Dentro del recetario tradicional del Valle de Arán, la truhada ocupa un lugar destacado como uno de los platos más sencillos y reconfortantes de la cocina de montaña. Se trata de un puré rústico de patatas cuyo origen se remonta a la cocina familiar de subsistencia, cuando este tubérculo era un recurso barato, abundante y fácil de obtener en el entorno rural.
Las familias agrícolas y ganaderas supieron sacarle partido con elaboraciones básicas pero nutritivas, y así la truhada logró perdurar con el paso del tiempo gracias a su practicidad y a su sabor.
El término 'truhada', por su parte, carece de un origen etimológico documentado. No obstante, todo apunta a que podría estar vinculado a la acción de machacar o triturar, en referencia directa al proceso de aplastar las patatas hasta obtener ese puré de textura tosca. Se trata de una denominación tradicional transmitida oralmente de generación en generación, sin cambios significativos a lo largo de los años.
Receta de la truhada
Se prepara con patatas, agua, sal y leche, generalmente entera, y se cuecen las patatas hasta que estén tiernas, se retira el agua y se añade leche caliente para cocer unos minutos más. Finalmente, se machacan con tenedor hasta lograr una textura homogénea y sin grumos.
Aunque su elaboración es muy básica, el resultado es jugoso y sabroso, y desempeña tanto una función de plato principal como de acompañamiento en la mesa aranesa. En algunos hogares se cuece todo en la misma olla y se machaca directamente allí, lo que le confiere un carácter aún más casero. Este modo de preparar también contribuye a su jugosidad característica.
La truhada suele servirse como guarnición de platos contundentes típicos del valle, como el civet de jabalí, el confit de pato o guisos de caza, o bien como plato único en comidas caseras y menús tradicionales.
Truhada
Propiedades de la patata
Nutricionalmente, la patata se caracteriza principalmente por su contenido en hidratos de carbono complejos, representados sobre todo por almidón, que proporcionan energía de liberación sostenida con bajo contenido graso y casi sin colesterol.
Son una fuente relevante de potasio, un mineral esencial para la regulación de la presión arterial, el equilibrio de líquidos y la función muscular y nerviosa, con niveles incluso superiores a los de alimentos tradicionalmente asociados a este mineral.
También, aportan vitamina C, un antioxidante importante para la función inmune y la protección frente al estrés oxidativo, y vitamina B6 implicada en el metabolismo energético y la formación de neurotransmisores.
Otros minerales presentes incluyen magnesio, fósforo, hierro y calcio, junto con compuestos antioxidantes como polifenoles y carotenoides, cuya concentración varía según la variedad y el color del tubérculo. Estos fitoquímicos pueden contribuir a la reducción de procesos inflamatorios y a la protección celular frente al daño oxidativo.
Patatas
La composición nutricional de la patata varía según la variedad, el cultivo y la preparación, pero su perfil general —rico en carbohidratos complejos, fibra, vitaminas y minerales— está bien documentado en estudios de nutrición y bases de datos alimentarias. Es decir, no se trata de “calorías vacías”, como a veces se cree, sino de un alimento con aportes significativos de micronutrientes cuando se cocina de forma saludable (hervida, al horno o al vapor y, preferiblemente, con piel).
