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Gastronomía

Los chefs asiáticos coinciden: el mejor arroz para cocinar en arrocera no es el basmati ni el largo tipo índica

El método sencillo que transforma este plato cotidiano en una elaboración perfecta

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El arroz es uno de los pilares de la alimentación mundial, presente en la mesa de más de la mitad de la población según estimaciones de la FAO. Su valor no es solo nutricional, también cultural. En países como China, su presencia diaria estructura comidas completas, donde no acompaña, sino que sostiene el conjunto del plato. Es, en muchos sentidos, el equivalente funcional del pan en Europa.

Su papel básico no explica por sí solo la diferencia de resultados. En casa, el arroz suele salir irregular, a veces pasado, otras seco o apelmazado. En cambio, en un restaurante chino, el grano aparece suelto, brillante y uniforme. Esa diferencia no depende únicamente de la mano del cocinero, sino de un conjunto de factores donde la técnica y la constancia del proceso resultan decisivas.

En la cocina profesional asiática, la clave más determinante es la olla arrocera eléctrica, un dispositivo desarrollado en Japón en los años cincuenta. Este aparato permitió automatizar la cocción del arroz con una precisión difícil de replicar en fogones domésticos. Su funcionamiento se basa en un sistema interno que regula la temperatura de forma constante y evita la sobrecocción.

El control invisible del grano

El éxito de este método reside en la automatización del calor. Un sensor detecta cuándo el agua se ha absorbido por completo y activa un modo de mantenimiento en caliente, que conserva el arroz sin alterar su textura. Este control evita errores habituales como el exceso de cocción o la evaporación desigual, dos problemas frecuentes en la cocina doméstica tradicional.

La importancia del agua en proporción exacta es fundamental. No se trata de ingredientes secretos ni de técnicas complejas, sino de equilibrio. La cocción se estabiliza cuando el grano absorbe el líquido necesario sin romper su estructura, algo que el sistema automático de estas ollas regula con gran precisión, reduciendo la intervención humana.

Variedades que marcan la textura

No todo el arroz se comporta igual. En la cocina china se utilizan principalmente variedades de tipo japónica, como el Calrose o el Koshihikari, que contienen una proporción adecuada de amilopectina, responsable de la ligera cohesión del grano. Esta característica permite que el arroz se mantenga unido sin convertirse en una masa compacta.

En España, el arroz redondo ofrece un comportamiento similar y se adapta bien a este tipo de cocción. En cambio, variedades como el basmati o el arroz largo tipo índica presentan menos almidón adherente, lo que provoca un resultado más seco y separado, menos adecuado para la estética y textura buscadas en la cocina china.

Entre tradición y tecnología

Según la FAO, el arroz sigue siendo el cereal más consumido del planeta, mientras que el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España (MAPA) destaca su versatilidad en la dieta mediterránea. Por su parte, el Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca de Japón (MAFF) subraya la importancia de la estandarización del grano en la cocina doméstica. Estas fuentes coinciden en un punto clave: la tecnología culinaria ha transformado la forma de cocinar este alimento básico.

El resultado final no depende de secretos ocultos ni de ingredientes exóticos. La diferencia entre un arroz doméstico y uno de restaurante reside en la precisión del proceso, la elección adecuada del grano y el control del agua y el calor. En ese equilibrio sencillo se encuentra el motivo por el que un alimento tan común puede convertirse en una experiencia completamente distinta.

Receta de arroz

Arroz, 2 tazas

Agua, 2,5 tazas

Pon el arroz en un bol amplio y cúbrelo con agua fría. Remueve con la mano durante unos segundos y escurre. Repite el proceso tres o cuatro veces hasta que el agua salga prácticamente transparente.

Deja el arroz en un colador fino durante un par de minutos para que suelte el agua sobrante. Pon el arroz lavado y escurrido en la cubeta de la olla y añade el agua en la proporción indicada. No añadas sal, aceite ni ningún otro ingrediente.

Cierra la tapa y pulsa el botón de cocción. La olla se encargará de todo. Según el modelo, tardará entre 15 y 20 minutos. Cuando la olla cambie al modo de mantenimiento, no abras la tapa. Deja reposar el arroz durante 10 minutos.

Abre la tapa y remueve el arroz con suavidad, utilizando una pala de arroz -muchas arroceras traen una- o un tenedor, para separar los granos sin aplastarlos. Sirve de inmediato.