La llegada de las patatas chips a España supuso un auténtico punto de inflexión en la historia de la gastronomía popular urbana. El invento, originario de Francia, entró en el país por Barcelona y terminó convirtiéndose en el salvavidas económico de un establecimiento pionero: el bar American Soda.
Este local, abierto entre 1910 y 2022 en el número 2 de la calle de Sant Pau, fue el primero en servirlas de forma regular y en convertirlas en un fenómeno de consumo masivo.
Bar American Soda
El American Soda fue la tercera aventura empresarial de Esteve Sala. Aunque su nombre evocaba el imaginario estadounidense, el local destacaba por una fachada modernista que todavía se conserva: tres plafones con ninfas pintadas siguen presidiendo el espacio. Hoy, está ocupado por el restaurante libanés Hummus and Company, tras haber albergado anteriormente Aromas de Estambul.
Tal y como afirmaba el hijo de Esteve Sala en una entrevista publicada en La Vanguardia el 12 de julio de 1987, su padre quiso ofrecer a Barcelona su primer bar de estilo americano.
Allí se popularizó el aperitivo y fue también el primer local en abrir las 24 horas. Sin embargo, ese planteamiento innovador no resultó rentable, en un primer momento, y los números no cuadraban.
El descubrimiento de las patatas
La solución llegó tras un viaje a Francia. Durante esa estancia, Sala descubrió las patatas chips gracias a la confesión de un maître, que atribuía su éxito a una supuesta máquina especial.
La realidad era mucho más sencilla: un simple rallador de patatas que podía comprarse en cualquier ferretería por unos pocos francos. Sala adquirió varios, los instaló en su bar y comenzó a freír patatas finísimas que tuvieron un éxito inmediato. La acogida fue tan espectacular que llegaron a servirse hasta 200 kilos diarios de patatas chips recién hechas.
Patatas chips
Otras joyas gastronómicas
No era la primera vez que Esteve Sala introducía novedades gastronómicas en Barcelona. En el antiguo quiosco del ayuntamiento ya había innovado mezclando el agua de la fuente de Canaletas con horchata, anís o azúcar.
Más tarde, en el quiosco diseñado por Antonio Utrillo, apostó por ofrecer sodas de inspiración norteamericana elaboradas con jarabes y sifón, adelantándose a las modas que llegarían décadas después.
En la actualidad
Hoy en día, son pocos los establecimientos de Barcelona que mantienen viva la tradición de servir patatas chips recién fritas. Uno de ellos es el restaurante y coctelería Belvedere, que desde su apertura en 1995 las ofrece como acompañamiento con cada consumición.
Su propietario, el bartender Ginés Navarro, explica que ya las preparaba en su anterior proyecto, el bar Seltz, inspirado en los bares de barrio donde las patatas chips se servían en pequeñas bolsas. Para él, ofrecerlas recién hechas marcaba la diferencia, sorprendía al cliente y reforzaba la experiencia del aperitivo. Una costumbre que heredó de su padre.
Origen estadounidense
El origen histórico de las patatas chips se sitúa en Estados Unidos y está rodeado de leyendas. Una de las más conocidas atribuye su invención al cocinero George Crum, del restaurante Moon’s Lake House, fundado en 1853 en el estado de Nueva York.
Diversos estudios señalan que ya aparecían en libros de cocina estadounidenses desde 1824 y que, incluso, se servían en el mismo restaurante antes de la llegada de Crum; tanto como acompañamiento de carnes y caza como en cucuruchos de papel.
Patatas en España
En España, muchas de las grandes marcas de patatas fritas de bolsa nacieron de pequeños negocios artesanos.
La empresa valenciana Vicente Vidal comenzó su andadura en 1931 como un modesto puesto de churros y patatas antes de transformarse en una gran industria en 1978.
Algo similar ocurrió con la sevillana Los Rosales, surgida en 1971 a partir de un despacho desde el que se repartían cartuchos y bolsas por pueblos y ferias.
Con el aumento de la demanda, la mecanización fue inevitable. El caso más internacional es el de Bonilla a la Vista, nacida en 1932 como una churrería en Ferrol y convertida hoy en una marca global, reconocible incluso en el cine gracias a sus icónicas latas vistas en películas como Parásitos (2019).
