Huevera con huevos

Huevera con huevos CG

Gastronomía

Los expertos coinciden: "Los huevos no se han de guardar en la puerta de la nevera, sino en una zona más interior donde la temperatura es más estable"

El frigorífico tiene un espacio diseñado para ellos, pero las oscilaciones de temperatura obligan a revisar este hábito y otros gestos cotidianos

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La puerta del frigorífico parece el lugar natural para los huevos porque muchos aparatos incorporan allí una huevera. Sin embargo, es una de las zonas más expuestas a cambios de temperatura cada vez que se abre y se cierra.

Estas oscilaciones pueden favorecer la condensación sobre la cáscara. La Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria recuerda que la humedad facilita la multiplicación de microorganismos y puede debilitar las barreras que protegen el interior del huevo.

Una zona más estable

La cáscara es porosa y cuenta con una cutícula protectora. Si esa capa se deteriora, aumenta la posibilidad de que microorganismos presentes en el exterior atraviesen la superficie y contaminen el alimento, entre ellos bacterias como la Salmonella.

Gemma del Caño recomienda colocar los huevos en una balda interior, preferiblemente en la zona media o superior. Beatriz Robles también ha advertido de que huevos y leche no deberían ir en la puerta por las oscilaciones térmicas.

Frío, pero sin vaivenes

La guía más reciente de la Agencia Catalana sitúa el frigorífico entre 1 y 4 ºC y reserva la puerta para bebidas, mermeladas y salsas. Para los huevos aconseja un espacio seco, fresco y separado del resto de alimentos.

Mantenerlos en su envase original ayuda a reducir contactos con otros alimentos y evita trasladarlos a recipientes reutilizables mal higienizados. Además, permite conservar a mano la fecha de consumo preferente y el resto de la información del etiquetado.

Del supermercado a casa

Que los huevos se vendan sin refrigerar no significa que deban quedarse en la despensa. La normativa europea impide, con excepciones limitadas, refrigerar comercialmente los huevos de categoría A por debajo de 5 ºC y exige recomendar su conservación en frío tras la compra.

El objetivo es evitar saltos térmicos durante la distribución. Si pasaran del frío comercial a un ambiente más cálido, podría formarse humedad en la superficie. Una vez en casa, conviene refrigerarlos y sacar solo las unidades que se vayan a utilizar.

El lavado también importa

Otro error es lavar los huevos antes de guardarlos. La Agencia Catalana desaconseja hacerlo porque el agua puede dañar la cutícula y favorecer la entrada de microorganismos. Si una unidad está excepcionalmente sucia, solo debería limpiarse justo antes de cocinarla y evitando salpicaduras.

También conviene desechar huevos agrietados, cascarlos en un recipiente separado y no usar la cáscara para separar clara y yema. Después deben lavarse manos, utensilios y superficies para reducir el riesgo de contaminación cruzada.

La última barrera

La cocción suficiente es una medida decisiva frente a la Salmonella. AESAN establece para determinados usos en restauración tratamientos superiores a 70 ºC durante dos segundos y exige utilizar ovoproductos tratados cuando una elaboración con huevo no vaya a recibir calor suficiente.

Las preparaciones con huevo deben refrigerarse cuanto antes si no se consumen inmediatamente y mantenerse en condiciones adecuadas. La seguridad no depende de un único gesto: temperatura estable, cáscara intacta, higiene y una cocción correcta forman una cadena que empieza al guardar la compra y termina al servir el plato.