Pila verde a Elliot Tuttle
Sobre el papel, Aaron y Hank, los protagonistas de Blue film, el primer largometraje (hay uno anterior, de 2020 y de una duración de poco más de una hora, The steps, que nadie ha visto) del británico Elliot Tuttle, son dos sujetos despreciables, dos piltrafas del arroyo, como los habría definido la banda de Makoki.
Aaron es lo que se conoce como un camboy, es decir, un chaval que practica la prostitución homosexual desde su propio canal de televisión, ya sea captando clientes para encuentros en directo, o haciendo a cámara lo que le pidan.
Hank es un profesor jubilado (a la fuerza) que fue condenado a siete años de cárcel por intentar malmeter a uno de sus alumnos y que ahora, a una edad avanzada, sobrevive como reponedor en un supermercado de su pueblo, donde los que aún lo recuerdan no le dirigen la palabra.
Hank se encapricha con Aaron y le ofrece 50.000 dólares, todos sus ahorros, por pasar una noche con él en una casa alquilada de Los Ángeles.
Y en eso consiste Blue film, rodada en 2024 durante doce días, con un presupuesto mínimo, y fuente de problemas para su guionista y director, el señor Tuttle, que ha visto cómo le rechazaban su película en Sundance y otros importantes festivales de cine independiente, hasta llegar al Atlántida Film Festival de Mallorca y a la plataforma Filmin, donde puede verse desde el 7 de agosto.
Los aficionados al cine de acción se la pueden saltar tranquilamente, ya que Blue film solo ofrece una larga conversación entre dos homosexuales cargados de traumas a los que, en el fondo, no les gusta nada ser como son (parte del colectivo LGBTI también se opuso a la película por considerar que relacionaba homosexualidad con pedofilia, lo que no es el caso).
Blue film busca la humanidad en dos sujetos que aparentemente carecen de ella y la encuentra gracias a un guion brillante y elaborado a través del cual, entre piques, desprecios e inevitables complicidades, Aaron y Hank se van acercando y accediendo cada uno a la penosa vida del otro, desprendiéndose poco a poco de su respectivo personaje y revelándose su auténtica y deprimente naturaleza.
A los 12 años, Aaron fue el gran amor de Hank, su profesor de literatura, quien, para no mancharlo con su perversión, la tomó con otro alumno. Ya mayor, Hank considera que puede confesárselo todo a Aaron y disfrutar por última vez de su compañía, no necesariamente sexual, a cambio de todos sus ahorros.
Pese a las acusaciones, Blue film no defiende ni justifica la pedofilia, que horroriza por igual a sus protagonistas, Kieron Moore (Aaron) y Reed Birney (Hank), dos actores en estado de gracia que tiran para adelante esta historia sórdida e incómoda que encuentra al final una suerte de redención (oblicua, pero redención a la postre).
Curiosamente, la película tiene un enfoque metafísico y casi religioso sobre la culpa y el horror de ser como se es, algo que Hank no entiende, aunque ahora sea un miembro muy activo de la parroquia local.
Estamos, pues, ante una historia que no es para todo el mundo, pero que convierte a su autor en un peculiar humanista que sigue el consejo de Jesús: “No juzguéis y no seréis juzgados”.