Pila roja para Sílvia Orriols

Pila roja para Sílvia Orriols

Examen a los protagonistas

Sílvia Orriols

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La hija es la mejor

Cuando no vive atormentada por los moros y la subrepticia implantación del Califato en su querida Cataluña, Sílvia Orriols i Serra, alcaldesa de Ripoll (Vic, 1984), practica el nepotismo como cualquier político tradicional (y cada hijo de vecino en España, incluyendo Cataluña: aquí no hay hecho diferencial que valga).

Por eso acaba de darle un puesto a su hija Guinadell (todos sus vástagos ostentan nombres medievales: los hermanos de Guinadell atienden por Queralt, Violant, Peronella -la única con ese nombre en toda España- y Fortià) en la policía local, cargo al que se presentaba más gente, pero que el tribunal puesto a dedo por la matamoros de Ripoll otorgó sin dudarlo a la hija de la señora alcaldesa del municipio.

Ella, claro está, lo niega de manera tajante. Como ha dejado por escrito (traduzco del catalán y añado alguna coma, espero que no se ofenda): “Si quisiera enchufar a mi hija, la colocaría en un despacho, no en la calle, combatiendo a delincuentes, borrachos y terroristas. Pero sois tan cortos y tenéis tantas ganas de derribarme que no razonáis”.

O sea, que Guinadell Orriols (el apellido de su padre, David Subirana, ha sido intercambiado por el de la madre en una muestra de feminismo medieval admirable) era la mejor para el puesto y no hay más que hablar.

Bastante sufre la pobre mujer pensando en la chusma que se va a encontrar su niña por las calles de Ripoll (es posible que se tope, Dios no lo quiera, con un moro o un español cómplice del Califato). Si ya lo dice ella: nuestro problema es que no razonamos.

O lo hacemos de una manera que no responde a sus intereses. Recordemos el chiste del pato: si parece un pato, anda como un pato y grazna como un pato, lo más probable es que se trate de un pato.

Lo cual, en el caso que nos ocupa, quedaría más o menos así: si el tribunal lo ha puesto a dedo Sílvia Orriols, si Sílvia Orriols es la alcaldesa del pueblo (por lo menos, hasta que los buenos catalanes le permitan acceder a la presidencia de la Generalitat: ¡tiembla, Illa!) y si en ese pueblo funciona todo a golpe de pito, lo más probable es que lo del cargo de Guinadell Orriols sea una alcaldada, cacicada o como queramos llamarlo.

Y lo de colocar a la niña en la policía local no parece el mejor movimiento estratégico para que los votantes te consideren una nueva clase de política, por mucho que insistas en ello.

Lo que todo el mundo está viendo es que, antes de acceder a tus más altas funciones, ya te estás comportando como cualquier político de toda la vida de Dios. Lo que permite pensar que, si con el escaso poder del que dispones, ya te comportas así, ¿qué cabría esperar si progresaras adecuadamente.