida

Renombrada como La Capella, el espacio es ahora una sala de actos y exposiciones. En sus muros restaurados, se celebraron conciertos, muestras de arte y exposiciones de enorme impacto, como la dedicada a Joan Miró en 1968, Juli González, Josep Guinovart o Francesc Abad.

Desde 1994, La Capella forma parte de la red municipal de espacios culturales de Barcelona y se ha especializado en dar visibilidad al arte emergente. A través de proyectos como BCN Producció, impulsa la creación artística de jóvenes talentos, conectando el legado espiritual y social de la antigua iglesia hospitalaria con las inquietudes del arte contemporáneo.