Un plato desconocido para la mayoría guarda el secreto definitivo para sobrellevar los días más calurosos del año.
Desde los pueblos de Jaén llega una elaboración que no es ni una ensalada común ni el clásico gazpacho, pero que reúne lo mejor de ambas propuestas.
Esta sopa fría tan especial se posiciona como el descubrimiento del verano para quienes buscan una alternativa ligera, con pocos ingredientes y que promete cambiar la rutina en las mesas estivales.
Una especialidad llena de historia
En la localidad jiennense de Marmolejo se custodia una fórmula culinaria única conocida como cascaflote.
Esta especialidad destaca por no encajar del todo en las categorías tradicionales de la cocina veraniega, ya que se sitúa a medio camino entre una ensalada con cuerpo y la textura de una crema fría.
A diferencia del salmorejo o el gazpacho convencional, esta receta huye del triturado homogéneo e integra un aliño denso y emulsionado que convive con trozos rústicos de tomate y huevo cocido.
De este modo, el plato ofrece un contraste de texturas muy original donde se fusiona lo mejor en un bocado fresco.
Ingredientes para cuatro personas
Para preparar esta especialidad jiennense en casa se necesita 1 kilogramo de tomates maduros, preferiblemente de la variedad pera o de huerta.
La preparación requiere 4 huevos y 200 gramos de miga de pan candeal del día anterior.
La mezcla se adereza con 1 diente de ajo, o la mitad si se busca un matiz más suave. El toque final lo aportan 100 mililitros de aceite de oliva virgen extra, una cucharada de vinagre de Jerez y sal al gusto.
Preparación del cascaflote paso a paso
Para empezar, pon a cocer los 4 huevos durante unos 10 minutos para que la yema quede bien firme. En cuanto estén listos, pásalos por un chorro de agua fría; así los pelarás en un segundo. Después de esto, solo tienes que separar las yemas de las claras.
A continuación, se lavan los tomates y se reserva una cuarta parte, aproximadamente 250 gramos, para trocearlos a cuchillo en piezas muy finas.
Este picadillo se coloca como base en la fuente donde se presentará la sopa fría.
Las claras de huevo se pican también finamente a cuchillo y se mezclan en la misma fuente con el tomate cortado.
Por otro lado, los 750 gramos de tomate restantes se introducen en el vaso de la batidora junto al ajo, la miga de pan, el vinagre, la sal y las cuatro yemas cocidas.
Se tritura todo el conjunto hasta lograr una pasta densa y uniforme. Sin apagar la batidora, se vierte el aceite de oliva virgen extra en un hilo constante para emulsionar la mezcla, logrando una textura muy espesa de tono anaranjado.
Solo queda volcar la mezcla emulsionada en la fuente, justo encima del picadillo de tomate y clara de huevo, y darle un par de vueltas con la cuchara sin marearlo demasiado.
Finalmente, se guarda el plato en el frigorífico un par de horas. Así, el propio jugo del tomate irá aligerando la textura de la crema y lo tendrás a la temperatura perfecta para disfrutarlo.
