Silvia Intxaurrondo, presentadora de TVE

Silvia Intxaurrondo, presentadora de TVE

Examen a los protagonistas

Silvia Intxaurrondo

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La voz de su amo

Medrar en el oficio periodístico mediante una actitud servilmente entusiasta hacia el gobernante de turno es un clásico en la prensa de todo el mundo. Pero, para asegurarse su eficacia y brillantez, ese gobernante debe entender que los discutibles servicios del sicofante de turno no le van a salir baratos. Si quieres que por la tele digan que eres el mejor y el más guapo, vas a tener que apoquinar. Pero tranquilo, pues se trata de dinero público, ese que no es de nadie, y no va a afectar a tu cartera.

Véase el caso de Silvia Intxaurrondo (Baracaldo, 1979), presidenta honoraria del club de fans de Pedro Sánchez a la que TVE tuvo el descaro de bajarle el sueldo como presentadora de un programa teóricamente informativo, cediendo, supongo, a los tiquismiquis del ente, escandalizados ante la pasta que le sacaba mensualmente la buena señora.

Intuyo que no se produjo la llamada de Pedro, sosteniendo que son tiempos duros y todos nos hemos de apretar el cinturón un poquito (aunque no sé si hubiese servido de nada: la pela es la pela), ya que Silvia demandó a TVE, se salió con la suya hace unos días y ya ha recuperado su cuarto de kilo anual. Me alegro por ella.

Y me alegro porque el oficio de admirador con derecho a mentir por el jefe debería estar siempre convenientemente remunerado. Más que nada, porque cuando el admirado político es derrotado en las urnas, la vida del sicofante experimenta una transformación monstruosa para la que más vale estar preparado financieramente. Y cuando te has distinguido por saltarte las leyes de tu oficio para lucrarte, es comprensible que no se acumulen las ofertas de trabajo en tus horas más oscuras.

Pero, de momento, todo va bien. Recuperados los 250.000 euros anuales por parte de la sicofante. Recuperado el cuidadoso cepillado de su traje y Su Persona por el político permanentemente ensalzado. No entiendo cómo Pedro, que todo lo ve y todo lo controla, se ha dejado meter semejante gol por unos astrosos sindicalistas del ente, pero el error lo ha reparado esa justicia que, según Sánchez, la tiene tomada con él y sus amiguitos. La fidelidad política se paga. Y no es barata.