El obrador Cal Jan, ubicado en Torredembarra, ha sido reconocido como la mejor pastelería del Camp de Tarragona y las Terres de l’Ebre tras alzarse con la Fava d’Or 2026, uno de los premios más valorados del sector pastelero en Cataluña.
Además, la obtención de la Fava de Cacau confirma su presencia entre las 50 pastelerías más destacadas del país durante este año.
La distinción se entregó en Sant Vicenç dels Horts, durante la gala celebrada en el marco de la Muestra Internacional de Pastelería --una cita de referencia que congrega a profesionales y maestros del ámbito dulce--.
El jurado destacó, especialmente, la excelencia del producto, el alto nivel técnico y una evolución sólida basada en el equilibrio entre artesanía e innovación.
Este nuevo galardón refuerza una trayectoria de prestigio que ha situado al obrador de Torredembarra en el panorama internacional.
En su historial figuran reconocimientos como el premio al mejor panettone de chocolate de España en 2021 y 2025, el subcampeonato mundial de esta especialidad en 2023 y un tercer puesto mundial en la categoría de panettone clásico ese mismo año.
La pastelería de Tarragona
Pastisseria Cal Jan es una pastelería artesanal fundada en 2012 en Torredembarra. El proyecto nace cuando los hermanos Siscu y Jordi deciden emprender un negocio propio en plena crisis económica, combinando sus trabajos semanales con fines de semana intensos en el negocio familiar.
Con el tiempo, se sumaron a la iniciativa Rafel y Adrià, quienes desarrollaron una verdadera vocación por la pastelería y ampliaron el alcance del proyecto. El nombre 'Cal Jan' se refiere al renombre local de la familia de los fundadores, reconocido en el municipio desde generaciones atrás.
La identidad de la misma se fundamenta en la tradición repostera del Tarragonès combinada con un enfoque moderno e innovador. Desde sus inicios, el equipo ha buscado rescatar y reinterpretar la tradición pastelera local en un contexto contemporáneo, generando productos tanto clásicos como creativos.
Ir a una pastelería
Ir a las pastelerías nos gusta porque activan una experiencia emocional que va mucho más allá de comprar un dulce. Son espacios donde el olor a mantequilla, cacao o azúcar tostado despierta recuerdos de infancia, celebraciones familiares y momentos felices.
Es una forma de placer inmediato y accesible: entrar, mirar los escaparates, elegir con calma y regalarse algo especial. Hecho que genera una sensación de recompensa y bienestar que conecta con lo sensorial y lo afectivo al mismo tiempo.
Además, representan artesanía, tiempo y cuidado en un mundo cada vez más rápido. Nos atrae ver el trabajo bien hecho, la creatividad en las formas, los colores y los sabores; y saber que detrás de cada pieza hay técnica, tradición y pasión.
Qué ver en Torredembarra
Por un lado, Torredembarra destaca por su entorno natural y marítimo, que es la razón principal por la que muchos visitantes vienen y se quedan con una sensación tan positiva.
Sus playas de arena fina y aguas claras, como la de La Paella o El Canyadell, ofrecen amplios espacios para relajarse, tomar el sol o hacer actividades acuáticas en la Costa Dorada.
Además, los acantilados de El Roquer y las rutas naturales añaden variedad de paisajes costeros que combinan mar y naturaleza en un mismo destino.
Por otro lado, la localidad también tiene un rico patrimonio histórico y urbano que contrasta con su oferta de playa. En el casco antiguo se encuentran monumentos como la Parroquia de Sant Pere, la Torre de la Vila o restos de murallas medievales, así como edificios con valor histórico que hablan de sus orígenes como pueblo marinero y centro agrícola.
El Faro de Torredembarra, moderno, pero emblemático, se ha convertido en un icono visual que atrae a quienes buscan puntos panorámicos o fotografía. Estos elementos culturales y arquitectónicos amplían el atractivo de la ciudad más allá del ocio de sol y playa, ofreciendo también motivos para exploraciones más tranquilas y culturales.
