Jordi Cruz y puré de patatas

Jordi Cruz y puré de patatas CG

Gastronomía

Jordi Cruz, chef: "El mejor puré de patatas no se hace con una batidora eléctrica, sino con un pasapuré para lograr una mejor textura"

Claves y errores que marcan la diferencia en una receta aparentemente sencilla, pero muy sabrosa

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Pocas guarniciones tienen la capacidad de transformar un plato como un buen puré de patatas cremoso. Desde carnes a pescados, su presencia aporta suavidad, equilibrio y profundidad. Sin embargo, detrás de esta aparente sencillez se esconden detalles técnicos que marcan la diferencia entre un resultado excelente y uno fallido.

El chef Jordi Cruz ha recordado recientemente, a través de sus redes sociales, cuáles son los errores más comunes al preparar esta receta. Sus indicaciones coinciden con las recomendaciones de expertos culinarios y organismos como el Ministerio de Agricultura de España, que subraya la importancia de la materia prima y la técnica en elaboraciones básicas.

El error de las cuchillas

Uno de los fallos más habituales es recurrir a batidoras eléctricas o robots de cocina. Según Cruz, el uso de cuchillas provoca la liberación excesiva de almidón, lo que genera una textura elástica y poco agradable. Este fenómeno está ampliamente documentado en estudios sobre el comportamiento del almidón, como los recogidos por la FAO en sus informes sobre tubérculos.

El resultado de triturar la patata a gran velocidad es una masa pegajosa y densa, alejada de la ligereza que se busca. La recomendación es clara: trabajar la patata de forma manual con herramientas como prensapatatas o pasapurés, que permiten controlar la textura sin alterar su estructura.

Textura y sabor en juego

Otro aspecto que el chef desaconseja es el uso de copos de patata deshidratados. Aunque son prácticos, pierden parte del sabor natural y la textura original durante su procesamiento. Esta pérdida de propiedades organolépticos ha sido señalada también por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESAN) en sus evaluaciones sobre productos procesados.

Además, Cruz descarta utilizar patatas cocidas del día anterior. Aunque el almidón resistente puede aportar beneficios nutricionales, no es adecuado para conseguir un puré fino. La patata pierde parte de su capacidad de emulsión, lo que afecta directamente al resultado final.

La cocción marca la diferencia

El segundo gran pilar de un buen puré está en la cocción de la patata. Los expertos coinciden en que debe cocerse entera y con piel, evitando así que absorba un exceso de agua. Este método preserva mejor el sabor y mantiene una textura más seca y manejable.

Cocer la patata troceada, aunque más rápido, provoca una mayor absorción de líquido, lo que dificulta obtener un puré cremoso sin añadir demasiados lácteos. La técnica tradicional, respaldada por cocineros profesionales, sigue siendo la más eficaz.

Elegir bien la variedad

No todas las patatas son iguales. Jordi Cruz señala variedades como la Yukon Gold, Russet o Ratte, conocidas por su equilibrio entre almidón y humedad. Estas características permiten lograr un puré más esponjoso y uniforme.

En el contexto español, donde estas variedades no siempre están disponibles, se recomiendan alternativas como la Kennebec o la Monalisa. Ambas ofrecen una buena respuesta en cocina y están avaladas por estudios del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA), que analiza el comportamiento culinario de distintas variedades.

Un cierre que define el plato

El puré de patatas, lejos de ser una simple guarnición, es una elaboración que exige precisión, conocimiento y respeto por el producto. Evitar errores básicos y aplicar técnicas adecuadas permite elevar su calidad de forma notable.

Dominar este clásico no solo mejora un plato, sino que demuestra un entendimiento profundo de la cocina esencial. Porque, en gastronomía, son precisamente las recetas más simples las que mejor reflejan la técnica.

Receta del puré

Esta es la receta del puré de Jordi Cruz:

Patatas (Monalisa, Kennebec...), 500 g

Leche entera, 100 ml

Mantequilla, 50 g

Sal, 6 g

Pimienta negra, 1-2 g

Colocamos las patatas enteras y sin pelar en una olla con abundante agua y un poco de sal. Se dejan cocer durante aproximadamente 45 minutos, hasta que al pincharlas no ofrezcan resistencia.

Una vez cocidas, se retiran del agua y se dejan templar ligeramente. Después, se pelan con cuidado para no perder parte de la pulpa. Con ayuda de un pasapurés o un tenedor, se aplasta la patata hasta conseguir una textura fina, eliminando prácticamente todos los grumos.

A continuación, se calienta la leche junto con la mantequilla, la sal y la pimienta. Se incorpora la patata chafada y se remueve de forma constante a fuego suave hasta lograr una mezcla cremosa y emulsionada.

Si se busca un acabado más fino, el puré puede pasarse por un colador o cedazo. En cambio, para una textura más rústica, se puede dejar tal cual. Cuando el puré recupere un ligero hervor, se retira del fuego y se sirve de inmediato como guarnición, manteniendo todo su sabor y textura.