Patatas hervidas

Patatas hervidas CG

Gastronomía

Los expertos coinciden: "Las patatas hervidas más ricas no mejoran solo con perejil, sino con 2 hojas de laurel, 1 diente de ajo y un poco de sal"

Basta con añadir dos ingredientes habituales al agua de cocción para transformar esta guarnición sin complicar la receta ni recurrir a salsas

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Las patatas hervidas son una de las guarniciones más habituales en cualquier cocina. Sirven para acompañar pescados y carnes, preparar ensaladas o disfrutar con un poco de aceite de oliva. Sin embargo, cuando se cuecen únicamente con agua y sal, pueden resultar bastante sosas.

La solución no consiste necesariamente en añadir más sal cuando ya están servidas. Existe un truco muy sencillo para mejorar su sabor durante la cocción. Solo requiere dos ingredientes que suelen encontrarse en cualquier despensa y que permiten dar un toque diferente a este plato.

Dos ingredientes que marcan la diferencia

El secreto está en incorporar dos hojas de laurel y un diente de ajo al agua donde se cuecen las patatas. Ambos ingredientes desprenden parte de sus aromas durante la cocción y aportan un matiz agradable sin necesidad de preparar sofritos ni añadir salsas.

El laurel es habitual en recetas como las lentejas, los estofados y otros guisos. Su aroma se libera al calentarse en un líquido. En este caso, ayuda a dar personalidad a las patatas, mientras que el ajo incorpora un toque suave que no tiene por qué dominar el resultado.

Cómo preparar las patatas

El primer paso consiste en lavar bien las patatas y decidir si se cocinan con piel o peladas. Ambas opciones son válidas. Si se cortan antes de cocerlas, conviene preparar trozos de tamaño parecido para evitar que unos queden demasiado blandos y otros sigan duros.

Después hay que colocarlas en una olla y cubrirlas con agua fría. Se añade sal, dos hojas de laurel y un diente de ajo ligeramente aplastado. No hace falta picarlo, ya que interesa que desprenda su aroma y que después pueda retirarse fácilmente.

El detalle de la cocción

La olla se pone al fuego y, cuando el agua empieza a hervir, conviene reducir la intensidad para mantener una cocción suave. El tiempo dependerá del tamaño de las patatas. Los trozos medianos pueden estar listos en unos 15 o 20 minutos, aunque las piezas enteras necesitan más tiempo.

Para comprobar si están hechas, basta con pincharlas con un cuchillo o un tenedor. Si entra sin resistencia, pueden escurrirse. Después se retiran el ajo y las hojas de laurel, que ya habrán cumplido su función y no necesitan llegar al plato.

Un error bastante frecuente

Otro aspecto importante es comenzar la cocción con agua fría, en lugar de introducir las patatas directamente en agua hirviendo. Así, la temperatura aumenta progresivamente y resulta más fácil conseguir que se cocinen de manera uniforme.

También conviene vigilar los últimos minutos. Si las patatas van destinadas a un puré, una textura muy tierna no supone un problema. Pero cuando se preparan para una ensalada o como guarnición, cocerlas demasiado puede hacer que se rompan al escurrirlas.

Una guarnición con más posibilidades

Una vez cocidas, las patatas pueden servirse calientes con aceite de oliva virgen extra y una pizca de sal. También pueden acompañar pescado al horno, carne a la plancha o convertirse en la base de una ensalada con otros ingredientes.

La principal ventaja de este método es su sencillez. No exige técnicas especiales ni productos poco habituales. Con un diente de ajo, un par de hojas de laurel y una cocción bien controlada, una guarnición cotidiana puede ganar aroma y resultar mucho más apetecible.