Samantha Vallejo-Nágera y calabacines

Samantha Vallejo-Nágera y calabacines CG

Gastronomía

Samantha Vallejo Nágera, chef: "La mejor forma de cocinar el calabacín es hacer una especie de tortilla abierta elaborada a base de 4 huevos batidos"

Su alto contenido en agua y su versatilidad en cocina lo convierten en un básico cotidiano que requiere técnica para sacar todo su sabor

Otras noticias: Marta Verona, chef: "El arroz tres delicias más sabroso no lleva atún, sino 2 huevos, 1 zanahoria picada y 5 lonchas de jamón"

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El calabacín nunca ha necesitado grandes campañas para instalarse en la cocina diaria. Su presencia discreta en fruterías y mercados contrasta con el peso real que tiene en muchas recetas habituales. Desde una crema ligera hasta una tortilla o unas verduras rellenas, esta hortaliza se ha convertido en un recurso frecuente por su sabor suave, su facilidad de preparación y su capacidad para combinar con casi cualquier ingrediente.

Buena parte de su éxito está en esa aparente neutralidad. El calabacín funciona como acompañamiento, pero también como base principal de muchos platos. Además, su elevado contenido en agua y su bajo aporte calórico lo convierten en un producto habitual en dietas ligeras y en elaboraciones sencillas. Diversas bases nutricionales, como la española BEDCA, destacan precisamente su riqueza en agua, potasio y vitamina C.

La importancia de la textura

El gran enemigo del calabacín es el exceso de cocción. Cuando pasa demasiado tiempo al fuego pierde firmeza y acaba convertido en una mezcla blanda y acuosa. Por eso, muchos cocineros recomiendan un paso previo sencillo: salar ligeramente las rodajas o láminas y dejarlas reposar unos minutos antes de secarlas bien. Ese gesto ayuda a expulsar parte del agua y concentra mejor el sabor.

Los cortes también condicionan el resultado final. Las láminas finas funcionan especialmente bien a la plancha o salteadas a fuego fuerte, mientras que las mitades vaciadas permiten rellenos más largos sin que la pieza se deshaga. Incluso en crudo mantiene interés gastronómico. En tiras muy finas o en espiral conserva una textura crujiente que admite aliños cítricos, quesos curados o hierbas frescas.

De la crema a la tortilla

En España, el calabacín aparece cada vez más en recetas cotidianas. Las cremas suaves siguen siendo una de las preparaciones más extendidas, tanto calientes como frías. Normalmente basta con cebolla, ajo, caldo y un pequeño toque lácteo para conseguir una textura cremosa y un sabor equilibrado sin necesidad de demasiados ingredientes.

La tortilla de calabacín también ha ganado protagonismo en los últimos años. En muchos hogares sustituye parte de la patata y aporta un resultado más ligero, menos pesado y con un dulzor más suave. Esa adaptación mantiene la lógica de la tortilla tradicional, pero ofrece una versión distinta que encaja mejor en comidas rápidas o cenas sencillas.

Influencia mediterránea

Otra de las preparaciones que más se ha extendido es el calabacín relleno. Carne picada, pescado, arroz o verduras sirven como relleno para una receta que conecta directamente con la tradición mediterránea de las hortalizas al horno. El calabacín soporta bien temperaturas largas y conserva cierta firmeza si se controla el tiempo de cocción.

También ha encontrado espacio la frittata italiana, una elaboración a medio camino entre la tortilla y el revuelto cuajado al horno. El calabacín salteado combina especialmente bien con el huevo y permite añadir quesos, cebolla o hierbas aromáticas sin perder protagonismo. Esa influencia italiana ha terminado por integrarse con naturalidad en muchas cocinas españolas.

Aunque rara vez protagonice grandes debates gastronómicos, el calabacín sigue demostrando una virtud cada vez más apreciada: la capacidad de adaptarse a casi cualquier receta sin imponerse. Una hortaliza silenciosa, pero imprescindible en buena parte del recetario contemporáneo.

Receta de la fritatta

Esta es la receta de la fritatta de Samantha Vallejo-Nágera:

Ingredientes

  • Calabacines, 2
  • Cebollas, 2
  • Huevos, 4
  • Yogur natural, 1 cucharada
  • Jamón York, 2 lonchas
  • Queso mozzarella, 4 lonchas
  • Aceite de oliva, al gusto
  • Sal, 1 cucharada

Paso 1

Lava los calabacines y córtalos en rodajas.

Paso 2

En una bandeja de horno, coloca papel de horno y extiende por encima los calabacines cortados. Agrega, sal, aceite y pimienta negra y mételos en el horno a 200 grados durante 20 minutos.

Paso 3

Mientras, corta la cebolla en juliana. Luego calienta aceite a fuego alto en una sartén, y echa la cebolla cortada para que se caramelice.

Paso 4

En un bol bate los huevos y añade la cebolla bien caramelizada, el yogur, y los calabacines ya cocinados. Mezcla todo.

Paso 5

En un recipiente apto para horno, vierte la mitad de la mezcla, añade el jamón York y dos lonchas de queso y luego completa con el resto de la mezcla por encima.

Paso 6

Mételo al horno durante 15-25 minutos a 200 grados. Cuando termine, pon por encima las otras dos lonchas de queso mozzarella restantes y gratínalas. Y listo.